CAPITULO 20
REGALO DE NAVIDAD
Aquella mañana desperté de buen humor, aunque tarde, pues me había acostado como a las dos de la mañana por ayudar a mi hija adolescente a empaquetar sus regalos de Navidad. Es un lío hacer estas cosas a última hora, y esto es precisamente lo que ella hace siempre. En esta ocasión yo pagué el pato y me desvelé. Pero aproveché para escribir algunas palabras en las tarjetas que enviaría a unos pocos amigos, y aprovechando su papel de regalo, también empaqueté mis propios regalos que no había enviado a tiempo; sólo dos.
* * *
Me levanté con los párpados macurcados, y después de tomar un desayuno al paso, salí de prisa para llevar al correo el paquete principal, que había envuelto con un papel de vistosas rosas rosadas con gruesas gotas de agua salpicadas sobre sus pétalos. Un costado del paquete dejé abierto, para que su contenido fuera visto por la gente de la aduana, sin tener que romper el papel de regalo.
Este paquete iría lejos, muy lejos; y anhelaba que llegara a su destino sin el menor rasguño. Su cubierta exterior y la dirección serían detalles a ultimar en la oficina del correo central, después de su inspección. Por eso llevé en mi mochila un sobre de manila grande y reforzado, un frasco de goma y un plumón nuevo para escribir con claridad la dirección.
Pero antes de tomar el taxi, se me ocurrió ver a mi amigo. . . Tú lo conoces bien. . . Se las da de “American” y de que habla inglés (cancha con mote).
Quizás él me pudiera acompañar al correo central y hacer más placentera mi jornada. O más aburrida, como a menudo suele suceder. Sería también la ocasión para darle el regalito que me insinuó para su noche de intercambio de regalos, a la cual yo no tenía intención de asistir. Lo tomé de la mesa y lo guardé en mi mochila. Al final tomé el ramo de flores y lo acomodé tiernamente en mi brazo izquierdo. Y en mi mano derecha llevé el paquete que enviaría lejos, muy lejos, a un lugar más distante que las estrellas.
* * *
Tal como lo esperaba, a poca distancia de la casa me encontré con él, que venía sonriente a mi encuentro.Y no pude ir al correo en la mañana porque él traía en mente otras cosas que hacer juntos y muchos temas de qué conversar.
Sin prestar atención a mis palabras, me tomó del antebrazo tratando de no rozar el hermoso ramo de flores, al cual miró de reojo, y me dijo:
Qué te parece si antes de ir a donde estás yendo, nos damos un saltito para ver cómo están adornando la plazuela para la Navidad? De paso, me hablas de aquel plan del que tanto querías hablarme. De veras me ha intrigado ese tu plan! Por eso he venido a buscarte.
Repetía maliciosamente las palabras “plan”, “plancito”, “ese tu plan”.
* * *
Mientras caminamos le hablo:
Okey, George. Existe un plan relativo a la liberación de la humanidad, y llevarlo a cabo ha sido y es la misión más grande de la historia. Acerca de este plan el 99 por ciento de la gente nunca ha oído nada, o han oído de manera tan fragmentaria que equivale a nada. Esa es la razón para que yo haya escrito el libro.
Cuál libro, ché?
Te dije que estaba escribiendo un libro, no te acuerdas?
Tú siempre andas escribiendo un libro. . . Es éste una novedad?
Sí es, y lo he terminado de escribir justo antes de la Navidad, porque desde el principio lo concebí para que fuese el mejor regalo de Navidad. Lo he escrito porque el desarrollo de ese plan tiene muchos hitos sobresalientes a lo largo de la historia, cuya interpretación es a menudo deficiente y terminan engastados en la cultura de los pueblos a manera de imágenes distorsionadas que pretendo corregir. . . o descartar.
Ese es tu libro sobre Christmas, que decías? Trata de la Navidad, verdad?
Sí, George.
Y a qué hitos históricos te refieres, ché?
A hitos como el que recordamos en la Navidad.
Quieres decir que un bebé recostado en una batea de piedra es parte de ese plan? A propósito, feliz Navidad y próspero año nuevo! Dentro de poco vas a recibir tu regalito, suegro.
Para empezar, George, podrías dejar de llamarme “suegro”?
* * *
Si has leído mi libro, te es conocido George Frankenstein, porque a menudo mete su cuchara aquí y allá; espero que no te haya desilusionado. Yo, personalmente, disfruto de su conversación y de sus preguntas un tanto infantiles, porque a diferencia de la mayoría de los jóvenes, él tiene preguntas que hacer. Quizás a eso se debe que lo necesito.
Mi animoso amigo dirigió nuestros pasos a través de las calles angostas que llevan a la plazuela de San José, donde un grupo regular de gente se había reunido alrededor de un nacimiento muy hermoso que estaban a punto de terminar. Pienso que estaba sobrecargado de detalles, como si todos los acontecimientos de la historia sagrada hubieran ocurrido al mismo tiempo y en el mismo lugar. Llamaban la atención los becerros y los corderitos de verdad.
Al llegar, le seguí a paso acelerado sosteniendo todo el tiempo en mi brazo izquierdo mi ramo de flores y mi paquete en mi mano derecha. Evitaba responder sus insistentes preguntas acerca de “la chica despampanante” con quien, supuestamente yo tendría un. . . Con quien yo me encontraría en el correo central.
Yo trataba de dirigir nuestra conversación por otro rumbo y le dije:
Si quieres saber de quién se trata, acompáñame al correo central.
* * *
En eso llegamos a la plazuela, y le digo:
Como te decía, sí tenía en mente la Navidad. . .
Tienes algo nuevo que decir al respecto?
Tú nunca comprenderás su significado, como se debe, si desconoces el plan y la estrategia global de los cuales forma parte. La falta de conocimiento de dicha estrategia distorsiona nuestras imágenes de la realidad.
Mira el burro y la vaca recostados junto al niño. Han traído bastante paja; alguien tendrá que limpiar los excrementos mañana bien temprano! Y mira a María, a José y al bebé, de tamaño natural! Da la impresión de que la vaca va a lamer al bebé. Oh, qué conmovedor!
Ya veo, George, que no se han olvidado de nada, ni de los pastores con sus ovejas y sus corderitos de verdad. También han puesto a los Tres Reyes Magos con sus camellos. Por lo visto, este nacimiento va a quedar en pie hasta la bajada de Reyes. Aunque viéndolo bien, sí se han olvidado de algo. . .
De qué?
Olvidaron poner un par de soldados romanos apostados en los costados del bungalow que hace de establo. Pero exceptuando eso, tiene todos los detalles de rigor, como son la blanca nieve, los ángeles que cuelgan de los ficus, y el foco del poste que han adornado como estrella de Belén. Mira los ángeles desplegando entre los árboles una banda de tela con las palabras Gloria in Excelsis Deo.
Guau! Tienes razón. Se les olvidó poner allí un par de soldados romanos, porque ellos estaban en todo lugar y obligaban a la gente a hacer todo lo que querían, incluso a cantar en latín. A propósito, sabías que yo tuve que aprender algo de latín en el coro? Pero me botaron por desentonado.
Lo aprecio mucho, George; porque en tu caso, “el silencio es oro”.
* * *
Mientras nos alejábamos del nacimiento rumbo al correo central, George siguió balbuceando algunas palabras en latín, para impresionar. Yo no prestaba atención a lo que decía. Luego intenté hacerlo aterrizar en nuestro tema:
Nosotros sólo tenemos imágenes distorsionadas de lo que realmente ocurrió; por eso nos es difícil entender tanto el principio como el final de la historia.
Cuáles imágenes, ché?
La nieve, por ejemplo. Jesús no nació en el invierno; él nació al comienzo de la primavera, y no había nada de nieve en Bet-léjem. También el bungalow. Jesús no nació en un bungalow, sino en una cueva. Y la gente de Bet-léjem. . . No faltan los predicadores que señalan malévolamente a esa pobre gente diciendo que las cosas ocurrieron como ocurrieron porque uno tras otro les cerraron sus puertas a María y a José. Finalmente, dicen que en señal de desprecio les darían un rincón en el corral. Así terminan echando a la sopa de la Navidad el sazonador maldito del antisemitismo.
Y qué hacer para que los hechos se puedan entender debidamente?
Te diré, George, lo que yo hago en mi libro: Despliego ante el lector toda la historia, desde el principio hasta el final. Ese es el secreto para deshacerse de las falsas imágenes, viendo los acontecimientos interconectados, en lugar de verlos de manera aislada. Sin este tipo de enfoque, cada hito o acontecimiento pierde su verdadera dimensión. Como dice Zain Verjee, la chica de CNN International que tanto te gusta, mi libro “te mostrará por qué estas historias son importantes para ti”.
Guau!
Y con el propósito de ser más didáctico, empiezo descubriendo el marco histórico de la epopeya de la liberación, para ubicar luego dentro del mismo la actuación de esa chica que al final es coronada como Miss Universe.
Guau! Su historia es el comienzo de toda la historia?
No, George. Es el comienzo del final.
A propósito de Miss Universe, para quien es ese ramo de flores, ché?
Yo callo, y él insiste:
Obvio que no es para mí. Pero el paquetito sin nombre si que debe ser para mí, verdad? Aunque ese papel de regalo. . . tan florido. . . Bueno. . . qué importa!
* * *
Hice caso omiso de su pregunta, y caminamos en silencio. La mañana había pasado rápidamente, y al correo central iría recién en la tarde. Por tanto, sin mayor presión caminamos por la callejuela buscando un café donde pudiéramos sentarnos un rato para seguir conversando sobre el plan.
George seguía intentando averiguar sobre la chica para quien era mi ramo de flores y el regalito envuelto con el florido papel de Navidad, y guardó silencio mientras miraba dónde pudiera haber un café por allí cerca.
Por lo general, para mí él es un pain in the ass. De repente rompió su silencio de cura, y me preguntó, aparentemente fuera de contexto:
Y se puede saber realmente qué sabes tú que otros no sepan?
De qué?
Estoy pensando en el libro que has escrito. Qué de nuevo aporta? Cuál es tu cau-cau?
Te responderé con las palabras de Jonathan Mann en el epílogo de la producción The mistery of Jesus, de CNN Presents: “Ahora sabemos mucho más acerca del Jesús histórico de lo que jamás hayamos sabido previamente, pero todavía persisten muchas interrogantes.” A sus palabras debo añadir que las respuestas a la mayoría de tales interrogantes no se hallan, como algunos creen, en las excavaciones arqueológicas, sino escondidas donde no te imaginas. . .
Dónde?
Se hacen invisibles entre las letras y las líneas de los registros históricos del primer siglo. Para descubrirlas hay que buscarlas con instrumentos ópticos especiales que recién han sido inventados y diseñados en la era espacial. A tales instrumentos recurro en mi re-interpretación de los hechos. Además he hecho algo más para tener un éxito redondo en cuanto a la exposición de los hechos. . .
Qué has hecho?
He hecho una nueva traducción de los documentos. Para mayor coherencia he tenido que traducir personalmente los documentos originales, inclusive del arameo, ese idioma misterioso del que tanto se habla.
Guau! Veremos, pues, si tu libro logra corregir las falsas imágenes que vienen atrapando por milenios a quienes celebramos la Navidad. Y a propósito, qué significa la palabra “Navidad”?
* * *
George y yo nos sentamos junto a una mesita y pedimos que nos sirvieran sendas tazas de café caliente con hot-dogs. A esa hora la tiendecita estaba vacía, pero era muy acogedora. Y cuando nos sirvieron, proseguí diciéndole:
Tal es, estimado George, la mentalidad que nos envuelve en cada Navidad, y de la que no nos hemos podido desligar con el transcurso de siglos y milenios. Se hace necesario que descartemos esas falsas imágenes si queremos penetrar a la realidad. Esa es la razón para que dos mil años después se me haya ocurrido escribir de nuevo la historia.
Han pasado dos mil años, y la historia de la Navidad tiene que ser re-escrita? Es que todavía hay algo por descubrir?
Los descubrimientos más asombrosos todavía están por realizarse, George.
Y qué de los videos científicos de Cable TV?
Los videos transmitidos en la Navidad, en lugar de ayudar a corregir las falsas imágenes, más bien acaban por establecerlas.
* * *
George le da un colosal mordiscón a su hot dog y me dice con su boca llena:
Gue güiguifica guagagagua güiguas, ché?
Puedes asomar primero tu bocado antes de hablar?
Entonces hace un esfuerzo colosal y habla con claridad:
Te preguntaba qué significa la palabra “Christmas”.
Honestamente, había olvidado responder su insistente pregunta acerca del significado de la Navidad. Y le digo:
La palabra “Christmas” significa “Navidad”, pero ambas palabras tienen una etimología diferente. “Navidad” proviene del latín: nativitas, “nacimiento”; se refiere al nacimiento del bebé Jesús. “Christmas”, en inglés, significa “Mesa de Cristo”, que fue la designación original para la celebración memorial del banquete de la Pascua que Jesús celebró con sus amigos antes de su pasión, que fue también su banquete de cumpleaños. Como ves, en el mundo de habla inglesa esta palabra designa correctamente a la Navidad.
Acaso la Pascua no es la Semana Santa?
Los primeros cristianos recordaban algo que los de hoy ignoran: Que la Navidad y la Pascua ocurrieron en una misma fecha. Prueba de esto es que en la antigua jerga católica también se le llama “Pascua” a la Navidad. Por eso se dice: “Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo!”
Esto sí que me causa confusión. No ocurre lo mismo contigo, ché?
En absoluto, George. Al contrario, me ayuda a mostrarte que la última fase de la liberación de la humanidad que empieza en la Navidad es consumada en la semana de la Pascua celebrada en la misma fecha, no como las celebramos hoy en fechas diferentes. A partir de la comprensión cabal de ambos hitos, Navidad y Pascua, se nos torna más inteligible la totalidad de la historia de la liberación.
Y todo esto explicas en tu nuevo libro?
Sí, George.
Verdad, tío, que tu libro es un eye-opener, pues abre los ojos y estoy seguro que va a ser un gran guau! Te prometo que lo voy a leer!
* * *
Nos levantamos de la mesa del café, y George hace como que rebusca en su bolsillos alguna monedita para pagar del par de hot dogs extra que se comió, y le digo:
No te preocupes, George; yo pagaré. Estamos en Navidad, no?
Y él disimula insistiendo con sus preguntas:
Lo que más me interesa a mí es el final de la historia. Si la Navidad es el comienzo del final, cuál es el verdadero final de la historia? Cuándo llega el momento clímax del cumplimiento de aquel plan misterioso?
Mi libro enfoca justamente el momento clímax en la declaración definitiva de “Misión Cumplida!”.
Wow! “MISSION ACCOMPLISHED!” Como dijo George Bush!
* * *
El se esforzó por desviar la conversación rumbo a eso de “Mission Accomplished”, pero le di a entender que había llegado el momento de apresurarme al correo central. Entonces me dio un apretón de manos, más fuerte que de costumbre, y me dijo con una pícara guiñada:
Bandido! No respondiste mi pregunta. . .
Cuál pregunta, George?
Para quién es ese paquetito y ese lindo ramo de flores? Eh? Guau!
Y le respondo:
Ah! Qué bueno que me haces recordar! Aquí en mi mochila también tengo un paquetito igual para ti; tómalo ahora porque no voy a estar en tu intercambio de regalos.
Qué es, ché? Lo puedo abrir antes de la noche buena?
Abrelo ahora mismo, si quieres! Es una copia de lo que contiene este paquete que llevo a depositar al correo: Mi libro Regalo de Navidad. Feliz Navidad, George!
Wow! Merry Christmas!
* * *
George se leyó mi libro de un jalón, y al siguiente día vino a buscarme justo cuando yo salía de nuevo de casa rumbo al correo central. En la tarde del día anterior me distraje con otros asuntos y no alcancé a ir al correo por la tarde a depositar mi paquete. En mi brazo izquierdo llevaba el mismo ramo de flores, siempre fresco y fragante, y en mi mano derecha el original de mi libro Regalo de Navidad. Mientras me acompaña a tomar un taxi le digo:
Así que te has devorado mi libro!
Cuánto me apena esto, brother!
Por qué, George?
Porque, justo cuando más disfrutaba andar diciendo “Wow” me encuentro con el final!
Oh, George, de veras que eres un perfecto wowser!
Sin embargo, a pesar de todo, yo he sido la única persona, y lo tienes que reconocer, que se ha dado cuenta de que tú eres el único escritor que realmente sabe de teología de la liberación. Porque tú has tratado de este tema, verdad?
Querrás decir, “historia de la liberación”, George. . . Yo he desarrollado el tema de la historia de la liberación, no de la teología de la liberación.
Me da lo mismo.
* * *
Evidentemente, George había asimilado el contenido del libro en tiempo récord, y tenía previsto que me buscaría a diario en los días de Navidad para hacerme innumerables preguntas al respecto. Veía que estaba un poco trastabillado y no sabía por dónde empezar. . . Y le pregunto:
Qué es lo que más te ha impresionado, George?
La relación perfecta del plan con el factor espacio-tiempo-agente. Me refiero a lo que sueles llamar los “agentes secretos de Dios”.
Hablando del Agente de la liberación promocionada como el producto consumado de la mayor empresa levítica de todos los tiempos, te habrás dado cuenta que el evangelio es ciertamente una empresa aristocrática, eh?
Qué quieres decir con eso de “aristocrática”? De dónde sacas semejante barbaridad?
De 2 Corintios 8:9 que dice de él y también de sus agentes: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor, Jesús el Mesías, que siendo rico, por amor de vosotros se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”
Pero esas palabras se refieren al oro con que está empedrado el cielo, ché. . .
Y por qué no puede referirse también a que provenía de la crema y nata de Israel, así como muchos de sus agentes que invirtieron todas sus riquezas a fin de que la empresa de la liberación tuviese fruto en los estratos más bajos y pobres de la humanidad? Que contraste con la propuesta de la teología de la liberación, de la teología de la prosperidad y de otras teologías de moda, de cuyos propagandistas lo único que se puede decir es que siendo unos pobretes, se hicieron ricos; para que nosotros, con su riqueza, fuésemos empobrecidos.
* * *
Tras un largo silencio, George volvió a la carga:
Pero, cuándo me vas a decir para quién es ese ramo de flores que llevas en tus brazos todo el tiempo, así como el paquetito ése?
Para responder a tu insistente pregunta piensa en lo que refiero en mi libro Regalo de Navidad acerca del encarnizado debate en el Aula Magna de la CBUP y que tuviera como moderador nada más ni nada menos que al doctor John E. McKenna, discípulo de Albert Einstein en el curso que dictara en Westminster. Tras una persistente discusión sobre el rol de quien fuera representante de la humanidad en la historia de la liberación, él quiso poner punto final al asunto contándonos esta experiencia suya, existencial:
“Cuando yo era joven, era pendenciero y dado a las drogas y al alcohol. Hasta tal punto perdía mi vida en un estado de inconciencia, que cierta vez, estando borracho, mis amigos me jugaron una broma pesada: Me compraron un boleto en una aerolínea, y me aviaron hasta que yo estuve sentado en mi asiento en el avión.
Yo no sentí ni cuándo despegó ni cuándo aterrizó el avión, y sólo desperté cuando las aeromozas me pidieron que bajara. Lleno de vergüenza, tuve que preguntarles a ellas en qué ciudad me encontraba.
Salí del aeropuerto, cabizbajo, pensando qué hacer de inmediato y cómo devolver la broma pesada después, porque esto no se iba a quedar así nomás!
Y al salir por una avenida que empezaba en el aeropuerto, vi a un hombre que sosegada y apaciblemente caminaba llevando en sus manos un ramo de flores. Yo le seguí con la mirada, porque me parecía raro que un hombre llevara un ramo de flores por la calle. Yo quería ver a dónde se dirigía, y con quién se encontraría. Le tuve que seguir los pasos para poder ver el final: Se acercó a una gruta donde estaba una imagen de la Virgen, y puso junto a ella el ramo de flores. Se detuvo un momento con la cabeza gacha, y luego dio la vuelta y se marchó.
Años más tarde, después de haber tenido un conmovedor encuentro con Dios que cambió radicalmente mi vida, logré terminar mis estudios en la universidad y luego fui profesor de matemáticas en la misma. Y poco a poco fui encaminándome por los complejos y laberínticos senderos de la reflexión teológica, hasta obtener mi Ph. D. y ejercer de nuevo la docencia universitaria en el campo de la Teología Bíblica.
Entonces una prestigiosa institución teológica de Estados Unidos me invitó para participar como expositor en una importante conferencia. El tema que expuse fue “La Mariología desde una nueva perspectiva evangélica”, y como nunca, coseché aplausos, los cuales más bien tuvieron el efecto de ruborizarme y hacerme sentir muy pequeño.
Me vi movido a contarles de aquella experiencia de mi juventud: Acerca de aquel viaje inconsciente y de aquel hombre en una ciudad desconocida, llevando su ramo de flores y depositándolo junto a la imagen de la Virgen.
Al final levanté ante la vista de todos el fajo de papeles de mi conferencia, y les dije llorando: “Esto es mi propio ramo de flores para aquella chica maravillosa!”
* * *
Creo, George, que ya te habrás dado cuenta para quién es el regalo de Navidad, que enviaré por correo express. Si no te has dado cuenta, te lo diré: Es para ella.
Sin ocultar su asombro, me pregunta:
Y este ramo de flores? Para quién es? Alguien te espera en el Correo Central? No me digas que es la Miss Universe!
Sí. Y si me acompañas al correo, tú mismo verás de quien se trata.
Después que bajamos del taxi, George me dijo:
Me ha impresionado la historia del doctor John E. McKenna, y cómo levantó ante la vista de todos el manuscrito de su conferencia y les dijo llorando: “Esto es mi propio ramo de flores para aquella chica maravillosa!”
Y respondí:
Y este libro mío, querido George, mi obra Regalo de Navidad, es mi ramo de flores para Miriam, Miss Universe! Ella es la única chica que realmente merece este título, porque está vestida del Sol y tiene la Luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona con doce estrellas.[1] Ella también alcanzó el punto clímax de poder decir: “Misión Cumplida!”, como sin duda alcanzarán a decir lo mismo muchos de los que leen mi libro, incluido tú.
* * *
En el correo central, después de meter mi regalo en el sobre manila, no fue necesario escribir encima ninguna dirección. Solamente coloqué sobre el paquete el ramo de flores, y George se quedó opa cuando vio desaparecer las flores, y aparecer el papel del sobre manila frescamente floreado, como el papel de regalo con que estaba envuelto el libro en su interior.
Luego levanté el paquete con mis dos manos para entregarlo a la dama del correo, y justo cuando ella se volvió hacia mí, el paquete desapareció de entre mis manos.
Cuando salíamos de la oficina de correos, George comentó, atragantándose:
Guau! Se fue vía express!
* * *
George se mostró profundamente complacido, y le digo:
Bueno, George; lo importante es que finalmente te hayas convencido.
Convencido de qué? Yo no estoy tan convencido que digamos, ché. . .
Por qué no, George?
Mira nomás al Libertador que dijo “Misión Cumplida!” El no tiene asidero en medio de su propio pueblo, Israel, donde se le ha mochado su nombre de Yeshúa a Yéshu. El no merece un solo párrafo en un libro de historia judía para las escuelas elementales, ni la mínima gotita de cariño, a pesar de que, como dijo Daniela Cohen, “es un tipo macanudo, ché”, o como dice esa chica de quien me hablaste: “El es el judío más famoso de la historia.” Cómo dijiste que se llamaba esa periodista italiana que dijo eso?
Ah! Ella es Fiamma Nirenstein, y su artículo fue publicado en su columna Appunti, en el periódico “La Stampa”, en esos días cuando Israel libraba una batalla campal con los palestinos, una batalla que bien hubiese podido ganar sin disparar un solo proyectil y sin mover un dedo, porque, como se dice, la cosa era más fácil que quitarle sus caramelos a un chiquillo!
De qué cosa estás hablando, ché?
Del debate acerca de Jesús, si es judío, o si ha sido “el primer palestino”, como alegaba Yasser Arafat. Menos mal que él ha prometido regresar para declararnos toda la verdad, imshAlah, al final de la presente intifada, porque. . .
Y George lo completó de una manera insospechada:
Porque sigue siendo el Rey.
[1]Apocalipsis 12:1.
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