CAPITULO 1
EL REY
En el muelle pluvial de la ciudad de Pucallpa, junto al río Ucayali, a las 9.00 de la mañana de aquel sofocante 28 de agosto, se encontraba haciendo cola mister Park para abordar la motonave “El Moshaco 1”, rumbo al puerto de Bolívar.
El gringo se sentía algo incómodo. No era a causa de su volumen, que fácilmente podía oscilar por los 150 kilos o más de 300 pounds. Tampoco era por destacar de manera tan visible en la fila de charapas flacuchentos a los cuales, de ser caníbal, de sobra podría engullir de dos en dos. Lo que le incomodaba era tener que viajar en aquella motonave cuyo nombre inmundo era el diminutivo charapa de la palabra “mozandero” o aficionado a las mozas, por no decir, “mujeriego”.
El nombre de la motonave le ofendía en extremo a causa de la radicalidad de su postura ética, pero no tenía otra posibilidad para llegar al puerto de Bolívar, dos días río abajo, para cumplir su misión en la viña del Señor. Y el hecho de que destacara desproporcionadamente en medio de la cola le sirvió, más bien, para tener el gran privilegio de conocer personalmente a un charapa en su edad media, flacuchento, risueño, soñador y pulcramente vestido.
Así empezó un diálogo que al principio añadiría a la cuota de incomodidad del hombre de Dios. Pero poco a poco le iría gustando el charapa, porque así como se reía de todo el mundo, permitía alegremente que todos se rieran de él.
* * *
El viaje empezó, y el “Moshaco 1” comenzó a internarse en la selva, río abajo.
Al contemplar las playas despejadas y los árboles cuyo lujuriante follaje se inclinaba para darles la bienvenida, mister Park decía en su corazón: “Praise the Lord!” Y en ese preciso momento tenía que acercársele el charapa que le había dado su business card hacía unos momentos cuando estaban en la cola en el muelle.
Mientras se le acerca, guardando equilibrio a causa del bamboleo de la cubierta, mister Park sacó de su bolsillo de atrás la estropeada y perfumada tarjeta que había recibido de él, para chequear su nombre y su oficio, por si las moscas. Entonces lee: “Reverendo Macedonio Lamido - Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor y Maestro”. Y pensó: “Guau!”
Mientras se dan la mano, mister Park se pone a pensar: “De dónde diablos me es conocido su nombre? Me lo habrán presentado previamente? O a lo mejor sólo me es conocido por la historia de San Pablo, cuando vio en visión a un varón macedonio que le decía: Pasa a Macedonia y ayúdanos. “
* * *
El pastor Lamido le pregunta con aire burlón:
Así que tú también eres pastor?
Sí, hermanito.
Le pincha despectivamente su polo,[1] señala su short y sus sayonaras,[2] y le dice:
Pastor? Tú? Así con ese polo? Pastor con ese short? Pastor con esas sayonaras?
El gringo iba vestido de manera informal, pero el charapa iba como Dios manda: Camisa de manga larga, pantalón largo y zapatos bien lustrados. Esa era la manera canónica de vestir según sus maestros del Instituto Bíblico. Pero, en el infierno verde de la Amazonía!
Comparando al gringo con su propia apariencia, llegó a tener serias dudas de su llamamiento pastoral, y procedió a examinarlo de manera más acuciosa y chanzuda:
Y tú, cuántos dones tienes, ah? Porque yo ya tengo los cinco ministerios de Efesios 4:11.
Le entrega por segunda vez su business card y le indica con la punta de su dedo:
Fíjate que ya soy Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor y Maestro.
Mister Park entra en onda y le sigue la corriente:
Esos son todos los dones que tú tienes? Uff! Entonces te falta mucho. . .
El charapa medio que titubeó:
También tengo muchos otros dones, como. . . el don de sanidad. . . el don de lenguas y. . . el don de discernimiento de espíritus! Soy completo, hermanito! A mí no me falta nada! Gloria a Dios! Aleluyaaáh!
* * *
El charapa interpretó una derrota que el gringo callara, y desde ya le menospreciaba en su corazón. Sin embargo, quiso propinarle una extra dosis de humillación al seguir comparándolo consigo mismo:
A ver! Me puedes decir hasta cuántos días has ayunado?
Y sin dejarle responder, prosiguió:
Porque yo ya he ayunado hasta cuarenta días y cuarenta noches, como Jesús en el desierto y como Moisés en el Monte Sinaí.
Como el misionero parecía estar anonadado, el pastor charapa continuó machacando:
Sólo en mi iglesia “Alasher” y en la iglesia “Monte Santo” hemos cumplido con ayunar conforme a lo programado por Radio del Pacífico. Gloria a Dios!
Ante el prolongado silencio del misionero al verse avasallado, el charapa le pregunta:
Y tú no dices nada, hermanito?
Mister Park responde:
Amén, hermanito! Amén!
”Amén” nomás? Eso es todo lo que dices?
Qué más te puedo decir, hermanito? Simplemente he de alabarte porque como bien dice el Señor, “tú ya tienes tu recompensa!” Es que te lo tienes bien merecido, hermanito, tal como lo dijo el Señor.
Trata de evitar la conversación haciéndose que rebusca algo en su mochila. Y el pastor charapa, como profeta que era, sacó del bolsillo de su camisa otra de sus business cards, y se la entregó por tercera vez.
* * *
El pastor Lamido no lo dejó en paz,:
Pero, viéndolo bien, hermanito, tú estás muy gordo, hermanito; y como dice la Palabra: “Pastor gordo, mal testimonio.”
Mister Park vio llegado el momento para contraatacar:
Así? La Palabra también dice: “Pastor flaco, poca fe.” Y ahora que me recuerdo, cuando mencionaste la lista de los dones que tienes no mencionaste el don de la fe. De modo que, muy a mi pesar, tú no estás completo, hermanito. Porque además de la fe, te falta el don principal. . .
Cuál? Cuál?
El don del amor.
* * *
El charapa iba a responder como es debido, pero en ese preciso momento lo distrajeron las campanadas procedentes de la cocina del barco, llamando al desayuno. Toda la gente, un número aproximado de 200 personas, pues la motonave era de gran calado, empezaron a buscar sus tazones y sus cucharas para recibir cada uno su quáker sin leche y un par de panes “roscas” turrados.
La cola frente a la cocina era interminable y avanzaba lentamente. De pronto, el charapa, que por conversar con mister Park resultó ser el último en la cola, juntos con el gringo, se despidió de él amablemente y fue a tomar su lugar a la cabeza de la cola, lo que ocasionó fuertes silbidos, piteos y protestas:
Hey, hey, hey! Ese hermanito que haga su cola!
Y todos gritaban:
A la cola! A la cola! A la cola! Que no se pase de vivo!
Pero el pastor Lamido respondió:
Yo no soy ningún vivo, como ustedes se lo imaginan. Lo que pasa es que yo soy. . . hijo del Rey!
* * *
El misionero, avergonzado a causa del feo testimonio de su consiervo, lo aparta de la cola y le habla en voz baja:
Yo también soy hijo del Rey, hermanito. . . Sin embargo, hago mi cola y muestro respeto y consideración por las señoras embarazadas, por los enfermos y por los niños. . .
El no se inmutó y respondió:
Pero la Palabra dice en el libro de Deuteronomio 28:13 que el Señor me ha escogido a mí para ser cabeza y no cola. Por eso es que yo me voy a la cabeza y no a la cola, porque debo cumplir la Palabra de Dios.
Cuando volvía a la cabeza de la cola, mister Park lo detiene del brazo e inquiere:
Eso dice?
Para ser exacto, dice así: “Si obedeces los mandamientos que yo te mando hoy, Jehovah te pondrá como cabeza y no como cola. Estarás encima, nunca debajo.”
Pero hermanito, te parece justo que todos hagamos cola, y tú no? A lo mejor también te vas a subir encima de las cabezas de la pobre gente, según tu interpretación de la Palabra!
El baja el tono de su voz y responde:
No me parece justo. . . Sé que es una injusticia, como tú dices, pero yo sólo cumplo lo que dice la Palabra de Dios.
* * *
El sol se había ocultado y todos se disponían a pasar la noche lo más cómodamente posible en la vorágine amazónica diseñada para que en ella se enseñoreasen los mosquitos en el día y los zancudos en la noche.
A los turistas, los zancudos siempre les agarran de “puntos”. Sobre ellos se lanzan en picada con sus poderosas lancetas, haciendo que se muevan erráticamente como gusanos heridos, dándose a sí mismo sonoros lapazos, atolondrados por sus picaduras y sus zumbidos enloquecedores.
Otros bailan un ritmo sin ritmo, como ése del “Avestruz” Carty, el delantero del Cienciano del Cuzco, campeón de la Copa Sudamericana.
Otros, convertidos en zombies, se dan al zapateo aburrido y caen agotados como muñecos de trapo.
Y para para agriar el ambiente en aquel infierno selvático, estaba allí la silueta de ese pastor antipático con su mirada condescendiente y su sonrisa cojuda.Algunos estaban a punto de creer que efectivamente era hijo del Rey, porque los zancudos lo respetaban de común acuerdo.
* * *
Mister Park se dispone a amarrar a los postes del barco su hamaca de dos plazas, cuando se le acerca el hijo del Rey para pedirle perdón. Se le veía profundamente compungido, y mister Park se alegró pensando que el Espíritu Santo estaba obrando en la vida de su siervo. Mister Park le dice:
Habla, hermanito, que tu siervo escucha. . .
Le dice:
Hermano, he venido a pedirte. . .
Su voz se atraganta conmovedoramente. Parece que por primera vez en su vida va a pedir perdón por su pésimo testimonio.
Vuelve a hacer el intento de hablar, y continúa atragantándose con sus palabras entrecortadas y sin aliento:
Hermanito, he venido a pedirte. . . que me prestes tu hamaca para esta noche.
Mister Park le preguntó:
Acaso no tienes una hamaca para dormir?
Y continuó riéndose sarcásticamente:
Ajá! Entonces tú no estás completo! También te falta el don de la hamaca!
Luego le dice:
Disculpa, hermanito, pero este siervazo tiene que dormir en su hamaca, porque es. . . toy mu. . . muerto. . . de can. . . san. . . ciooo.
Ni bien dijo la última sílaba se echó a roncar.
* * *
Al día siguiente se repitió la cola para el desayuno, pero el hijo del Rey no se hallaba ni al principio ni al final de la cola, pues estaba seco dormido en la hamaca de mister Park. Como el gringo se había levantado de madrugada, despertado por los picotones de un mensajero de Dios que le hizo recordar de su devoción matutina, el hijo del Rey se dejó caer dentro de su hamaca donde desapareció como un triste frijol en olla grande.
Aquel gesto perdonador del hijo del Rey tranquilizó la conciencia atormentada de mister Park, que la noche anterior le había dicho: “Entonces tú no estás completo, porque te falta también el don de la hamaca.”
Entonces mister Park, respetando su sueño, pidió doble ración de quáker, una para él y otra para su consiervo que dormía.
Y se lo concedieron.
* * *
Inmediatamente después del quáker, que había sido servido frente a una playa donde la motonave había amarrado, mister Park sintió una inmensa nostalgia de cagar, y se hizo guiar al puerto para buscar una letrina; mas he aquí que no la había. Y preguntó a los moradores:
Y vosotros, dónde hacéis vuestras necesidades?
Y alguien le respondió con aires de autosuficiencia:
He aquí que todo el monte está a vuestra entera disposición; más tened cuidado de la Policía Sanitaria. . .
A quién te refieres?
A los chanchos.
* * *
Ante el peso de las circunstancias y dejando de lado sus aires de gringo civilizado, mister Park se entreveró entre los brotes de plantas de plátanos y se dispuso a defecar, completamente seguro de que en aquel extraño paraje, y desde aquel ángulo providencial, no sería observado jamás su gigantesco culo, blanco como la nieve.
Pero cuando estaba en lo más rico, apareció como creado ex nihilo, un enorme chancho que avanzó gruñendo de regocijo, y de un hocicazo lo hizo rodar cuesta abajo, hasta un charco de agua cristalina que se escurría desde las enormes hojas de las plantas de plátano que a esa hora se deshacían del abundante rocío de la madrugada.
Mister Park miró a su alrededor, y he aquí que no había ningún testigo ocular capaz de haber presenciado semejante espectáculo.
Y con este único consuelo volvió a la motonave, justo cuando se alistaba a zarpar.
* * *
Una vez en la cubierta, recostó su cabeza sobre un mullido almohadón y vio más allacito a un gordito que tenía un piercing de oro en un costado de su ceja y que era rodeado por la gente que se apretujaba diciendo que era Maradona.
Efectivamente, se parecía algo a Maradona y hablaba con un marcado acento porteño. La gente le pedía autógrafos, y no habiendo otra cosa que hacer en la motonave, él se los repartía a diestra y siniestra, y todos los charapas estaban felices y contentos.
Mister Park miró de reojo su autógrafo que acababa de estampar en el cuaderno mugroso de uno de sus hinchas y vio que decía: “d10s”.
Todos sus autógrafos decían: “d10s”, pero míster Park no entendía ese garabato.
* * *
Entonces también se acercó a él mister Park y le preguntó maliciosamente:
De veras has venido desde la Argentina?
Y él le respondió en un perfecto estilo bíblico:
He aquí que yo he descendido del cielo.
Mister Park le dijo, sin poder contener la risa:
Así que Argentina también está lanzando su gente al espacio? Da gracias a Dios, hermano, que te caíste en la motonave Moshaco 1. De otro modo, te sacabas la mugre sobre algún árbol o se banqueteaban contigo las pirañas! Seguro que esperabas caer en Guantánamo Bay! Verdad? Pues tienes una suerte maldita porque has caído en el Ucayali river!
Pero Maradona le respondió en un perfecto inglés con acento escocés:
Dear mister Immanuel Park. . . Yo mismo soy. . .
Y tras una majestuosa pausa, terminó diciendo:
. . . el Rey!
* * *
El gringo no se sorprendió de que Maradona creyese ser el rey, pero sí de que pronunciara con tanta seguridad y exactitud su nombre y su apellido, y le preguntó con el espíritu cachaciento que desgraciadamente le había contagiado el pastor charapa:
Y tú, de dónde conoces mi nombre, oye? De dónde me conoces? Ah?
Y le respondió:
Antes que el chancho te hociqueara y te mandara rodando al precipicio, junto a la planta de plátano yo te vi.
Mister Park se quedó enmudecido. Y Maradona continuó:
Tú crees que estás completo, ché, mucho más completo que ese charapa mentecato que ronca en tu hamaca, pero he aquí que a ti también te falta algo, y yo he sido enviado con el propósito de hacértelo saber.
* * *
Mister Park, intentó acabar con aquella enfermiza conversación, que menos mal se realizó aparte de la gente, y le dijo en son de burla:
Yo sé lo que me falta, ché: Un tornillo! Pues Camucha Negrete te diría eso mismo a ti también: “El tornillo que le faltaba a usted”.
No sé si el argentino sabría algo de la hermosa vedette charapa que trabajaba en el programa televisivo “El Tornillo”, pero respondió:
No, mi estimado. A ti no te falta ningún tornillo. En este sentido tú estás completo, y no como ese pobre charapa que ronca en tu hamaca, al cual le faltan todos los tornillos habidos y por haber. Pero a ti te falta otra cosa.
Mister Park preguntó burlonamente, recurriendo al estilo cachaciento del charapa:
Así? Y qué me puede faltar a mí, oye? Yo estoy completo, hermanito! Toma mi business card!
Maradona no se la recibió. Más bien, le respondió:
Pero te falta tu estaca, ché. Tú no debiste haber salido en misión sin traer contigo tu estaca!
Qué estaca ni qué estaca, ché!
Y Maradona responde:
En mi Palabra está escrito; para ser más exacto en Deuteronomio 23:9-14: “Cuando salgas en campaña cuídate de toda cosa mala. . . Tendrás un lugar fuera del campamento, y allá saldrás. Tendrás también en tu cinto UNA ESTACA; y cuando vayas allí fuera, cavarás con ella y te darás vuelta para cubrir tu excremento. . . Tu campamento deberá ser santo, de modo que el Señor no vea en medio de ti alguna cosa indecente y se aparte de ti.”
* * *
Mister Park se quedó un momento enmudecido de asombro al ver cómo Maradona citaba las Escrituras de memoria y con tanta exactitud, y cuando hizo un esfuerzo descomunal para responder, el argentino le interrumpió diciendo:
Y si lees mis Sagradas Escrituras en la Versión RVA. . .
Te refieres a la Versión “Chévere” del Apóstol Chávez?
Ecco! Allí verás que algunos traductores traducen “equipo” en lugar de “cinto”. Es decir, tú no debiste haber omitido incluir en tu equipo de misionero tu estaca, de la misma manera que un cirujano no puede omitir su bisturí.
Mister Park, que no creía estar discutiendo con ningún emisario celestial, le dijo en tono burlesco:
Para qué requeriría yo una estaca en medio de la selva, donde todo el monte está a mi entera disposición? Si fuera en el desierto del Sinaí, te lo acepto, pero no aquí, donde todo es borrón y cuenta nueva. Tú me estás cargando, ché!
No te estoy cargando, porque si hubieras tenido tu estaca a la mano, no te habría hociqueado el chancho. . .
Y prosiguió a decirle de manera conciliadora:
Mas he aquí que han sido encontradas algunas cosas buenas en ti, ché. Porque he aquí que no has satanizado a ese charapa mentecato que ha cuestionado tu llamamiento misionero, ni lo has lanzado al lago de fuego. Porque he aquí que él también es hijo del Rey.
* * *
En ese preciso momento mister Park se despertó de su sueño pesado, porque el hijo del Rey le dio una fuerte remecida y le dijo:
Anda, pues, oye! Dame ese tazón de quáker que no has comido, porque yo me he quedado sin desayuno, y mi tripa grande está que se come a mi tripa chiquita, oye!
Cuando le extendía el tazón, medio desperezándose, el charapa añadió:
Te contaré, oye, que acabo de tener un sueñazo profético acerca de ti, oye!
Mister Park se quedó de una pieza, temiendo que el sueño del charapa tuviera que ver con la hociqueada del chancho. Dios bendito! Acaso había salido en CNN International?
Después de todo, acaso no decía su business card que entre otras cosas el charapa también era “Profeta”?
Y ahora resulta confirmado que también es hijo del Rey!
Y optó por mostrarse desinteresado, porque el “sueño profético” del hijo del Rey. . . a qué otra cosa se podría referir?
* * *
El hijo del Rey se tragó el quáker de un jalón, y pensando que la ración era de mister Park, le dijo en señal de agradecimiento:
Tienes toditita la razón, hermano. . .
A qué te refieres?
A que mí me falta fe, y a ti te sobra fe, hermanito. . .
Gloria a Dios! Eso sí que es un buen comienzo!
Sí, hermanito. Tú me has convencido de que a mí me corresponde crecer, y a ti, menguar, hermano. . .
Mister Park se puso a mirar a lontananza, pero el pastor le insistió:
Pero déjame contarte mi sueño profético, hermanito. . . Qué tal sueñazo que he tenido en tu hamaca!
* * *
A mister Park casi le da un ataque surtido cuando le escucha decir: “Qué tal sueñazo!” Y prefirió hacerse el soñoliento, para no tener que escucharle más.
Entonces el hijo del Rey lo sorprendió acercándose cariñosamente para besarle en la mejilla. . . Pero lo que hizo fue hablarle bien quedo al oído:
Anoche soñé. . .
Otra vez hablaba con ese nerviosismo que hacía que se atragantara en cada sílaba, y mister Park seguía fingiendo una persistente modorra, como una moza que es acosada por el Moshaco Primero!
El charapa continuó:
Soñé que. . .
Luego hizo un colosal esfuerzo y añadió:
Anoche soñé que en el día de. . .
Tomó viada y sacó todo lo que tenía en su corazón:
Anoche soñé que en el día mi santo, tú mismo me dabas un Gran Paquetazo envuelto en papel de regalo, oye!
Mister Park cayó en la trampa cuando le dijo:
Así? Y se puede saber cuándo es el día de tu santo?
El charapa respondió:
Hoy es el día de mi santo, oye! Qué contiene el Gran Paquetazo que me vas a regalar?
Y recordando las palabras del Rey, exclamó en sus adentros: “Nada de esto me ocurriría si tuviera a la mano mi estaca!”
* * *
De manera extraña, George Frankenstein no interrumpe mi relato hasta este punto. Creo que hará falta decir algo sobre su identidad. El es mi hijo putativo, a quien me refiero ampliamente en mi obra George Frankenstein y la dimensión desconocida.
Me adelanto a su consabida retahila de interrogantes y le digo:
El núcleo de esta historia fue escrito por mi exorcista privado, el doctor Gustavo Montero del Aguila para el curso de Editing y Formación Editorial que me tocó dictar hace unos años en la CBUP. La historia pasó luego por una serie de faces editoriales para las cuales viajé al escenario de los acontecimientos.
Y él pregunta:
Y recibió el pastor Lamido el regalo que soñó?
Sí. Así llegó a deleitarse con el “GRAN PAQUETAZO”
Y George, más cuerdo que nunca, concluye:
Quizás lo que realmente nos falta a todos no es una estaca, ni un tornillo, ni un business card, ni siquiera un mozandero, sino un “GRAN PAQUETAZO” envuelto en papel de regalo, tal como lo vio en visión aquel varón profeta a bordo del Moshaco Primero!
[1]Camiseta con impresiones de logos y slogans
[2]Sandalias de jebe para la playa.
jueves, 23 de julio de 2009
CAPITULO II - LA GINECOLOGA
CAPITULO 2
LA GINECOLOGA
De mujer a mujer, quiero departir contigo respecto del doloroso trauma que he sufrido en silencio a lo largo de toda mi existencia, a causa de nuestro status de mujeres dentro de la voluntad de Dios revelada en su Santa Palabra.
Quizás no me hubiera atrevido a escribir mi testimonio personal, si no hubiera sido porque cierta amiga judía me invitó una vez a ver la película “Yentl”, con Barbra Streisand. Tal era entonces mi timidez y mi miedo de pensar en la justicia de las cosas que nos doblegan a causa de nuestro sexo y por ser nosotras las que transmitimos el mal, que no acepté por nada del mundo ir a ver una película como esa, porque pudiera trastornar mi paz lograda con tanta insatisfacción.
Prácticamente, mi amiga me obligó a entrar a la sala de cine, y una vez dentro, me obligó a abrir mis ojos y mirar, sobre todo las escenas eróticas, por lo cual le quedo súmamente agradecida, porque realmente han sido para mí una inmensa bendición.
* * *
Después de ver aquella película, pensé que se había hecho mal al intentar cambiar el orden divino establecido para la mujer, de estar siempre sometida a su marido, o a cualquier hombre, incluido el hombre ajeno.
Pensaba que el haber hecho eso, eso de ir a ver esa película, sólo equivalía a levantar polvo, inútilmente, porque, quién podría tener éxito en cambiar las cosas que dice la Biblia que han sido establecidas por un Dios que no cambia?
Pero no he podido evitar que mi admiración por Yentl creciera cada día y que hasta cierto punto significara mi liberación. Porque como ella, yo también siento ser un ser creado por Dios, hecha para contener la totalidad de la humanidad en cada una de mis células y para empujar mi alma a encontrar el sentido de su existencia y de su naturaleza en la realidad del divino Creador.
* * *
Mi padre fue pastor evangélico toda su vida. El era de carácter muy noble y bonachón, y la gente se aprovechaba de esto. Por eso habrá sido que mi madre le dijo un día cuando se pelearon: “A vos, hasta los perros te mean!” Con el perdón de usted, amado lector.
Fue a él que le escuché por primera vez decir que las mujeres estamos bajo eterna maldición por haber cometido el gran pecado de abrir las puertas para que el mal entrara en el mundo. Eso le echó en cara a mi madre, aquel día, y mi madre calló y lloró amargamente en un rincón del dormitorio.
Yo no lloré, pero mi mente infantil elaboraba febrilmente el pensamiento de que acaso Dios, que es amor, tuviese la bondad de exculparnos por lo menos a nosotras, las niñas pequeñas, tomando en cuenta nuestra corta edad. Cómo se le puede hacer culpable de algo a una niña pequeña?
Pero la respuesta no se hizo esperar cuando fuimos invitados al culto de aniversario de una iglesia en otro distrito de la ciudad, y el pastor dijo en su sermón de aniversario: “Son culpables también las niñas, aun desde la cuna, y desde el momento de su concepción!”
* * *
No me cabe en la cabeza, por qué tienen que predicar de este tema tan horrible, justamente en una hermosa fiesta de aniversario, mientras las mujeres están metidas en la cocina sudando la gota gorda para darles de comer a ellos, a los señores encorbatados!
Como mencionó varias pruebas bíblicas en lenguaje numéricamente codificado, me tuve que conformar con esa respuesta, aunque era tan dolorosa para mí. Porque por un lado, yo amaba a Dios con todo mi amor, con todo mi corazón, y de veras sentía que él también me amaba a mí, pero aquel pastor enseñaba que sobre esta realidad se imponía la triste realidad del pecado de ser mujer.
El decía otras cosas más sobre nuestro sexo, cosas ofensivas que no puedo repetir, aunque a él le parecían broma, chiste, para hacer reír al público desde el púlpito consagrado a la predicación de la Palabra de Dios.
* * *
Como el pensamiento de la ventaja de ser niña quedó hecho añicos, elaboré febrilmente otra posible salida, diciéndome a mí misma: “Será, pues, culpable la mujer que abrió la puerta al pecado, y nadie más. No es injusto decir que también son culpables todas las mujeres que en ese momento aun no habían nacido?”
Las explicaciones para decir que la culpabilidad de ella ha pasado a todas sus descendientes mujeres nunca me han podido convencer, aunque las he asimilado en sumisión. Porque si así lo dice Dios, yo no tendría nada que argumentar, porque si argumentase, “añadiría pecado al pecado y condenación a la condenación”, como le solía decir mi padre a mi atribulada mamá.
* * *
Así las cosas, con el transcurso del tiempo traté de no volver a pensar en esto, porque no quería dar cabida a la amargura ni derramar lágrimas a solas, porque Dios se solidarizara tanto con ellos, aun cuando algunos de ellos son unos pillos, como aquel pastor que en medio de su sermón sobre la santidad, fue interrumpido por una mujer desgreñada que señalando su panza le dijo a toda la congregación: “Esto me lo hizo él, y después se escabulló de su responsabilidad!”.
Mi dolor y mi ansiedad eran grandes, y por despecho, fácilmente me doblegaba ante cualquier actitud o capricho del varón, no porque temiera perder el cielo, sino porque temía perder el amor de Dios. O acaso las dos cosas son lo mismo?
Así empieza mi paranoia de mujer. Te parece poca cosa?
* * *
En otra ocasión, también una gran celebración de aniversario de una iglesia hermana, mi padre fue invitado a predicar, y lo hizo muy bien. El siempre se preparaba y se ensayaba en su escritorio y en el púlpito, ante la iglesia vacía. Y no recuerdo un solo sermón suyo que no haya tenido estrecha relación con la vida de la gente y las celebraciones especiales de la iglesia; no como cierto pastor de cuyo nombre no me quiero acordar, que en el Día de la Independencia hablaba acerca de los Reyes Magos, y en la Navidad se largaba un sermonazo contra Halloween.
En esa fiesta de aniversario mi papá trató acerca de las Bodas de Caná, y dijo que como aquellas bodas, la ocasión de un aniversario es festiva. Pero al verse metido en aprietos por la mención del vino en la historia de las bodas de Caná, enfatizó en el hecho de que la iglesia sí debe tener fiestas que retumben en el cielo, pero sin vino y sin baile; sólo con danza espiritual.
En un acápite dijo: “Voy a decirles algo que quizás les pueda escandalizar: El vino no es pecado!”
Todos los presentes abrieron desproporcionadamente sus ojazos y pararon la oreja.
Creo que para eso lo dijo, para captar la atención al cien por ciento. Así era él de vivazo! Luego continuó diciendo: “El vino es tan sólo una costumbre de algunos pueblos, inclusive de los judíos. Pero no es nuestra costumbre de nosotros, los evangélicos. Pero igual, puede haber fiesta sin vino. Verdad, hermanos?”
Todos gritaban: “Amén! Amén! Aleluyáaa!”
Y él proseguía diciendo: “Acaso no nos dan gozo y regocijo los cuyes al horno, o la papa a la huancaína, o el ají de gallina, o los juanes, o los tamales o los biscochitos o la chicha morada?”
Y todos gritaban: “Amén! Amén! Aleluyáaa!”
* * *
Aquella fiesta fue algo realmente bello, y el sermón de mi padre fue muy apto para la ocasión, pero no calculó bien las cosas y cometió un error garrafal. Al final, antes de la oración, llamó a subir al estrado a las damas que habían participado preparando la comida tan deliciosa, para que todos los comensales pudiéramos expresarles nuestro agradecimiento con un voto de aplauso.
Entre las damas estaba la esposa del pastor de esa iglesia, la hermana Catalina, envuelta en su mandil empapado, y ella misma, despeinada y chorreando de sudor. Cómo se avergonzaba, la pobre mujer, porque ante la insistencia del público la sacaron de la cocina casi a empellones!
En realidad, ella no quería ni que la vieran los invitados.
Todas aquellas mujeres en el estrado estaban muy felices, porque los varones tenían la barriga llena y el corazón contento, y sus copas estaban rebosando (hablando figuradamente, por supuesto, y no de manera literal). Entre ellas, también habían dos niñas de unos doce o trece años de edad, con sus mandiles ensuciados y empapados, porque habían ayudado todo el tiempo en la cocina.
Entonces mi papá cometió el error de pedirle a la hermana Catalina que dijera unas cuantas palabritas. E hizo mal en insistir.
Y el despelote ocurrió cuando le pidió que terminara con una breve oración.
* * *
Entonces su esposo, el pastor de esa iglesia, levantó la mano desde su mesa, y con una voz poderosa le interrumpió a su mujer justamente cuando ella terminaba de saludar. Menos mal que no había empezado a orar, porque hubiera interrumpido una conversación íntima con Dios, y no sé si le hubieran perdonado ni Dios ni sus ángeles presentes.
El pastor le dijo a su mujer desde su mesa: “Tú, te callas la boca, porque ya debes saber que la Palabra de Dios no te permite hablar en medio de la congregación!” Y dirigiéndose a mi padre, le dijo: “Disculpe, pastor, pero no debió invitarla a orar en público, porque eso es contra la voluntad de Dios.”
Aquel pastor procedió a abrir su Biblia y leyó algunos versículos, y todos los hermanos, y también las hermanas, decían tras cada una de sus frases: “Amén! Amén! Gloria a Dios! Aleluyáaa!”
Todo aquello me dio asco, y bien me hubiera refundido en el baño para vomitar.
* * *
Al final de aquella fiesta, todos estaban alegres y felices. Inclusive las mujeres, aunque a la hermana Catalina parece que le había tragado la tierra de vergüenza y de consternación. Pero nadie se avergonzó de eso que hizo el pastor, ni aun mi padre. A la verdad, él pensaba igual que el esposo de la hermana Catalina, pero creo que él no le hubiera gritado ni tapado la boca a mi mamá delante de tanta gente invitada.
Creo que solamente yo, que en aquellos días tendría 16 años, sufrí mucho. Pero no quise pensar más en ello, “para no añadir pecado al pecado y maldición a la maldición”.
Quería borrar aquella escena de mi mente. Una vez en mi cuarto y a solas, con mis lágrimas resecas sobre mis mejillas, le dije a Dios que estaba abatida por el dolor que todo aquello me había ocasionado, y quedé profundamente dormida.
* * *
A medida que entraba en los años de la adolescencia, me refugié en el estudio. A mí me gustan de manera especial las ciencias biológicas. Me asombra la creación de Dios y me parece que los científicos que la estudian y descubren sus secretos para el bien de la humanidad, aunque sean ateos son grandes siervos de Dios, tanto como los mismos pastores y evangelistas que nos exponen la Palabra de Dios en las iglesias.
Mis calificaciones han sido siempre altas en ciencias biológicas, pues pensaba que si alguna vez yo quisiera estudiar ginecología, mis calificaciones debían expresar el alto concepto que tengo de cada disciplina relacionada con esta profesión, y en definitiva el alto concepto que tengo de la obra de Dios en la Creación.
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Gradualmente me he puesto a reflexionar sobre la maravilla de la creación de Dios reflejada en el cuerpo de la mujer, en mi propio cuerpo, al cual me deleitaba contemplarlo desnudo, o recatadamente cubierto para acentuar su sensualidad. No es que haya dado cabida al hedonismo, o que me deleitara en el pecado de la pornografía, o que manifestara tendencias homosexuales, porque el cuerpo del varón se me pinta igualmente maravilloso, atractivo a la vista, codiciable y bueno para comer, o como dicen en Argentina, “como para comerlo crudo”. Pero lo que tiene de especial el cuerpo de una mujer es que puede contener la vida, dar la vida y expresar la vida. Esto es algo único, que no tiene el cuerpo del varón.
Realmente el hombre no puede ni siquiera imaginarse ese maravilloso mundo nuestro, que exteriormente el Creador ha dotado de tanta belleza y atractivo sensual, que constituyen el lujoso papel de regalo de la vida.
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En estas cosas pensaba, y me asediaba de nuevo el pensamiento de que este Dios maravilloso que hiciera a la mujer con tanto placer personal (porque se nota), la convirtiera en el revoltijo de pecado y de maldición para todas las generaciones. Entonces lloraba, mucho, mucho, porque una cosa me dice mi naturaleza de mujer, y otra cosa me dice la Biblia, que yo considero Palabra de Dios.
El resultado es una especie de paranoia que se gesta en mi alma y me tortura. Sí, el pecado ha hecho que todas las mujeres seamos esquizofrénicas por naturaleza, y una manera de calmar nuestra tensión es doblegándonos al varón en silencio ante sus palabras y sus reconvenciones y sus humillaciones, pero sólo para terminar más amargadas de la desigualdad humana establecida por Dios.
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Por un largo tiempo las ciencias han sido mi único refugio. Llegué a saber mucho más que los varones de mi edad, porque me prendía de los libros y de los programas de Discovery Channel, Discovery Health, etc., a los cuales no sólo leía, observaba y estudiaba, sino también devoraba con ansiedad y convertía en mi momento devocional. Pero cuando obtuve mi DNI, mis inquietudes también se volcaron sobre el estudio bíblico.
No me perdía ninguna charla especial en la iglesia, aunque en realidad ya no hallaba nada de especial a causa de que tanto se repetían las mismas cosas, hasta el aburrimiento. Pero he ido a campamentos juveniles y de universitarios, y he estado alerta y ansiosa por penetrar al estudio bíblico.
En un campamento, cierto conferencista joven, invitado de Argentina, nos dijo que a Dios ni le asusta ni le disgusta que seamos cuestionadores, preguntones, investigadores. El también nos dio una lista de citas numéricas que prueban este hecho de manera contundente. “Por eso”, decía, “el cristiano no tiene por qué vivir atrapado en el círculo vicioso de la duda y del desconsuelo.”
Por eso, excluyendo el tema del pecado original de la mujer, pensé que todos los demás temas posibles me estaban permitidos abarcar y cuestionar.
El criterio de ese conferencista argentino, Dante Gebel, me ha librado a tiempo de tantas ansiedades, que confieso que no solamente yo, sino todas las chicas presentes nos quedamos como bobas escuchándole: “Cho te voy a demostrar, ché, que Dios no es ningún viejo mi querido viejo! El nunca camina lerdo, ché. Tampoco tarda, ni menos olvida, ché. Sacátelo de la cabeza, ché! Dios es joven como tú, y juntos pueden hacer una buena chunta y una linda pareja de amigos!”
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Cuando terminé mis estudios de ginecología me casé en Argentina con un hombre muy bueno e inteligente, que se parecía bastante a aquel conferencista de quien me quedé tan embobada cuando visitó Lima. El no es salvo, pero es más limpio y santo que todos los hombres creyentes que he conocido. Hubieron algunas ocasiones en que nos pusimos a conversar y a discutir algunas cosas de la Biblia, y aunque de reojo y formulando las cosas a su manera y con torpeza, él hacía comentarios muy valiosos que me servían de ayuda y edificación.
Por ejemplo me dijo una vez: “Por qué me vienes jorobando con eso de que la mujer es la achuda idónea del varón? Cha me tienes podrido, ché! Acaso no es el hombre también la achuda idónea de la mujer? Acaso no soy eso para ti, ché?”
De veras que no había escuchado decir esto en ninguno de los sermones de mi papá o de cualquier otro predicador de iglesia, y me parecía que de veras era real e inteligente. Por eso sus palabras se han pegado a mi alma a manera de estribillo: “Sacátelo de la cabeza, ché! Decí las cosas al revés! A ver, decílas al revés, ché!”
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En otra ocasión, cuando me sentía enternecida y hallaba reposo en sus brazos peludos y fuertes y en su pecho musculoso y velludo, para encontrar seguridad siquiera en ese momentito de mi vida, yo le decía: “Así me gusta. . . Que me trates así!”
El me dijo: “Cómo así, ché?”
Y le dije: “Como a un vaso frágil!”
Entonces él se puso alerta y me dijo: “Pará, pará, pará!” “Dé dónde sacás esas palabras, ché? De alguna poesía?”
Yo le dije: “La Biblia dice así de la mujer, que somos vasos frágiles.”
Y él me dijo algo que al comienzo me ofendió, aunque no lo hizo para ofenderme. En realidad, nunca decía nada para ofenderme; por eso he aprendido a escucharle y a no estar siempre a la defensiva.
Esto es lo que me dijo el atorrante: “No seas pelotuda, ché! Quizás la mujer sea más frágil en la sociedad, en medio del hampa, en circunstancias ideales para el acoso sexual, o en el frente de batalla. Pero, no jodás, ché! Ustedes las mujeres no tienen nada de frágiles! Los frágiles somos nosotros, los hombres! A ver, de dónde sacás esa idea?”
Le abrí mi Biblia y le leí en la Primera Epístola del Apóstol Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, de la misma manera vivid con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.”
Entonces él prorrumpió en carcajadas y me confundió aun más.
Cuando se calmó un poco, me dijo: “Ché! Pero. . . Por qué no lo ponés al revés? A ver, decílo al revés?”
Yo no me imaginaba qué había que decir al revés, como a él tanto le gustaba. Por eso le dí la Biblia abierta y con la punta de mi yema le mostré el versículo, y violentamente me acosté boca abajo y cubrí mi cabeza con el almohadón, pensando en qué barbaridades iría a decir, porque él aún no ha nacido de nuevo. Y le escuché leer entre carcajadas:
“Vosotras, esposas, de la misma manera vivid con ellos con comprensión, dando honor al varón como a vaso más frágil y como a coherederos de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.”
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Yo me sentí un poquito ofendida, porque en el acto me despojó del único versículo que para mí era mi refugio y mi especial tesoro, algo para mimarme a mí misma, a gusto. Pero como él era alguien con quien yo podía conversar sin ser humillada, seguimos comentando el versículo una vez que le hube arrojado el almohadón.
El es sarcástico; parece que Dios le ha diseñado así. Sin lugar a dudas, él está programado para ver las cosas al revés y para decirlas al revés, y de ello él resulta sacando provecho, además de chistes realmente geniales y a menudo valiosos, que valen la pena por las lecciones sublimes que de ellos resultan. Por ejemplo, le llamé la atención por reformular las cosas al revés en este versículo, porque el resultado no ligaba; sólo para broma estaba bien.
Pero él se defendió diciendo: “Es que la Biblia dice vaso frágil; y vaso es masculino, por tanto, se aplica mejor al varón. Si querés que se refiera a la mujer, entonces lee, vasija frágil, ché.”
“No importa!”, le dije con terquedad. “De todas maneras, me gusta que me trates como a una vasija frágil!” Pero para entonces, o estaba dormido, o se hacía el dormido el atorrante.
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Roberto y yo hemos compartido muchas veces algunos momentos de reflexión bíblica en la cama.
Entre nos, para decirte la verdad, es el único lugar donde yo puedo tener algunos momentos de reflexión acerca de lo que Dios es para mí como mujer, y para nosotros dos, como pareja. Y aún no habíamos tenido nuestro primer bebé cuando aquella amiga mía, al conocer las profundas inquietudes que yo tenía sobre mi naturaleza de mujer y mi relación con Dios, nos invitó al cine, donde estaban dando la comedia musical Yentl, con Barbra Streisand.
Mi esposo no pudo ir, porque siempre llegaba a la casa muy cansado, pero me permitió ir sola con mi amiga. Entonces me vi a mí misma dentro del frágil cuerpecito de aquella pequeña niña judía, hija del rabino de la ciudad, que se había quedado sin mamá, y para quien su padre llegó a hacer de papá y mamá juntamente.
Yo no había tenido esta experiencia; el parecido era sólo en los pensamientos, sentimientos y cuestionamientos de la pequeña Yentl acerca de Dios, que eran tan, tan similares a los míos. . . Y más aun, lo que ella sentía de adolescente y de persona mayor. Sólo que yo jamás hubiera tenido la osadía de disimular mis senos con una venda de momia, para parecerme a un muchacho y así poder ser “admitido” a estudiar la Torah en una yeshiváh!
Tanto puede una mujer amar la Torah y a Dios como para hacer algo semejante, siendo que sin tetas no hay paraíso? Imagínate que por dármelas de “discípulo sabio”, también a mí terminasen echándome ojo y me haciesen casar con una despampanante muchacha de Israel!
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Mi amiga, que era judía, no quería discutir conmigo sobre estas cosas. Sólo me dijo lo siguiente: “Como verás, también nosotros tenemos estas restricciones estúpidas con respecto a la mujer. Pero si ha sido posible que se hiciera esta película, es porque se ha redescubierto que sí existe cabida para que la mujer se ponga de pie delante Dios y le reclame por qué ha mandado escribir en la Biblia cosas que son tan indignas y degradantes para la mujer, habiendo ella sido hecha a su propia imagen y semejanza.”
En cierta ocasión le dije que Jesús era diferente de los demás hombres, y le pregunté: “Qué opinas de él?” Y me respondió lacónicamente: “Que es un tipo macanudo, ché.”
Nada más. Hace tiempo que no he frecuentado a Daniela Cohen. Ella era mi mejor amiga en la Facultad de Medicina, pero los pocos momentos de conversación con ella han revolucionado tanto mis pensamientos y sentimientos, que he preferido cierta forma de distanciamiento y cuarentena para estar en paz. Sin embargo, en el fondo de mi alma, siempre tuve la corazonada de que ella tenía toditita la razón.
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Aquel año, cuando mi esposo, nuestros niños y yo nos mudamos a un pequeño pueblo al sur del Brasil, me sentí como nunca desolada en medio de la sociedad, y más aun con los problemas de comunicación. El portugués no me parecía un idioma, ni un dialecto, ni siquiera una jerga. No me explico cómo se podía expresar sentido con esa mezcolanza de sonidos y palabras truncas. Pero ni bien me adapté y me empezó a gustar, empecé a asistir a una iglesita evangélica muy acogedora.
En ese ambiente me sentía muy alegre de revivir y rememorar los años de mi infancia, contemplando a mi padre cuando hablaba desde el púlpito en nuestra iglesita de la Plaza Marsano. Pero no pasó mucho tiempo hasta que todo aquel idilio se enfrió.
Realmente, más calor espiritual encontraba escondida en los brazos y en el pecho velludo de mi hombre, que en aquella iglesia frígida donde las mujeres nos sentábamos aparte, en un lado del templo, y los hombres en otro. Y lo que es peor, comenzaron a imponerme maneras de vestir, me prohibían que arreglara mi hermosa cabellera, y lo que es peor. . . Eso no lo hubiera soportado mi marido jamás! Me prohibían que me afeitara las piernas, y al ver mis piernas sexies y hermosas, como para morderlas rico, rico, las mujeres de aquella iglesia se ponían a cuchichear entre ellas, malévolamente.
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El pastor de aquella iglesia debió enterarse de mis aprensiones, sobre todo del hecho que no podía invitar a mi esposo para tenerlo sentado en una banca desolada en la otra ala del templo. Por eso explicó en cierta ocasión que esa práctica se debía a que las mujeres somos portadoras del pecado. Imagínense! Como si por naturaleza fuésemos sidosas, espiritualmente hablando!
Entonces me di cuenta de algo que quizás las demás mujeres no se habían dado cuenta, porque simplemente no se les permite pensar: Los pastores se adjudican el derecho de añadir al castigo que Dios ya nos ha impuesto, según la Biblia, y hallan placer en hacerlo cada vez más cruel, más humillante, más ofensivo, porque la Biblia nada dice de sentarse en bancas separadas en la iglesia y después del culto, ir a meterse en la misma cama. Qué gracioso! Di?
No les parece ridículo? Así, es, amigas, nuestros pastores se parecen a veces a ese chiquillo antipático, ese Quico, del programa del Chavo del Ocho, que tantas ganas me daban de ahorcarlo cada vez que lo veía en la televisión. Después de que su madre, doña Florinda, le ha propinado injustamente a don Ramón una sonora cachetada, el Quico, al igual que los pastores, añade a la cachetada un empujón, diciéndole: “Chuzma! Chuzma!Chuzma!”
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Juntos con mi esposo nos hemos puesto a pensar sobre este hecho, y él, sin ser cristiano, sólo con su sentido común y con su metodología de poner y decir las cosas al revés, me ha dicho: “Si Dios ha hecho de la mujer un ser contagioso, entonces su obra no es perfecta. Para que Dios perfeccione su obra, en lugar de mantener en eterna cuarentena en el templo a este ser contagioso, debería tenerle compasión y dejarla de una vez en paz en su casa, y a los hombres darles más bien muñecas inflables o robotitas, para que puedan acudir al templo con ellas y se sienten juntos uno al lado de ella, sin asco ni peligro de contagio. Así hasta podrían llenar la iglesia de cabo a rabo!”
Sus palabras me parecieron chocantes al principio, pero al final me hicieron reír. Por fin, nos despedimos con un besito de buenas noches, y antes de bostezar y dormirme me atreví a decir: “Las muñecas inflables, además, tendrían la ventaja de que guardarían silencio absoluto en medio de la congregación. . .”
Pero para qué lo dije! Pues él añadió el siguiente comentario: “No se escucharía un solo pedo en toda la congregación!” Y el sueño se nos esfumó.
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Han pasado los años y nuestra familia ha sentado raíces en el Brasil. Pero extraño mucho mi Buenos Aires querido, y aunque no lo crean, también extraño Lima con su cielo color de su panza del burro, sobre todo por las dichosas experiencias y los recuerdos del hogar pastoral y la iglesita evangélica de la Plaza Marsano en que nací y crecí!
Por fin, mi esposo y yo decidimos obsequiarnos con un regalo de aniversario visitando ambas ciudades, pero no sólo por unos pocos días, sino para una larga vacación.
En Buenos Aires volví a visitar mi añorada iglesita en el Barrio del Once, y mi esposo tuvo la gentileza de acompañarme. Muy raras veces él me acompañaba a la iglesia, y cuando salíamos, y yo empezaba a comentar el mensaje, él decía, moviendo su cabeza y su mano: “Sin comentarios. . .” Pero ahora, de vacaciones, no podíamos andar el uno por un lado y el otro por otro, así que volvimos a visitarla juntos los dos.
Llegamos justamente cuando se estaba anunciando un estudio bíblico dirigido por el doctor Douglas Smith, un importante conferencista norteamericano, invitado, quien hablaría acerca de la Mujer en las iglesias fundadas por el Apóstol Pablo, sobre todo en una iglesia carismática problemática en la ciudad griega de Corinto, a la cual él definía como una “Iglesia Pneumática” Quizás porque en lugar de mujeres, los hombres llevaban allí a sus “muñequitas inflables”, Ja! Ja! Ja! Ja! Como los pneumáticos de los coches, pues. . . Ja! Ja! Ja! Ja!
No puedo contener la risa. Ja! Ja! Ja! Ja!
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El doctor Douglas Smith era muy hábil con la comunicación y deleitaba al público dibujando en la pizarra bosquejos del texto de la Primera Epístola de San Pablo a los cristianos de esa ciudad de Corinto. En lugar de dormirte, el hombre te hacía pensar y re-pensar, y de rato en rato te hacía reír a carcajadas.
Nos mostró que el pensamiento de Pablo es súmamente coherente, y que un bosquejo apropiado podría ayudarnos en el estudio más detallado que seguiría en los días a continuación. Nos mostró que desde el Capítulo 12 hasta el Capítulo 14, se trata en realidad de un solo tema: Los dones espirituales y su correcta utilización en el culto y en la vida en la comunidad y en la sociedad.
A mi esposo le encantaron las palabras de Pablo acerca del “más importante de todos los dones”, el don del amor, en el Capítulo 13. Ubicado justamente en medio de la unidad literaria.
Este es el bosquejo que escribió el reverendo Smith en la pizarra. . . Y como todos ayudamos a su elaboración, las cosas adquirieron de pronto una claridad meridiana:
Capítulo 12: Los dones que reparte el Espíritu Santo
Capítulo 13: El más importante de todos los dones: El amor
Capítulo 14: Los demás dones y el don de lenguas, que nada tiene que ver con los así llamados
“besos babosos”.
* * *
Al final de la charla nos dijo que hacia el final del Capítulo 14, el Apóstol Pablo expresó su tan debatida prohibición de que las mujeres hablaran en la congregación, quizás en relación con ciertos excesos en la práctica del don de lenguas (el estúpido de mi marido dice que eso es porque las mujeres tienen el don de la lengua larga). Entonces prometió que estudiaríamos en la siguiente semana lo que esa prohibición significa dentro de estos tres capítulos, o después del Capítulo 14, como aparece en otros documentos griegos antiguos de la Epístola. “Por ahora”, dijo, “solamente leamos lo que dice la Palabra de Dios, a fin de reflexionar al respecto hasta la próxima charla.”
Sentí una especie de punzada cuando volví a escuchar después de mucho tiempo esas palabras que tanto me han torturado como mujer sensible:
“Como en todas las iglesias de los santos, las mujeres guarden silencio en las congregaciones; porque no se les permite hablar, sino que estén sujetas, como también lo dice la ley. Si quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque a la mujer le es impropio hablar en la congregación.”
Y quedé estupefacta cuando mi marido me expresó su interés por asistir fielmente a dichos estudios.
* * *
Cuando salimos de la iglesia, un profundo vacío en mi corazón fue detectado de inmediato por Roberto; a la verdad yo pensaba que no era prudente llevarlo a esas charlas. Ambos guardábamos silencio mientras caminábamos lentamente por el largo boulevard.
Para romper el silencio le pregunté temerosa:
Qué te pareció la charla, es decir, el doctor?
Y él respondió con evidente sinceridad:
Pues. . . con toda honestidad. . . divino!”
Entonces le confesé que esas palabras que leímos al final me habían torturado toda la vida, que muchas veces había tenido la tentación de decir que eso lo habría dicho o escrito algún alcahuete misógino, pero nunca habrían salido de los labios del buen Jesús y del Creador de la mujer. Pero aun pensar en esto me ocasionaba pánico; miedo de la eterna condenación, y miedo de que las palabras de un misógino hayan llegado a ser Palabra de Dios. De otro modo, cómo han venido a ser introducidas en la Biblia?”
Roberto andaba pensativo, y de pronto me dijo: “Tengo una idea, ché. . . Cuando lleguemos a casa abríme tu Biblia en esas palabras que dices que tanto te torturan. Quizás no son tan horribles como te parecen. Quizás San Pablo no era ningún alcahuete misógino, ché. Además, acaso no dijo el conferencista que en otros documentos esas palabras no aparecen dentro, sino al final del Capítulo 14, habiendo la posibilidad de que fueran una post-data posterior, introducida por algún copista, y no por San Pablo mismo?”
* * *
Mientras nos dirigíamos a casa me moría de miedo de que finalmente también terminara perdiendo a mi esposo, si él se sumaba a los ejércitos de los que degradan a la mujer utilizando para ello la Biblia, la mismísima Palabra de Dios. Por eso, al llegar a casa, hice como que me había olvidado por completo del asunto. Pero él insistió:
Abríme tu Biblia en esas palabras de San Pablo, y permití que yo mismo te las lea.
No tuve más alternativa. Tuve que hacerlo, mientras me hacía a la idea de que quizás me convendría nunca más llevarlo a la iglesia, o a un estudio bíblico misógino llevado a cabo por varones o por “varonas” que van más allá de lo convencional.
Entonces él, haciendo justicia a su metodología inveterada de decir las cosas al revés, leyó:
“Como en todas las iglesias de los santos, los varones guarden silencio en las congregaciones; porque no se les permite hablar, sino que estén sujetos, como también lo dice la ley. Si quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propias mujeres; porque al varón le es impropio hablar en la congregación.”
* * *
Cuando acabó de leer, restauró la sonrisa y la alegría a mis labios, y de pronto me dio un verdadero ataque de risa santa. Antes, ni yo, ni mi padre, ni ningún predicador había resultado con semejante chorro de ingenio e inspiración. Roberto me estaba convenciendo de que su interpretación de los textos sagrados, “al revés”, es la mejor.
Claro, si algo se dice de la mujer, también tiene que referirse al hombre, y viceversa! O no?
Roberto sonríe y dice:
Te aseguro, ché, que San Pablo se refirió a las mujeres que tanto cuchichean en la iglesia. Yo mismo he visto eso en las iglesias a donde me has llevado, cosa que no veo en nuestros templos católicos. Aunque los hombres también cuchichean, las mujeres cuchichean más. Mira nomás que en las iglesias católicas eso ocurre menos. Aunque tengo que reconocer que en medio del intenso calor del verano, fue en la catedral donde nos sentamos a solas, a la luz tenue de las velas, y nos enamoramos en silencio, y nos dimos nuestro primer beso de amor.
Yo también tengo que reconocer, que fue en una catedral donde empezó la historia de nuestro amor.
* * *
Otro día Roberto me preguntó si acaso yo seguía pensando que Dios es misógino, es decir, que tanto odia a la mujer.
Le respondí que no y que, a pesar de las apariencias, nunca había pensado de esa manera. Pero que me hervía la sangre que de algunos pocos versículos bíblicos, los teólocos oficiales de la iglesia hayan deducido que la mujer, por el hecho de tener cabellera hermosa, tetas, vagina y voz de mujer, no puedan ministrar la Santa Cena o la Misa. Ni que pueda predicar desde el púlpito ni enseñar, sobre todo si en las bancas está sentado por lo menos un imbécil. Y lo que es peor, que no pueda orar, es decir, hablar con Dios, su Creador. Eso sí que es el colmo de los colmos!
Roberto me escucha en silencio y observa cómo se enardece mi amargura. Entonces empieza a aplicar su metodología de ver las cosas al revés, y me mete de nuevo en aprietos. Honestamente me arrepiento de haberlo provocado con mis palabras, porque cuando él empezó dizqué a “invertir” mis palabras, yo no pude hacer que se callara la boca.
Esto es lo que me dijo el baboso de mi marido: “Entonces, el hombre sí puede predicar, y repartir el pan y la leche, perdón, el vino, y enseñar, y orar, porque tiene pene, vello abundante en el pecho, en los brazos y en las piernas, además de su olor penetrante y su seductora voz varonil?
* * *
Le rogué que se callara la boca, por favor! Y lo hizo, pero no sin antes recordar el lindo bosquejo de 1 Corintios 1214 que hiciera el reverendo Smith en la Iglesia del Barrio del Once. Dijo: “Una cosa me llamó la atención, más que todas, en la exposición de ese conferencista genial.”
Le pregunto: “Qué cosa?” No sin temor de que de nuevo me metiera en aprietos con su manía de decir las cosas al revés.
Y respondió: “Me deleitó el Capítulo 13, que habla del amor. No creo que nadie jamás haya escrito del amor como lo ha hecho San Pablo. Honestamente, le felicito y le admiro. Pero. . .”
Muy nerviosa pregunto: “Pero qué?”
“Pero más adelante nos hizo leer en el Capítulo 14 las palabras acerca de la prohibición de que la mujer hable en la congregación. Honestamente, no creo que el hombre amante que ha escrito el capítulo 13 sea el mismo hombre que ha escrito el capítulo 14, salvo que nosotros, sus lectores, no entendamos bien las cosas. Pero así, leyendo a saltitos, pareciera que en el capítulo 13 Pablo te dijera: Te amo. . . Guau! Y en el capítulo 14 te dijera: Pero calláte la boca, ché!”
* * *
Yo intenté argumentar, pero él me tapó la boca diciéndome: “Pará, pará! San Pablo no puede haber tenido esto en su mente ni en su corazón!”
“Tienes toda la razón”, le digo, “y quizás harías un gran favor a la humanidad si dictás a los predicadores un curso corto programado para enseñarles tu metodología de decir las cosas al revés. Y en cuanto a mí respecta, quizás, antes de hundirme en mi paranoia y en mi esquizofrenia de mujer, debería contemplar más bien a ese gran galán, a Jesús, quien no les tenía ni miedo ni asco a las mujeres, como tantos predicadores morbosos que suben al púlpito para exponer la bendita Palabra de Dios.”
O my God! Dios tenga misericordia de mí, y de ti que me acabas de escuchar semejante aberración!
* * *
Este testimonio de la doctora Susana Jiménez revela cuán mal interpretada es la mujer en medio de una sociedad cristiana machista donde los varones somos enseñados desde pequeños a denigrarla, muchas veces esgrimiendo la Biblia. Podrá existir alguna solución a semejante problema?
Creo que esta historia da la respuesta: Que tanto la mujer como el hombre tengan la oportunidad de aprender que la Biblia realmente enseña cosas nobles y dignas, y si algunas partes reflejan situaciones de discriminación de la época, eso debe servir para la investigación científica, no para reproducir anómalamente tales situaciones en nuestra propia época.
Yo derramé lágrimas al escuchar su historia. No te ocurre lo mismo, George?
A mí me hizo reír, pues se nota que se le ha pegado la jerga argentina. . .
Ella me dijo: “Perdone mis palabras tan groseras. . .” Y le dije: “No se preocupe, doctora. Era tiempo que alguien hablara así para comunicarnos pensamientos hermosos, porque ya estamos hartos de que esgrimiendo la Biblia nos comuniquen pensamientos groseros.”
LA GINECOLOGA
De mujer a mujer, quiero departir contigo respecto del doloroso trauma que he sufrido en silencio a lo largo de toda mi existencia, a causa de nuestro status de mujeres dentro de la voluntad de Dios revelada en su Santa Palabra.
Quizás no me hubiera atrevido a escribir mi testimonio personal, si no hubiera sido porque cierta amiga judía me invitó una vez a ver la película “Yentl”, con Barbra Streisand. Tal era entonces mi timidez y mi miedo de pensar en la justicia de las cosas que nos doblegan a causa de nuestro sexo y por ser nosotras las que transmitimos el mal, que no acepté por nada del mundo ir a ver una película como esa, porque pudiera trastornar mi paz lograda con tanta insatisfacción.
Prácticamente, mi amiga me obligó a entrar a la sala de cine, y una vez dentro, me obligó a abrir mis ojos y mirar, sobre todo las escenas eróticas, por lo cual le quedo súmamente agradecida, porque realmente han sido para mí una inmensa bendición.
* * *
Después de ver aquella película, pensé que se había hecho mal al intentar cambiar el orden divino establecido para la mujer, de estar siempre sometida a su marido, o a cualquier hombre, incluido el hombre ajeno.
Pensaba que el haber hecho eso, eso de ir a ver esa película, sólo equivalía a levantar polvo, inútilmente, porque, quién podría tener éxito en cambiar las cosas que dice la Biblia que han sido establecidas por un Dios que no cambia?
Pero no he podido evitar que mi admiración por Yentl creciera cada día y que hasta cierto punto significara mi liberación. Porque como ella, yo también siento ser un ser creado por Dios, hecha para contener la totalidad de la humanidad en cada una de mis células y para empujar mi alma a encontrar el sentido de su existencia y de su naturaleza en la realidad del divino Creador.
* * *
Mi padre fue pastor evangélico toda su vida. El era de carácter muy noble y bonachón, y la gente se aprovechaba de esto. Por eso habrá sido que mi madre le dijo un día cuando se pelearon: “A vos, hasta los perros te mean!” Con el perdón de usted, amado lector.
Fue a él que le escuché por primera vez decir que las mujeres estamos bajo eterna maldición por haber cometido el gran pecado de abrir las puertas para que el mal entrara en el mundo. Eso le echó en cara a mi madre, aquel día, y mi madre calló y lloró amargamente en un rincón del dormitorio.
Yo no lloré, pero mi mente infantil elaboraba febrilmente el pensamiento de que acaso Dios, que es amor, tuviese la bondad de exculparnos por lo menos a nosotras, las niñas pequeñas, tomando en cuenta nuestra corta edad. Cómo se le puede hacer culpable de algo a una niña pequeña?
Pero la respuesta no se hizo esperar cuando fuimos invitados al culto de aniversario de una iglesia en otro distrito de la ciudad, y el pastor dijo en su sermón de aniversario: “Son culpables también las niñas, aun desde la cuna, y desde el momento de su concepción!”
* * *
No me cabe en la cabeza, por qué tienen que predicar de este tema tan horrible, justamente en una hermosa fiesta de aniversario, mientras las mujeres están metidas en la cocina sudando la gota gorda para darles de comer a ellos, a los señores encorbatados!
Como mencionó varias pruebas bíblicas en lenguaje numéricamente codificado, me tuve que conformar con esa respuesta, aunque era tan dolorosa para mí. Porque por un lado, yo amaba a Dios con todo mi amor, con todo mi corazón, y de veras sentía que él también me amaba a mí, pero aquel pastor enseñaba que sobre esta realidad se imponía la triste realidad del pecado de ser mujer.
El decía otras cosas más sobre nuestro sexo, cosas ofensivas que no puedo repetir, aunque a él le parecían broma, chiste, para hacer reír al público desde el púlpito consagrado a la predicación de la Palabra de Dios.
* * *
Como el pensamiento de la ventaja de ser niña quedó hecho añicos, elaboré febrilmente otra posible salida, diciéndome a mí misma: “Será, pues, culpable la mujer que abrió la puerta al pecado, y nadie más. No es injusto decir que también son culpables todas las mujeres que en ese momento aun no habían nacido?”
Las explicaciones para decir que la culpabilidad de ella ha pasado a todas sus descendientes mujeres nunca me han podido convencer, aunque las he asimilado en sumisión. Porque si así lo dice Dios, yo no tendría nada que argumentar, porque si argumentase, “añadiría pecado al pecado y condenación a la condenación”, como le solía decir mi padre a mi atribulada mamá.
* * *
Así las cosas, con el transcurso del tiempo traté de no volver a pensar en esto, porque no quería dar cabida a la amargura ni derramar lágrimas a solas, porque Dios se solidarizara tanto con ellos, aun cuando algunos de ellos son unos pillos, como aquel pastor que en medio de su sermón sobre la santidad, fue interrumpido por una mujer desgreñada que señalando su panza le dijo a toda la congregación: “Esto me lo hizo él, y después se escabulló de su responsabilidad!”.
Mi dolor y mi ansiedad eran grandes, y por despecho, fácilmente me doblegaba ante cualquier actitud o capricho del varón, no porque temiera perder el cielo, sino porque temía perder el amor de Dios. O acaso las dos cosas son lo mismo?
Así empieza mi paranoia de mujer. Te parece poca cosa?
* * *
En otra ocasión, también una gran celebración de aniversario de una iglesia hermana, mi padre fue invitado a predicar, y lo hizo muy bien. El siempre se preparaba y se ensayaba en su escritorio y en el púlpito, ante la iglesia vacía. Y no recuerdo un solo sermón suyo que no haya tenido estrecha relación con la vida de la gente y las celebraciones especiales de la iglesia; no como cierto pastor de cuyo nombre no me quiero acordar, que en el Día de la Independencia hablaba acerca de los Reyes Magos, y en la Navidad se largaba un sermonazo contra Halloween.
En esa fiesta de aniversario mi papá trató acerca de las Bodas de Caná, y dijo que como aquellas bodas, la ocasión de un aniversario es festiva. Pero al verse metido en aprietos por la mención del vino en la historia de las bodas de Caná, enfatizó en el hecho de que la iglesia sí debe tener fiestas que retumben en el cielo, pero sin vino y sin baile; sólo con danza espiritual.
En un acápite dijo: “Voy a decirles algo que quizás les pueda escandalizar: El vino no es pecado!”
Todos los presentes abrieron desproporcionadamente sus ojazos y pararon la oreja.
Creo que para eso lo dijo, para captar la atención al cien por ciento. Así era él de vivazo! Luego continuó diciendo: “El vino es tan sólo una costumbre de algunos pueblos, inclusive de los judíos. Pero no es nuestra costumbre de nosotros, los evangélicos. Pero igual, puede haber fiesta sin vino. Verdad, hermanos?”
Todos gritaban: “Amén! Amén! Aleluyáaa!”
Y él proseguía diciendo: “Acaso no nos dan gozo y regocijo los cuyes al horno, o la papa a la huancaína, o el ají de gallina, o los juanes, o los tamales o los biscochitos o la chicha morada?”
Y todos gritaban: “Amén! Amén! Aleluyáaa!”
* * *
Aquella fiesta fue algo realmente bello, y el sermón de mi padre fue muy apto para la ocasión, pero no calculó bien las cosas y cometió un error garrafal. Al final, antes de la oración, llamó a subir al estrado a las damas que habían participado preparando la comida tan deliciosa, para que todos los comensales pudiéramos expresarles nuestro agradecimiento con un voto de aplauso.
Entre las damas estaba la esposa del pastor de esa iglesia, la hermana Catalina, envuelta en su mandil empapado, y ella misma, despeinada y chorreando de sudor. Cómo se avergonzaba, la pobre mujer, porque ante la insistencia del público la sacaron de la cocina casi a empellones!
En realidad, ella no quería ni que la vieran los invitados.
Todas aquellas mujeres en el estrado estaban muy felices, porque los varones tenían la barriga llena y el corazón contento, y sus copas estaban rebosando (hablando figuradamente, por supuesto, y no de manera literal). Entre ellas, también habían dos niñas de unos doce o trece años de edad, con sus mandiles ensuciados y empapados, porque habían ayudado todo el tiempo en la cocina.
Entonces mi papá cometió el error de pedirle a la hermana Catalina que dijera unas cuantas palabritas. E hizo mal en insistir.
Y el despelote ocurrió cuando le pidió que terminara con una breve oración.
* * *
Entonces su esposo, el pastor de esa iglesia, levantó la mano desde su mesa, y con una voz poderosa le interrumpió a su mujer justamente cuando ella terminaba de saludar. Menos mal que no había empezado a orar, porque hubiera interrumpido una conversación íntima con Dios, y no sé si le hubieran perdonado ni Dios ni sus ángeles presentes.
El pastor le dijo a su mujer desde su mesa: “Tú, te callas la boca, porque ya debes saber que la Palabra de Dios no te permite hablar en medio de la congregación!” Y dirigiéndose a mi padre, le dijo: “Disculpe, pastor, pero no debió invitarla a orar en público, porque eso es contra la voluntad de Dios.”
Aquel pastor procedió a abrir su Biblia y leyó algunos versículos, y todos los hermanos, y también las hermanas, decían tras cada una de sus frases: “Amén! Amén! Gloria a Dios! Aleluyáaa!”
Todo aquello me dio asco, y bien me hubiera refundido en el baño para vomitar.
* * *
Al final de aquella fiesta, todos estaban alegres y felices. Inclusive las mujeres, aunque a la hermana Catalina parece que le había tragado la tierra de vergüenza y de consternación. Pero nadie se avergonzó de eso que hizo el pastor, ni aun mi padre. A la verdad, él pensaba igual que el esposo de la hermana Catalina, pero creo que él no le hubiera gritado ni tapado la boca a mi mamá delante de tanta gente invitada.
Creo que solamente yo, que en aquellos días tendría 16 años, sufrí mucho. Pero no quise pensar más en ello, “para no añadir pecado al pecado y maldición a la maldición”.
Quería borrar aquella escena de mi mente. Una vez en mi cuarto y a solas, con mis lágrimas resecas sobre mis mejillas, le dije a Dios que estaba abatida por el dolor que todo aquello me había ocasionado, y quedé profundamente dormida.
* * *
A medida que entraba en los años de la adolescencia, me refugié en el estudio. A mí me gustan de manera especial las ciencias biológicas. Me asombra la creación de Dios y me parece que los científicos que la estudian y descubren sus secretos para el bien de la humanidad, aunque sean ateos son grandes siervos de Dios, tanto como los mismos pastores y evangelistas que nos exponen la Palabra de Dios en las iglesias.
Mis calificaciones han sido siempre altas en ciencias biológicas, pues pensaba que si alguna vez yo quisiera estudiar ginecología, mis calificaciones debían expresar el alto concepto que tengo de cada disciplina relacionada con esta profesión, y en definitiva el alto concepto que tengo de la obra de Dios en la Creación.
* * *
Gradualmente me he puesto a reflexionar sobre la maravilla de la creación de Dios reflejada en el cuerpo de la mujer, en mi propio cuerpo, al cual me deleitaba contemplarlo desnudo, o recatadamente cubierto para acentuar su sensualidad. No es que haya dado cabida al hedonismo, o que me deleitara en el pecado de la pornografía, o que manifestara tendencias homosexuales, porque el cuerpo del varón se me pinta igualmente maravilloso, atractivo a la vista, codiciable y bueno para comer, o como dicen en Argentina, “como para comerlo crudo”. Pero lo que tiene de especial el cuerpo de una mujer es que puede contener la vida, dar la vida y expresar la vida. Esto es algo único, que no tiene el cuerpo del varón.
Realmente el hombre no puede ni siquiera imaginarse ese maravilloso mundo nuestro, que exteriormente el Creador ha dotado de tanta belleza y atractivo sensual, que constituyen el lujoso papel de regalo de la vida.
* * *
En estas cosas pensaba, y me asediaba de nuevo el pensamiento de que este Dios maravilloso que hiciera a la mujer con tanto placer personal (porque se nota), la convirtiera en el revoltijo de pecado y de maldición para todas las generaciones. Entonces lloraba, mucho, mucho, porque una cosa me dice mi naturaleza de mujer, y otra cosa me dice la Biblia, que yo considero Palabra de Dios.
El resultado es una especie de paranoia que se gesta en mi alma y me tortura. Sí, el pecado ha hecho que todas las mujeres seamos esquizofrénicas por naturaleza, y una manera de calmar nuestra tensión es doblegándonos al varón en silencio ante sus palabras y sus reconvenciones y sus humillaciones, pero sólo para terminar más amargadas de la desigualdad humana establecida por Dios.
* * *
Por un largo tiempo las ciencias han sido mi único refugio. Llegué a saber mucho más que los varones de mi edad, porque me prendía de los libros y de los programas de Discovery Channel, Discovery Health, etc., a los cuales no sólo leía, observaba y estudiaba, sino también devoraba con ansiedad y convertía en mi momento devocional. Pero cuando obtuve mi DNI, mis inquietudes también se volcaron sobre el estudio bíblico.
No me perdía ninguna charla especial en la iglesia, aunque en realidad ya no hallaba nada de especial a causa de que tanto se repetían las mismas cosas, hasta el aburrimiento. Pero he ido a campamentos juveniles y de universitarios, y he estado alerta y ansiosa por penetrar al estudio bíblico.
En un campamento, cierto conferencista joven, invitado de Argentina, nos dijo que a Dios ni le asusta ni le disgusta que seamos cuestionadores, preguntones, investigadores. El también nos dio una lista de citas numéricas que prueban este hecho de manera contundente. “Por eso”, decía, “el cristiano no tiene por qué vivir atrapado en el círculo vicioso de la duda y del desconsuelo.”
Por eso, excluyendo el tema del pecado original de la mujer, pensé que todos los demás temas posibles me estaban permitidos abarcar y cuestionar.
El criterio de ese conferencista argentino, Dante Gebel, me ha librado a tiempo de tantas ansiedades, que confieso que no solamente yo, sino todas las chicas presentes nos quedamos como bobas escuchándole: “Cho te voy a demostrar, ché, que Dios no es ningún viejo mi querido viejo! El nunca camina lerdo, ché. Tampoco tarda, ni menos olvida, ché. Sacátelo de la cabeza, ché! Dios es joven como tú, y juntos pueden hacer una buena chunta y una linda pareja de amigos!”
* * *
Cuando terminé mis estudios de ginecología me casé en Argentina con un hombre muy bueno e inteligente, que se parecía bastante a aquel conferencista de quien me quedé tan embobada cuando visitó Lima. El no es salvo, pero es más limpio y santo que todos los hombres creyentes que he conocido. Hubieron algunas ocasiones en que nos pusimos a conversar y a discutir algunas cosas de la Biblia, y aunque de reojo y formulando las cosas a su manera y con torpeza, él hacía comentarios muy valiosos que me servían de ayuda y edificación.
Por ejemplo me dijo una vez: “Por qué me vienes jorobando con eso de que la mujer es la achuda idónea del varón? Cha me tienes podrido, ché! Acaso no es el hombre también la achuda idónea de la mujer? Acaso no soy eso para ti, ché?”
De veras que no había escuchado decir esto en ninguno de los sermones de mi papá o de cualquier otro predicador de iglesia, y me parecía que de veras era real e inteligente. Por eso sus palabras se han pegado a mi alma a manera de estribillo: “Sacátelo de la cabeza, ché! Decí las cosas al revés! A ver, decílas al revés, ché!”
* * *
En otra ocasión, cuando me sentía enternecida y hallaba reposo en sus brazos peludos y fuertes y en su pecho musculoso y velludo, para encontrar seguridad siquiera en ese momentito de mi vida, yo le decía: “Así me gusta. . . Que me trates así!”
El me dijo: “Cómo así, ché?”
Y le dije: “Como a un vaso frágil!”
Entonces él se puso alerta y me dijo: “Pará, pará, pará!” “Dé dónde sacás esas palabras, ché? De alguna poesía?”
Yo le dije: “La Biblia dice así de la mujer, que somos vasos frágiles.”
Y él me dijo algo que al comienzo me ofendió, aunque no lo hizo para ofenderme. En realidad, nunca decía nada para ofenderme; por eso he aprendido a escucharle y a no estar siempre a la defensiva.
Esto es lo que me dijo el atorrante: “No seas pelotuda, ché! Quizás la mujer sea más frágil en la sociedad, en medio del hampa, en circunstancias ideales para el acoso sexual, o en el frente de batalla. Pero, no jodás, ché! Ustedes las mujeres no tienen nada de frágiles! Los frágiles somos nosotros, los hombres! A ver, de dónde sacás esa idea?”
Le abrí mi Biblia y le leí en la Primera Epístola del Apóstol Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, de la misma manera vivid con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.”
Entonces él prorrumpió en carcajadas y me confundió aun más.
Cuando se calmó un poco, me dijo: “Ché! Pero. . . Por qué no lo ponés al revés? A ver, decílo al revés?”
Yo no me imaginaba qué había que decir al revés, como a él tanto le gustaba. Por eso le dí la Biblia abierta y con la punta de mi yema le mostré el versículo, y violentamente me acosté boca abajo y cubrí mi cabeza con el almohadón, pensando en qué barbaridades iría a decir, porque él aún no ha nacido de nuevo. Y le escuché leer entre carcajadas:
“Vosotras, esposas, de la misma manera vivid con ellos con comprensión, dando honor al varón como a vaso más frágil y como a coherederos de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.”
* * *
Yo me sentí un poquito ofendida, porque en el acto me despojó del único versículo que para mí era mi refugio y mi especial tesoro, algo para mimarme a mí misma, a gusto. Pero como él era alguien con quien yo podía conversar sin ser humillada, seguimos comentando el versículo una vez que le hube arrojado el almohadón.
El es sarcástico; parece que Dios le ha diseñado así. Sin lugar a dudas, él está programado para ver las cosas al revés y para decirlas al revés, y de ello él resulta sacando provecho, además de chistes realmente geniales y a menudo valiosos, que valen la pena por las lecciones sublimes que de ellos resultan. Por ejemplo, le llamé la atención por reformular las cosas al revés en este versículo, porque el resultado no ligaba; sólo para broma estaba bien.
Pero él se defendió diciendo: “Es que la Biblia dice vaso frágil; y vaso es masculino, por tanto, se aplica mejor al varón. Si querés que se refiera a la mujer, entonces lee, vasija frágil, ché.”
“No importa!”, le dije con terquedad. “De todas maneras, me gusta que me trates como a una vasija frágil!” Pero para entonces, o estaba dormido, o se hacía el dormido el atorrante.
* * *
Roberto y yo hemos compartido muchas veces algunos momentos de reflexión bíblica en la cama.
Entre nos, para decirte la verdad, es el único lugar donde yo puedo tener algunos momentos de reflexión acerca de lo que Dios es para mí como mujer, y para nosotros dos, como pareja. Y aún no habíamos tenido nuestro primer bebé cuando aquella amiga mía, al conocer las profundas inquietudes que yo tenía sobre mi naturaleza de mujer y mi relación con Dios, nos invitó al cine, donde estaban dando la comedia musical Yentl, con Barbra Streisand.
Mi esposo no pudo ir, porque siempre llegaba a la casa muy cansado, pero me permitió ir sola con mi amiga. Entonces me vi a mí misma dentro del frágil cuerpecito de aquella pequeña niña judía, hija del rabino de la ciudad, que se había quedado sin mamá, y para quien su padre llegó a hacer de papá y mamá juntamente.
Yo no había tenido esta experiencia; el parecido era sólo en los pensamientos, sentimientos y cuestionamientos de la pequeña Yentl acerca de Dios, que eran tan, tan similares a los míos. . . Y más aun, lo que ella sentía de adolescente y de persona mayor. Sólo que yo jamás hubiera tenido la osadía de disimular mis senos con una venda de momia, para parecerme a un muchacho y así poder ser “admitido” a estudiar la Torah en una yeshiváh!
Tanto puede una mujer amar la Torah y a Dios como para hacer algo semejante, siendo que sin tetas no hay paraíso? Imagínate que por dármelas de “discípulo sabio”, también a mí terminasen echándome ojo y me haciesen casar con una despampanante muchacha de Israel!
* * *
Mi amiga, que era judía, no quería discutir conmigo sobre estas cosas. Sólo me dijo lo siguiente: “Como verás, también nosotros tenemos estas restricciones estúpidas con respecto a la mujer. Pero si ha sido posible que se hiciera esta película, es porque se ha redescubierto que sí existe cabida para que la mujer se ponga de pie delante Dios y le reclame por qué ha mandado escribir en la Biblia cosas que son tan indignas y degradantes para la mujer, habiendo ella sido hecha a su propia imagen y semejanza.”
En cierta ocasión le dije que Jesús era diferente de los demás hombres, y le pregunté: “Qué opinas de él?” Y me respondió lacónicamente: “Que es un tipo macanudo, ché.”
Nada más. Hace tiempo que no he frecuentado a Daniela Cohen. Ella era mi mejor amiga en la Facultad de Medicina, pero los pocos momentos de conversación con ella han revolucionado tanto mis pensamientos y sentimientos, que he preferido cierta forma de distanciamiento y cuarentena para estar en paz. Sin embargo, en el fondo de mi alma, siempre tuve la corazonada de que ella tenía toditita la razón.
* * *
Aquel año, cuando mi esposo, nuestros niños y yo nos mudamos a un pequeño pueblo al sur del Brasil, me sentí como nunca desolada en medio de la sociedad, y más aun con los problemas de comunicación. El portugués no me parecía un idioma, ni un dialecto, ni siquiera una jerga. No me explico cómo se podía expresar sentido con esa mezcolanza de sonidos y palabras truncas. Pero ni bien me adapté y me empezó a gustar, empecé a asistir a una iglesita evangélica muy acogedora.
En ese ambiente me sentía muy alegre de revivir y rememorar los años de mi infancia, contemplando a mi padre cuando hablaba desde el púlpito en nuestra iglesita de la Plaza Marsano. Pero no pasó mucho tiempo hasta que todo aquel idilio se enfrió.
Realmente, más calor espiritual encontraba escondida en los brazos y en el pecho velludo de mi hombre, que en aquella iglesia frígida donde las mujeres nos sentábamos aparte, en un lado del templo, y los hombres en otro. Y lo que es peor, comenzaron a imponerme maneras de vestir, me prohibían que arreglara mi hermosa cabellera, y lo que es peor. . . Eso no lo hubiera soportado mi marido jamás! Me prohibían que me afeitara las piernas, y al ver mis piernas sexies y hermosas, como para morderlas rico, rico, las mujeres de aquella iglesia se ponían a cuchichear entre ellas, malévolamente.
* * *
El pastor de aquella iglesia debió enterarse de mis aprensiones, sobre todo del hecho que no podía invitar a mi esposo para tenerlo sentado en una banca desolada en la otra ala del templo. Por eso explicó en cierta ocasión que esa práctica se debía a que las mujeres somos portadoras del pecado. Imagínense! Como si por naturaleza fuésemos sidosas, espiritualmente hablando!
Entonces me di cuenta de algo que quizás las demás mujeres no se habían dado cuenta, porque simplemente no se les permite pensar: Los pastores se adjudican el derecho de añadir al castigo que Dios ya nos ha impuesto, según la Biblia, y hallan placer en hacerlo cada vez más cruel, más humillante, más ofensivo, porque la Biblia nada dice de sentarse en bancas separadas en la iglesia y después del culto, ir a meterse en la misma cama. Qué gracioso! Di?
No les parece ridículo? Así, es, amigas, nuestros pastores se parecen a veces a ese chiquillo antipático, ese Quico, del programa del Chavo del Ocho, que tantas ganas me daban de ahorcarlo cada vez que lo veía en la televisión. Después de que su madre, doña Florinda, le ha propinado injustamente a don Ramón una sonora cachetada, el Quico, al igual que los pastores, añade a la cachetada un empujón, diciéndole: “Chuzma! Chuzma!Chuzma!”
* * *
Juntos con mi esposo nos hemos puesto a pensar sobre este hecho, y él, sin ser cristiano, sólo con su sentido común y con su metodología de poner y decir las cosas al revés, me ha dicho: “Si Dios ha hecho de la mujer un ser contagioso, entonces su obra no es perfecta. Para que Dios perfeccione su obra, en lugar de mantener en eterna cuarentena en el templo a este ser contagioso, debería tenerle compasión y dejarla de una vez en paz en su casa, y a los hombres darles más bien muñecas inflables o robotitas, para que puedan acudir al templo con ellas y se sienten juntos uno al lado de ella, sin asco ni peligro de contagio. Así hasta podrían llenar la iglesia de cabo a rabo!”
Sus palabras me parecieron chocantes al principio, pero al final me hicieron reír. Por fin, nos despedimos con un besito de buenas noches, y antes de bostezar y dormirme me atreví a decir: “Las muñecas inflables, además, tendrían la ventaja de que guardarían silencio absoluto en medio de la congregación. . .”
Pero para qué lo dije! Pues él añadió el siguiente comentario: “No se escucharía un solo pedo en toda la congregación!” Y el sueño se nos esfumó.
* * *
Han pasado los años y nuestra familia ha sentado raíces en el Brasil. Pero extraño mucho mi Buenos Aires querido, y aunque no lo crean, también extraño Lima con su cielo color de su panza del burro, sobre todo por las dichosas experiencias y los recuerdos del hogar pastoral y la iglesita evangélica de la Plaza Marsano en que nací y crecí!
Por fin, mi esposo y yo decidimos obsequiarnos con un regalo de aniversario visitando ambas ciudades, pero no sólo por unos pocos días, sino para una larga vacación.
En Buenos Aires volví a visitar mi añorada iglesita en el Barrio del Once, y mi esposo tuvo la gentileza de acompañarme. Muy raras veces él me acompañaba a la iglesia, y cuando salíamos, y yo empezaba a comentar el mensaje, él decía, moviendo su cabeza y su mano: “Sin comentarios. . .” Pero ahora, de vacaciones, no podíamos andar el uno por un lado y el otro por otro, así que volvimos a visitarla juntos los dos.
Llegamos justamente cuando se estaba anunciando un estudio bíblico dirigido por el doctor Douglas Smith, un importante conferencista norteamericano, invitado, quien hablaría acerca de la Mujer en las iglesias fundadas por el Apóstol Pablo, sobre todo en una iglesia carismática problemática en la ciudad griega de Corinto, a la cual él definía como una “Iglesia Pneumática” Quizás porque en lugar de mujeres, los hombres llevaban allí a sus “muñequitas inflables”, Ja! Ja! Ja! Ja! Como los pneumáticos de los coches, pues. . . Ja! Ja! Ja! Ja!
No puedo contener la risa. Ja! Ja! Ja! Ja!
* * *
El doctor Douglas Smith era muy hábil con la comunicación y deleitaba al público dibujando en la pizarra bosquejos del texto de la Primera Epístola de San Pablo a los cristianos de esa ciudad de Corinto. En lugar de dormirte, el hombre te hacía pensar y re-pensar, y de rato en rato te hacía reír a carcajadas.
Nos mostró que el pensamiento de Pablo es súmamente coherente, y que un bosquejo apropiado podría ayudarnos en el estudio más detallado que seguiría en los días a continuación. Nos mostró que desde el Capítulo 12 hasta el Capítulo 14, se trata en realidad de un solo tema: Los dones espirituales y su correcta utilización en el culto y en la vida en la comunidad y en la sociedad.
A mi esposo le encantaron las palabras de Pablo acerca del “más importante de todos los dones”, el don del amor, en el Capítulo 13. Ubicado justamente en medio de la unidad literaria.
Este es el bosquejo que escribió el reverendo Smith en la pizarra. . . Y como todos ayudamos a su elaboración, las cosas adquirieron de pronto una claridad meridiana:
Capítulo 12: Los dones que reparte el Espíritu Santo
Capítulo 13: El más importante de todos los dones: El amor
Capítulo 14: Los demás dones y el don de lenguas, que nada tiene que ver con los así llamados
“besos babosos”.
* * *
Al final de la charla nos dijo que hacia el final del Capítulo 14, el Apóstol Pablo expresó su tan debatida prohibición de que las mujeres hablaran en la congregación, quizás en relación con ciertos excesos en la práctica del don de lenguas (el estúpido de mi marido dice que eso es porque las mujeres tienen el don de la lengua larga). Entonces prometió que estudiaríamos en la siguiente semana lo que esa prohibición significa dentro de estos tres capítulos, o después del Capítulo 14, como aparece en otros documentos griegos antiguos de la Epístola. “Por ahora”, dijo, “solamente leamos lo que dice la Palabra de Dios, a fin de reflexionar al respecto hasta la próxima charla.”
Sentí una especie de punzada cuando volví a escuchar después de mucho tiempo esas palabras que tanto me han torturado como mujer sensible:
“Como en todas las iglesias de los santos, las mujeres guarden silencio en las congregaciones; porque no se les permite hablar, sino que estén sujetas, como también lo dice la ley. Si quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque a la mujer le es impropio hablar en la congregación.”
Y quedé estupefacta cuando mi marido me expresó su interés por asistir fielmente a dichos estudios.
* * *
Cuando salimos de la iglesia, un profundo vacío en mi corazón fue detectado de inmediato por Roberto; a la verdad yo pensaba que no era prudente llevarlo a esas charlas. Ambos guardábamos silencio mientras caminábamos lentamente por el largo boulevard.
Para romper el silencio le pregunté temerosa:
Qué te pareció la charla, es decir, el doctor?
Y él respondió con evidente sinceridad:
Pues. . . con toda honestidad. . . divino!”
Entonces le confesé que esas palabras que leímos al final me habían torturado toda la vida, que muchas veces había tenido la tentación de decir que eso lo habría dicho o escrito algún alcahuete misógino, pero nunca habrían salido de los labios del buen Jesús y del Creador de la mujer. Pero aun pensar en esto me ocasionaba pánico; miedo de la eterna condenación, y miedo de que las palabras de un misógino hayan llegado a ser Palabra de Dios. De otro modo, cómo han venido a ser introducidas en la Biblia?”
Roberto andaba pensativo, y de pronto me dijo: “Tengo una idea, ché. . . Cuando lleguemos a casa abríme tu Biblia en esas palabras que dices que tanto te torturan. Quizás no son tan horribles como te parecen. Quizás San Pablo no era ningún alcahuete misógino, ché. Además, acaso no dijo el conferencista que en otros documentos esas palabras no aparecen dentro, sino al final del Capítulo 14, habiendo la posibilidad de que fueran una post-data posterior, introducida por algún copista, y no por San Pablo mismo?”
* * *
Mientras nos dirigíamos a casa me moría de miedo de que finalmente también terminara perdiendo a mi esposo, si él se sumaba a los ejércitos de los que degradan a la mujer utilizando para ello la Biblia, la mismísima Palabra de Dios. Por eso, al llegar a casa, hice como que me había olvidado por completo del asunto. Pero él insistió:
Abríme tu Biblia en esas palabras de San Pablo, y permití que yo mismo te las lea.
No tuve más alternativa. Tuve que hacerlo, mientras me hacía a la idea de que quizás me convendría nunca más llevarlo a la iglesia, o a un estudio bíblico misógino llevado a cabo por varones o por “varonas” que van más allá de lo convencional.
Entonces él, haciendo justicia a su metodología inveterada de decir las cosas al revés, leyó:
“Como en todas las iglesias de los santos, los varones guarden silencio en las congregaciones; porque no se les permite hablar, sino que estén sujetos, como también lo dice la ley. Si quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propias mujeres; porque al varón le es impropio hablar en la congregación.”
* * *
Cuando acabó de leer, restauró la sonrisa y la alegría a mis labios, y de pronto me dio un verdadero ataque de risa santa. Antes, ni yo, ni mi padre, ni ningún predicador había resultado con semejante chorro de ingenio e inspiración. Roberto me estaba convenciendo de que su interpretación de los textos sagrados, “al revés”, es la mejor.
Claro, si algo se dice de la mujer, también tiene que referirse al hombre, y viceversa! O no?
Roberto sonríe y dice:
Te aseguro, ché, que San Pablo se refirió a las mujeres que tanto cuchichean en la iglesia. Yo mismo he visto eso en las iglesias a donde me has llevado, cosa que no veo en nuestros templos católicos. Aunque los hombres también cuchichean, las mujeres cuchichean más. Mira nomás que en las iglesias católicas eso ocurre menos. Aunque tengo que reconocer que en medio del intenso calor del verano, fue en la catedral donde nos sentamos a solas, a la luz tenue de las velas, y nos enamoramos en silencio, y nos dimos nuestro primer beso de amor.
Yo también tengo que reconocer, que fue en una catedral donde empezó la historia de nuestro amor.
* * *
Otro día Roberto me preguntó si acaso yo seguía pensando que Dios es misógino, es decir, que tanto odia a la mujer.
Le respondí que no y que, a pesar de las apariencias, nunca había pensado de esa manera. Pero que me hervía la sangre que de algunos pocos versículos bíblicos, los teólocos oficiales de la iglesia hayan deducido que la mujer, por el hecho de tener cabellera hermosa, tetas, vagina y voz de mujer, no puedan ministrar la Santa Cena o la Misa. Ni que pueda predicar desde el púlpito ni enseñar, sobre todo si en las bancas está sentado por lo menos un imbécil. Y lo que es peor, que no pueda orar, es decir, hablar con Dios, su Creador. Eso sí que es el colmo de los colmos!
Roberto me escucha en silencio y observa cómo se enardece mi amargura. Entonces empieza a aplicar su metodología de ver las cosas al revés, y me mete de nuevo en aprietos. Honestamente me arrepiento de haberlo provocado con mis palabras, porque cuando él empezó dizqué a “invertir” mis palabras, yo no pude hacer que se callara la boca.
Esto es lo que me dijo el baboso de mi marido: “Entonces, el hombre sí puede predicar, y repartir el pan y la leche, perdón, el vino, y enseñar, y orar, porque tiene pene, vello abundante en el pecho, en los brazos y en las piernas, además de su olor penetrante y su seductora voz varonil?
* * *
Le rogué que se callara la boca, por favor! Y lo hizo, pero no sin antes recordar el lindo bosquejo de 1 Corintios 1214 que hiciera el reverendo Smith en la Iglesia del Barrio del Once. Dijo: “Una cosa me llamó la atención, más que todas, en la exposición de ese conferencista genial.”
Le pregunto: “Qué cosa?” No sin temor de que de nuevo me metiera en aprietos con su manía de decir las cosas al revés.
Y respondió: “Me deleitó el Capítulo 13, que habla del amor. No creo que nadie jamás haya escrito del amor como lo ha hecho San Pablo. Honestamente, le felicito y le admiro. Pero. . .”
Muy nerviosa pregunto: “Pero qué?”
“Pero más adelante nos hizo leer en el Capítulo 14 las palabras acerca de la prohibición de que la mujer hable en la congregación. Honestamente, no creo que el hombre amante que ha escrito el capítulo 13 sea el mismo hombre que ha escrito el capítulo 14, salvo que nosotros, sus lectores, no entendamos bien las cosas. Pero así, leyendo a saltitos, pareciera que en el capítulo 13 Pablo te dijera: Te amo. . . Guau! Y en el capítulo 14 te dijera: Pero calláte la boca, ché!”
* * *
Yo intenté argumentar, pero él me tapó la boca diciéndome: “Pará, pará! San Pablo no puede haber tenido esto en su mente ni en su corazón!”
“Tienes toda la razón”, le digo, “y quizás harías un gran favor a la humanidad si dictás a los predicadores un curso corto programado para enseñarles tu metodología de decir las cosas al revés. Y en cuanto a mí respecta, quizás, antes de hundirme en mi paranoia y en mi esquizofrenia de mujer, debería contemplar más bien a ese gran galán, a Jesús, quien no les tenía ni miedo ni asco a las mujeres, como tantos predicadores morbosos que suben al púlpito para exponer la bendita Palabra de Dios.”
O my God! Dios tenga misericordia de mí, y de ti que me acabas de escuchar semejante aberración!
* * *
Este testimonio de la doctora Susana Jiménez revela cuán mal interpretada es la mujer en medio de una sociedad cristiana machista donde los varones somos enseñados desde pequeños a denigrarla, muchas veces esgrimiendo la Biblia. Podrá existir alguna solución a semejante problema?
Creo que esta historia da la respuesta: Que tanto la mujer como el hombre tengan la oportunidad de aprender que la Biblia realmente enseña cosas nobles y dignas, y si algunas partes reflejan situaciones de discriminación de la época, eso debe servir para la investigación científica, no para reproducir anómalamente tales situaciones en nuestra propia época.
Yo derramé lágrimas al escuchar su historia. No te ocurre lo mismo, George?
A mí me hizo reír, pues se nota que se le ha pegado la jerga argentina. . .
Ella me dijo: “Perdone mis palabras tan groseras. . .” Y le dije: “No se preocupe, doctora. Era tiempo que alguien hablara así para comunicarnos pensamientos hermosos, porque ya estamos hartos de que esgrimiendo la Biblia nos comuniquen pensamientos groseros.”
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EL EVANGELIO DECODIFICADOR
CAPITULO III - LOS AGENTES SECRETOS
CAPITULO 3
LOS AGENTES SECRETOS
Los agentes secretos son personas muy inteligentes; de lo contrario serían nada más que agentes indiscretos y servirían de estorbo.
En un extremo nos chocaríamos con gente imbécil, que echa a perder los planes más elaborados, aun cuando los vindicara un toque de la bendita suerte, como en el caso de Lieutenant Gadget o de su excelencia, el Inspector Truquini, sin dejar de lado a la Pantera Rosa. En el otro extremo nos chocaríamos con gente vendida y sin escrúpulos, carentes de convicciones, como en la comedia televisiva “Agente por Accidente”.
Sin evaluar los objetivos de los agentes secretos en particular, diremos que de ninguna manera pertenecen al montón. Las naciones y los gobernantes más poderosos tienen sus agentes secretos encargados de llevar a cabo los planes más osados. Y hay ciertos agentes que no fracasan, antes tienen el éxito asegurado, como es el caso de algunos a quienes nos hemos de referir a continuación.
* * *
Bien recuerdo aquel 16 de Septiembre, día nacional de México, la primera vez que visité ese hermoso país. Temprano en la mañana salí de mi cuarto en el Hotel Covadonga, detrás del Teatro Blanquita, para un paseo informal por el Zócalo, el centro de Distrito Federal. Así di con una amplia avenida que estaba flanqueada por miles de soldados y marines impecablemente uniformados y armados.
Como no podría cruzar dicha avenida, me quedé parado en la esquina, contemplando el inusitado espectáculo que me caía de gracia y añadidura en mi aventura turística. Hice algunas preguntas a la gente. Y los que me escuchaban se daban cuenta de que yo era extranjero, y se esmeraban en instruirme respecto de todo lo que ocurría.
Un charro panzón, elegantemente vestido de traje, me dijo con despliegue de amabilidad:
Tú no eres mexicano, verdad? Pues se te nota. . . Hoy es el Día de la Independencia de México.
Y qué va a pasar aquí?
Por acá va a pasar a pie el Presidente Echevarría con su comitiva, después de dar su discurso en el Congreso.
* * *
No pasó mucho, y tuve el honor de ver con mis propios ojos al Presidente Echevarría cuando pasaba portando en su pecho la bandera verde-blanca-roja, y rodeado de sus guardaespaldas, ministros y una multitud de reporteros y cámaras de televisión. La atmósfera era de poderío y gloria.
Pero una mujer apasionada que estaba a mi lado rompió el cordón de seguridad, se acercó al Presidente y le dio un sonoro beso en la mejilla.
La escena, que fue repetida a cada rato en la televisión, ocurrió a tres metros del lugar donde yo me encontraba parado, por lo cual puedo decir, sin temor a que me crean vanaglorioso, que fui enfocado reiteradamente por la televisión mexicana a mi llegada a ese país. Aun en los días siguientes vi mi rostro asustado en medio del gentío.
* * *
Mientras tardaba en pasar el Presidente, ya me había hecho cuate de aquel charro panzón y de rostro bonachón, quien compartió conmigo valiosa información reservada del Estado mexicano. Y después que pasó el Presidente, seguimos conversando por un rato hasta que nos tuvimos que despedir. El me reveló:
Yo soy un agente secreto del gobierno de México. En la avenida no hay solamente soldados y policías, sino una multitud de agentes secretos, como yo; pero nadie puede identificarnos. Mira a ese de allá, ese que se hace el borrachín. . . El también es un agente secreto. Y ese de allá, y ese de más allá, y ese charro de allá lejos también lo es. Nosotros estamos a cargo de la seguridad del Presidente y de sus ministros, para que su travesía por la avenida se produzca sin novedad. Te lo comparto a ti, porque veo que eres un turista amigable y no representas ninguna amenaza para el Estado mexicano. Además, a mí los peruanos me caen bien padre. Mira, manito. . .
Desabotonó su saco, y me dejó ver su reluciente revólver que llevaba al cinto.
* * *
Tragué mi saliva, y esforzándome por demostrar serenidad le pregunté:
Y conoces tú a todos los agentes secretos? Cuántos son?
Y respondió:
Somos una legión. Es imposible conocer a todos. Pero yo sé quién es quién a lo largo de toda la avenida.
Le dije:
Y cómo puedes reconocer a tantos?
Y respondió:
Es que para este día especial se ha acordado pintar con pintura blanca una bolita minúscula, del tamaño de un frijol, en la punta de nuestro zapato izquierdo. . . Mira! Esto te lo muestro a ti, porque después de todo, no eres mexicano. . .
* * *
Mientras miraba discretamente la esferita blanca del tamaño de un frijol en la punta de los zapatos izquierdos de los agentes secretos, le pregunté:
Pero esa mujer que besó al Presidente se les escapo, mano! En vez de besarlo, ella pudo haber matado al Presidente!
Y respondió adoptando las muecas ufanas y autosuficientes del Chapulín Colorado:
Lo de esa mujer estaba friamente calculado!
* * *
Se te ha ocurrido alguna vez que también Dios tiene sus agentes secretos encargados del cumplimiento de un Plan Estratégico elaborado desde antes de la fundación del mundo?
Cuál Plan Estratégico, manito?
Su plan ”.
Y quiénes son los meros, mano? Se podrá conocer su identidad? A poco ellos también tienen una bolita blanca en su zapato izquierdo?
Algunos han actuado o actúan de manera muy conspícua, como es el caso de don Benito Juárez, el padre de la nación mexicana. En el tiempo que he vivido en México he tenido el privilegio de enriquecerme con su poderoso testimonio de una manera providencial, de modo que su vida no solamente ha ampliado mi conocimiento de la historia sino también mi conocimiento de un plan secreto a favor no sólo de México, sino de toda la humanidad.
* * *
Yo sabía poco de don Benito Juárez; lo concebía así como los argentinos y los peruanos concebimos a San Martín, o los venezolanos y los bolivianos conciben a Simón Bolívar, o los chilenos conciben a Bernando Ohiggins. Pero en mi primera visita a México tuve el honor de conocer al hijo de Benito Juárez, y él me hizo conocer personalmente a su padre espiritual. Por eso califico esta experiencia de providencial; porque no es un conocimiento derivado de los libros.
Y quién es ese hombre? Se puede saber?
Es el Licenciado don Agapito Ramos, la persona ideal para concentrar nuestro corazón en el foco del mensaje de Benito Juárez.
* * *
El Lic. don Agapito Ramos es una de las personas que año tras año organizan la multitudinaria marcha de homenaje a Juárez, la cual empieza en diversas partes del país y del Distrito Federal, y converge en La Alameda, junto al monumento recordatorio del Padre de la Patria.
Y quién es el Lic. Agapito Ramos?
El es un prominente hombre de leyes, y como Benito Juárez considera su profesión como la más importante del mundo?
Y cuál es esa profesión?
La del abogado. El suele decir que esa era la profesión que Jesús ejerció después de la carpintería.
Y de dónde saca eso, manito?
Lo saca de la palabra griega que se traduce como “abogado” en los registros bíblicos: Paracleto.
Y don Benito Juárez también pensaba igual?
El tenía el mismo concepto respecto de su misión de abogado defensor del pueblo mexicano, particularmente de aquellos que no tenían a nadie que les defienda del abuso y de la humillación institucionalizada.
* * *
El año de 1972 fue declarado en la República Mexicana como el “Año de Juárez”, y la Dirección General de Acción Cultural y Social del Departamento del Distrito Federal de México publicó para su difusión gratuita a nivel nacional un documento muy valioso. Me refiero a los apuntes autobiográficos escritos y firmados por el mismo Benito Juárez. El documento se intitula Apuntes para mis hijos, y fue escrito antes de que Juárez llegara a la presidencia de la República.
Veamos a continuación algunos detalles del testimonio personal de don Benito Juárez, que don Agapito Ramos, embargado por la emoción, me repetía de memoria cuando me encontraba alojado en su casa:
El 21 de marzo de 1806 nací en el pueblo de San Pablo Guelatao de la jurisdicción de Santo Tomás Ixtlán, en el Estado de Oaxaca. Tuve la desgracia de no haber conocido a mis padres, Marcelino Juárez y Brígida García, indios de la raza primitiva del país (que él llama la “nación Zapoteca”), porque apenas yo había tenido tres años cuando murieron. . .
Luego que tuve uso de razón me dediqué hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labores del campo. En algunos ratos desocupados mi tío me enseñaba a leer. Me manifestaba lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano y cómo entonces era sumamente difícil para la gente pobre, y muy especialmente para la clase indígena, adoptar otra carrera científica que no fuese la eclesiástica. . .
El 17 de diciembre de 1818, a los doce años de edad me fugué de mi casa y me marché a pie a la ciudad de Oaxaca a donde llegué en la noche del mismo día, alojándome en la casa de don Antonio Maza, donde mi hermana María Josefa servía de cocinera. . .
Entretanto, veía yo entrar y salir diariamente en el Colegio Seminario que había en la ciudad, a muchos jóvenes que iban a estudiar para abrazar la carrera eclesiástica, lo que me hizo recordar los consejos de mi tío de que yo fuese eclesiástico de profesión. Además, era una opinión generalmente recibida entonces, no sólo en el vulgo, sino en las clases altas de la sociedad de que los clérigos sabían mucho, y de hecho observaba yo que eran respetados y considerados por el saber que se les atribuía.
Esta circunstancia, más que el propósito de ser clérigo, para lo que sentía una instintiva repugnancia, me decidió a suplicarle a mi padrino así llamaré en adelante a don Antonio Salanueva, porque me llevó a confirmar a los pocos días de haberme recibido en su casa, para que me permitiera ir a estudiar al Seminario. . .”
* * *
Juárez siguió los estudios en el Seminario solamente hasta el punto de haber creído sacar provecho suficiente de ellos para el cumplimiento de su misión como agente secreto de Dios, que era ser el abogado y defensor de su pueblo, de la gente pobre, especialmente de los indígenas abusados y desposeídos.
En el ejercicio de sus funciones, necesariamente intricadas con las opciones políticas del momento, se manifiesta su pugna con el poder eclesiástico tan profundamente afincado en aquel entonces. El prosigue relatando lo que ocurrió después que él mismo fuera confinado injustamente a una prisión:
Revocada la orden de mi confinamiento volví a Oaxaca y me dediqué al ejercicio de mi profesión. Se hallaba todavía el clero en pleno goce de sus frutos y prerrogativas y su alianza estrecha con el poder civil le daba una influencia casi omnipotente. El fuero que lo sustraía de la jurisdicción de los tribunales comunes le servía de escudo contra la ley de salvoconducto, para entregarse impunemente a todos los excesos y a todas las injusticias. . .
Entretanto, los ciudadanos gemían en la opresión y en la miseria porque el fruto de su trabajo, su tiempo y su servicio personal, todo estaba consagrado a satisfacer la insaciable codicia de sus llamados pastores. . .
Había, sin embargo, algunos eclesiásticos probos y honrados que se limitaban a cobrar lo justo sin sacrificar a los fieles. Pero eran muy raros estos hombres verdaderamente evangélicos. . .
Desde su perspectiva católica, él usó el adjetivo “evangélicos” para referirse al comportamiento ceñido a las enseñanzas y al ejemplo de Jesús que nos refieren los Evangelios, pero aun así, su uso del adjetivo no es normal en la literatura que no sea propiamente confesional.
* * *
El Abogado del Pueblo siguió en su ascenso a la gloria y fue nombrado Gobernador del Estado de Oaxaca, asumiendo el poder el 29 de Noviembre de 1848, en ejercicio hasta agosto de 1852. Entonces nos sigue narrando:
En el año de 1850 murió mi hija Guadalupe a la edad de dos años, y aunque la ley que prohibía el enterramiento de los cadáveres en los templos exceptuaba a la familia del Gobernador del Estado, no quise hacer uso de esta gracia y yo mismo llevé el cadáver de mi hija al Cementerio de San Miguel, que está situado a extramuros de la ciudad, para dar ejemplo de obediencia a la ley que las preocupaciones nulificaban con perjuicio de la salubridad pública.
Desde entonces, con este ejemplo y con la energía que usé para evitar los entierros en las iglesias, quedó establecida definitivamente la práctica de sepultarse los cadáveres fuera de la población de Oaxaca.
* * *
Benito Juárez es transparente también en este particular que revela su profunda conciencia ecológica. Pero los historiógrafos se preguntan qué hubiera ocurrido si él mandaba sepultar a su hijita en los predios de la iglesia, dentro de la ciudad. . .
Esto no deja de intrigar, sobre todo cuando desde que asumiera la docencia en el colegio civil llamado Instituto de Ciencias y Artes, una institución que por primera vez en la historia era “independiente de la tutela del clero y destinada para la enseñanza de la juventud en varios ramos del saber humano”, ésta había sido denominada “casa de prostitución”, y sus catedráticos y discípulos “herejes y libertinos”.
* * *
Esta constante de sabiduría política de Benito Juárez se verifica y confirma en la última parte de su testimonio escrito, en que nos narra los acontecimientos ocurridos en 1857. Hélo aquí:
Era costumbre autorizada por ley que cuando tomaba posesión el Gobernador, éste concurría con todas las demás autoridades al Te Deum que se cantaba en la Catedral, a cuya puerta principal salían a recibirlo los canónigos. Pero en esta vez, ya el clero hacía una guerra abierta a la autoridad civil, muy especialmente a mí, por la ley de administración de justicia que expedí el 23 de Noviembre de 1855, y consideraba a los gobernadores como herejes y excomulgados.
Los canónigos de Oaxaca aprovecharon el incidente de mi posesión de mando para promover un escándalo. Proyectaron cerrar las puertas de la iglesia para no recibirme, con la siniestra mira de comprometerme a usar de la fuerza mandando abrir las puertas con la policía armada y aprehender a los canónigos para que mi administración se inaugurase con un acto de violencia o con un motín, si el pueblo a quien debían presentarse los aprehendidos como mártires, tomaba parte en su defensa.
Los avisos repetidos que tuve de esta trama que se urdía, y el hecho de que la iglesia estaba cerrada, contra lo acostumbrado en casos semejantes, siendo ya la hora de asistencia, me confirmaron la verdad de lo que pasaba.
Aunque contaba yo con fuerzas suficientes para hacerme respetar procediendo contra los sediciosos, y la ley aún vigente sobre ceremonial de posesión de los Gobernadores me autorizaba para obrar de esta manera, resolví omitir la asistencia al Te Deum, no por temor a los canónigos, sino por la convicción que yo tenía de que los gobernantes de la sociedad civil no deben asistir como tales a ninguna ceremonia eclesiástica, si bien como hombres pueden ir a los templos a practicar los actos de devoción que su religión les dicte.
* * *
Los gobiernos civiles no deben tener religión, porque siendo su deber proteger imparcialmente la libertad que los gobernados tienen de seguir y practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente ese deber si fueran sectarios de alguna.
Este suceso fue para mí muy plausible para reformar la mala costumbre que había de que los gobernantes asistiesen hasta a las procesiones y aun a las profesiones de monjas, perdiendo el tiempo que debían emplear en trabajos útiles a la sociedad.
Además, consideré que no debiendo ejercer ninguna función eclesiástica ni gobernar a nombre de la Iglesia, sino del pueblo que me había elegido, mi autoridad quedaba íntegra y perfecta, con sólo la Protesta que hice ante los representantes del Estado, de cumplir fielmente mi deber.
De este modo evité el escándalo que se proyectó, y desde entonces cesó en Oaxaca la mala costumbre de que las autoridades civiles asistiesen a las funciones eclesiásticas. . .
Tengo el gusto de que los gobernantes de Oaxaca han seguido mi ejemplo.
Firmado:
BENITO JUAREZ
* * *
Wow! Y cómo era Juárez?
El testimonio de sus biógrafos nos muestra que Juárez no medía mucho más de metro y medio. El no era un hombre sexy y carismático como John Ewards, en el sentido de que su presencia o su voz alocara a las mujeres y estremeciera a los hombres. Su fisonomía estaba acentuada por sus características indígenas. Era un hombre reservado, poco conversador.
Se trataba de un líder sin cárisma?
Sin cárisma, en el sentido aparente. Pero acertó a imponer su personalidad y su filosofía de la vida.
Wow!
El era un agente secreto de Dios, y la nación mexicana fue privilegiada al convertirse en el escenario de su actuación. Y de que tuvo éxito, no cabe la menor duda, porque México es una proyección de su pensamiento y de su personalidad.
Cuentan que no se enriqueció con su profesión de abogado. . . verdad?
Nuestra profesión no es para enriquecernos, sino para experimentar la gran verdad que dice: “No se gana, pero se goza.” Patricia Galeana de Valadés, en su Biografía de Benito Juárez, intitulada El indio zapoteca que reformó México (Madrid, Ediciones Anaya, 1988), lo califica de “personaje vigoroso pero sensible” y hombre de Estado “con una rectitud a toda prueba”. Se dice, por ejemplo, que la situación caótica de las arcas nacionales de México le impidieron recibir sueldo alguno como Presidente de la República. Con la intención de ayudar al mandatario, uno de sus generales entregó a su familia cierta cantidad de bonos cobrables.
Digamos, una especie de “ofrenda de amor”. . .
Algo así. . . Pero de inmediato Juárez mandó que los bonos fueran devueltos, pues consideró que una operación financiera de ese tipo habría de resultar ruinosa para el erario nacional.
Es evidente que se trataba de un hombre entre cuyas debilidades no figuraba la obsesión por el dinero ni por la teología de la prosperidad. . . verdad?
Así es. Y con su amplia visión de hombre de Estado sentó principios aún vigentes en México como son la separación de la Iglesia y el Estado, y el principio de no intervención de los poderes del Estado, uno en los fueros de otro.
Wow!
Pero lo que más impresiona de la vida de este hombre es su carrera de servicio, por la cual llegó a la Presidencia de la República en un momento crucial de la historia, a pesar de la oposición de incontables enemigos políticos y del poderoso clero de aquellos tiempos. Se trata de un testimonio que muestra que Dios realmente pone reyes y quita reyes. Dios interviene en los quehaceres de los hombres, porque realmente está interesado en todo lo que concierne al ser humano en todos los países. El enfoque de Dios no se circunscribe a lo que consideramos espiritual, sino a la vida física y metafísica.
* * *
Estoy anonadado, ché! Cómo pudo lograrlo sin ser militar, sin ser cura y sin ser torero?
Y quién te ha dicho, que para alcanzar la victoria hay que ser militar?
Es que ellos tienen la espada y los ejércitos, ché. . . Así nomás!
Parece que jamás hubieras leído al Profeta Zacarías 4:6 que dice: “No con ejército ni por la fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor de los Ejércitos.”
Je! Je! Tienes razón.
Benito Juárez lo logró, porque actuó con fidelidad e integridad en el escenario y en el tiempo correctos. Producida la coyuntura, no hay fuerza que pueda desbaratar los planes de Dios y reducirlos al recuerdo. México es un buen ejemplo de lo que te digo.
O sea que México es la primer estado del mundo que alcanzó auténticamente la separación de los poderes y la separación de la Iglesia y el Estado?
Así es, mi querido Watson.
Ese si que es un milagro! El es un santo! Gloria a Dios! Aleluya!
Pero él, como Martín Lutero, Casiodoro de Reina y Mario Moreno Cantinflas, pertenece al Club de los Santos que nunca serán cananizados. . .
* * *
Este diálogo con George, mi hijo putativo, trajo a mi mente el texto del Evangelio de Marcos 9:38-41 que nos refiere el informe de Juan, el discípulo más tierno del Señor, aquel que se recostó sobre su pecho en la Ultima Cena, antes de que lo captara Leonardo da Vinci en una postura diametralmente opuesta:
Juan le dijo:
Maestro, vimos a alguien que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
Pero Jesús dijo:
No se lo prohibáis, porque nadie que haga milagros en mi nombre podrá después hablar mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
Evidentemente se trataba de discípulos que no pertenecían ni a los Tres Mosqueteros (Pedro, Jacob y Juan), ni a los Doce, ni a los Setenta, ni al “G 12” de hoy, pero que Jesús los conocía bien, cuando los del clero ni se imaginaban que existían.
Ellos son los Agentes Secretos, como Benito Juárez. Por medio de ellos Dios realiza la agenda del Evangelio, quizás de una manera más expedita que por medio de los pastores, de los curas, de los rabinos y de los mulas de la comunidad monoteísta islámica (hablo de mulas, en árabe, por sí las moscas).
Pero son secretos, y a la manera de los masones, tienen una manera codificada de darse a conocer mutuamente, como por ejemplo, dándote un vaso de agua (Marcos 9:41). Ellos representan los logros del Evangelio del Reino, cuando los del clero, sea protestante o no protestante, a menudo no sirven de otra cosa que de estorvo.
De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
* * *
Cómo se explica este hecho desconcertante?
Fácil, mi querido Watson. Tú mismo extraerás la respuesta del siguiente pasaje de Números 11:24-29:
Entonces Moisés salió y dijo al pueblo las palabras del Señor. Reunió a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los hizo estar de pie alrededor del tabernáculo. Entonces el Señor descendió en la nube y le habló. Tomó del Espíritu que estaba sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos. Y sucedió que cuando el Espíritu posó sobre ellos, profetizaron; pero no continuaron haciéndolo.
Pero en el campamento habían quedado dos hombres: Uno se llamaba Edad, y el otro Medad. Sobre ellos también se posó el Espíritu. Ellos estaban entre los que habían sido inscritos pero que no habían ido al tabernáculo, y comenzaron a profetizar en el campamento. Entonces un joven corrió e informó a Moisés diciendo:
Eldad y Medad profetizan en el campamento!
Luego intervino Josué hijo de Nun, quien era ayudante de Moisés desde su juventud, y dijo:
Señor mío, Moisés, impídeselo!
Moisés le respondió:
Tienes tú celos por mí? Ojalá que todos fuesen profetas en el pueblo del Señor, y que el Señor pusiese su Espíritu sobre ellos!
LOS AGENTES SECRETOS
Los agentes secretos son personas muy inteligentes; de lo contrario serían nada más que agentes indiscretos y servirían de estorbo.
En un extremo nos chocaríamos con gente imbécil, que echa a perder los planes más elaborados, aun cuando los vindicara un toque de la bendita suerte, como en el caso de Lieutenant Gadget o de su excelencia, el Inspector Truquini, sin dejar de lado a la Pantera Rosa. En el otro extremo nos chocaríamos con gente vendida y sin escrúpulos, carentes de convicciones, como en la comedia televisiva “Agente por Accidente”.
Sin evaluar los objetivos de los agentes secretos en particular, diremos que de ninguna manera pertenecen al montón. Las naciones y los gobernantes más poderosos tienen sus agentes secretos encargados de llevar a cabo los planes más osados. Y hay ciertos agentes que no fracasan, antes tienen el éxito asegurado, como es el caso de algunos a quienes nos hemos de referir a continuación.
* * *
Bien recuerdo aquel 16 de Septiembre, día nacional de México, la primera vez que visité ese hermoso país. Temprano en la mañana salí de mi cuarto en el Hotel Covadonga, detrás del Teatro Blanquita, para un paseo informal por el Zócalo, el centro de Distrito Federal. Así di con una amplia avenida que estaba flanqueada por miles de soldados y marines impecablemente uniformados y armados.
Como no podría cruzar dicha avenida, me quedé parado en la esquina, contemplando el inusitado espectáculo que me caía de gracia y añadidura en mi aventura turística. Hice algunas preguntas a la gente. Y los que me escuchaban se daban cuenta de que yo era extranjero, y se esmeraban en instruirme respecto de todo lo que ocurría.
Un charro panzón, elegantemente vestido de traje, me dijo con despliegue de amabilidad:
Tú no eres mexicano, verdad? Pues se te nota. . . Hoy es el Día de la Independencia de México.
Y qué va a pasar aquí?
Por acá va a pasar a pie el Presidente Echevarría con su comitiva, después de dar su discurso en el Congreso.
* * *
No pasó mucho, y tuve el honor de ver con mis propios ojos al Presidente Echevarría cuando pasaba portando en su pecho la bandera verde-blanca-roja, y rodeado de sus guardaespaldas, ministros y una multitud de reporteros y cámaras de televisión. La atmósfera era de poderío y gloria.
Pero una mujer apasionada que estaba a mi lado rompió el cordón de seguridad, se acercó al Presidente y le dio un sonoro beso en la mejilla.
La escena, que fue repetida a cada rato en la televisión, ocurrió a tres metros del lugar donde yo me encontraba parado, por lo cual puedo decir, sin temor a que me crean vanaglorioso, que fui enfocado reiteradamente por la televisión mexicana a mi llegada a ese país. Aun en los días siguientes vi mi rostro asustado en medio del gentío.
* * *
Mientras tardaba en pasar el Presidente, ya me había hecho cuate de aquel charro panzón y de rostro bonachón, quien compartió conmigo valiosa información reservada del Estado mexicano. Y después que pasó el Presidente, seguimos conversando por un rato hasta que nos tuvimos que despedir. El me reveló:
Yo soy un agente secreto del gobierno de México. En la avenida no hay solamente soldados y policías, sino una multitud de agentes secretos, como yo; pero nadie puede identificarnos. Mira a ese de allá, ese que se hace el borrachín. . . El también es un agente secreto. Y ese de allá, y ese de más allá, y ese charro de allá lejos también lo es. Nosotros estamos a cargo de la seguridad del Presidente y de sus ministros, para que su travesía por la avenida se produzca sin novedad. Te lo comparto a ti, porque veo que eres un turista amigable y no representas ninguna amenaza para el Estado mexicano. Además, a mí los peruanos me caen bien padre. Mira, manito. . .
Desabotonó su saco, y me dejó ver su reluciente revólver que llevaba al cinto.
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Tragué mi saliva, y esforzándome por demostrar serenidad le pregunté:
Y conoces tú a todos los agentes secretos? Cuántos son?
Y respondió:
Somos una legión. Es imposible conocer a todos. Pero yo sé quién es quién a lo largo de toda la avenida.
Le dije:
Y cómo puedes reconocer a tantos?
Y respondió:
Es que para este día especial se ha acordado pintar con pintura blanca una bolita minúscula, del tamaño de un frijol, en la punta de nuestro zapato izquierdo. . . Mira! Esto te lo muestro a ti, porque después de todo, no eres mexicano. . .
* * *
Mientras miraba discretamente la esferita blanca del tamaño de un frijol en la punta de los zapatos izquierdos de los agentes secretos, le pregunté:
Pero esa mujer que besó al Presidente se les escapo, mano! En vez de besarlo, ella pudo haber matado al Presidente!
Y respondió adoptando las muecas ufanas y autosuficientes del Chapulín Colorado:
Lo de esa mujer estaba friamente calculado!
* * *
Se te ha ocurrido alguna vez que también Dios tiene sus agentes secretos encargados del cumplimiento de un Plan Estratégico elaborado desde antes de la fundación del mundo?
Cuál Plan Estratégico, manito?
Su plan ”.
Y quiénes son los meros, mano? Se podrá conocer su identidad? A poco ellos también tienen una bolita blanca en su zapato izquierdo?
Algunos han actuado o actúan de manera muy conspícua, como es el caso de don Benito Juárez, el padre de la nación mexicana. En el tiempo que he vivido en México he tenido el privilegio de enriquecerme con su poderoso testimonio de una manera providencial, de modo que su vida no solamente ha ampliado mi conocimiento de la historia sino también mi conocimiento de un plan secreto a favor no sólo de México, sino de toda la humanidad.
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Yo sabía poco de don Benito Juárez; lo concebía así como los argentinos y los peruanos concebimos a San Martín, o los venezolanos y los bolivianos conciben a Simón Bolívar, o los chilenos conciben a Bernando Ohiggins. Pero en mi primera visita a México tuve el honor de conocer al hijo de Benito Juárez, y él me hizo conocer personalmente a su padre espiritual. Por eso califico esta experiencia de providencial; porque no es un conocimiento derivado de los libros.
Y quién es ese hombre? Se puede saber?
Es el Licenciado don Agapito Ramos, la persona ideal para concentrar nuestro corazón en el foco del mensaje de Benito Juárez.
* * *
El Lic. don Agapito Ramos es una de las personas que año tras año organizan la multitudinaria marcha de homenaje a Juárez, la cual empieza en diversas partes del país y del Distrito Federal, y converge en La Alameda, junto al monumento recordatorio del Padre de la Patria.
Y quién es el Lic. Agapito Ramos?
El es un prominente hombre de leyes, y como Benito Juárez considera su profesión como la más importante del mundo?
Y cuál es esa profesión?
La del abogado. El suele decir que esa era la profesión que Jesús ejerció después de la carpintería.
Y de dónde saca eso, manito?
Lo saca de la palabra griega que se traduce como “abogado” en los registros bíblicos: Paracleto.
Y don Benito Juárez también pensaba igual?
El tenía el mismo concepto respecto de su misión de abogado defensor del pueblo mexicano, particularmente de aquellos que no tenían a nadie que les defienda del abuso y de la humillación institucionalizada.
* * *
El año de 1972 fue declarado en la República Mexicana como el “Año de Juárez”, y la Dirección General de Acción Cultural y Social del Departamento del Distrito Federal de México publicó para su difusión gratuita a nivel nacional un documento muy valioso. Me refiero a los apuntes autobiográficos escritos y firmados por el mismo Benito Juárez. El documento se intitula Apuntes para mis hijos, y fue escrito antes de que Juárez llegara a la presidencia de la República.
Veamos a continuación algunos detalles del testimonio personal de don Benito Juárez, que don Agapito Ramos, embargado por la emoción, me repetía de memoria cuando me encontraba alojado en su casa:
El 21 de marzo de 1806 nací en el pueblo de San Pablo Guelatao de la jurisdicción de Santo Tomás Ixtlán, en el Estado de Oaxaca. Tuve la desgracia de no haber conocido a mis padres, Marcelino Juárez y Brígida García, indios de la raza primitiva del país (que él llama la “nación Zapoteca”), porque apenas yo había tenido tres años cuando murieron. . .
Luego que tuve uso de razón me dediqué hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labores del campo. En algunos ratos desocupados mi tío me enseñaba a leer. Me manifestaba lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano y cómo entonces era sumamente difícil para la gente pobre, y muy especialmente para la clase indígena, adoptar otra carrera científica que no fuese la eclesiástica. . .
El 17 de diciembre de 1818, a los doce años de edad me fugué de mi casa y me marché a pie a la ciudad de Oaxaca a donde llegué en la noche del mismo día, alojándome en la casa de don Antonio Maza, donde mi hermana María Josefa servía de cocinera. . .
Entretanto, veía yo entrar y salir diariamente en el Colegio Seminario que había en la ciudad, a muchos jóvenes que iban a estudiar para abrazar la carrera eclesiástica, lo que me hizo recordar los consejos de mi tío de que yo fuese eclesiástico de profesión. Además, era una opinión generalmente recibida entonces, no sólo en el vulgo, sino en las clases altas de la sociedad de que los clérigos sabían mucho, y de hecho observaba yo que eran respetados y considerados por el saber que se les atribuía.
Esta circunstancia, más que el propósito de ser clérigo, para lo que sentía una instintiva repugnancia, me decidió a suplicarle a mi padrino así llamaré en adelante a don Antonio Salanueva, porque me llevó a confirmar a los pocos días de haberme recibido en su casa, para que me permitiera ir a estudiar al Seminario. . .”
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Juárez siguió los estudios en el Seminario solamente hasta el punto de haber creído sacar provecho suficiente de ellos para el cumplimiento de su misión como agente secreto de Dios, que era ser el abogado y defensor de su pueblo, de la gente pobre, especialmente de los indígenas abusados y desposeídos.
En el ejercicio de sus funciones, necesariamente intricadas con las opciones políticas del momento, se manifiesta su pugna con el poder eclesiástico tan profundamente afincado en aquel entonces. El prosigue relatando lo que ocurrió después que él mismo fuera confinado injustamente a una prisión:
Revocada la orden de mi confinamiento volví a Oaxaca y me dediqué al ejercicio de mi profesión. Se hallaba todavía el clero en pleno goce de sus frutos y prerrogativas y su alianza estrecha con el poder civil le daba una influencia casi omnipotente. El fuero que lo sustraía de la jurisdicción de los tribunales comunes le servía de escudo contra la ley de salvoconducto, para entregarse impunemente a todos los excesos y a todas las injusticias. . .
Entretanto, los ciudadanos gemían en la opresión y en la miseria porque el fruto de su trabajo, su tiempo y su servicio personal, todo estaba consagrado a satisfacer la insaciable codicia de sus llamados pastores. . .
Había, sin embargo, algunos eclesiásticos probos y honrados que se limitaban a cobrar lo justo sin sacrificar a los fieles. Pero eran muy raros estos hombres verdaderamente evangélicos. . .
Desde su perspectiva católica, él usó el adjetivo “evangélicos” para referirse al comportamiento ceñido a las enseñanzas y al ejemplo de Jesús que nos refieren los Evangelios, pero aun así, su uso del adjetivo no es normal en la literatura que no sea propiamente confesional.
* * *
El Abogado del Pueblo siguió en su ascenso a la gloria y fue nombrado Gobernador del Estado de Oaxaca, asumiendo el poder el 29 de Noviembre de 1848, en ejercicio hasta agosto de 1852. Entonces nos sigue narrando:
En el año de 1850 murió mi hija Guadalupe a la edad de dos años, y aunque la ley que prohibía el enterramiento de los cadáveres en los templos exceptuaba a la familia del Gobernador del Estado, no quise hacer uso de esta gracia y yo mismo llevé el cadáver de mi hija al Cementerio de San Miguel, que está situado a extramuros de la ciudad, para dar ejemplo de obediencia a la ley que las preocupaciones nulificaban con perjuicio de la salubridad pública.
Desde entonces, con este ejemplo y con la energía que usé para evitar los entierros en las iglesias, quedó establecida definitivamente la práctica de sepultarse los cadáveres fuera de la población de Oaxaca.
* * *
Benito Juárez es transparente también en este particular que revela su profunda conciencia ecológica. Pero los historiógrafos se preguntan qué hubiera ocurrido si él mandaba sepultar a su hijita en los predios de la iglesia, dentro de la ciudad. . .
Esto no deja de intrigar, sobre todo cuando desde que asumiera la docencia en el colegio civil llamado Instituto de Ciencias y Artes, una institución que por primera vez en la historia era “independiente de la tutela del clero y destinada para la enseñanza de la juventud en varios ramos del saber humano”, ésta había sido denominada “casa de prostitución”, y sus catedráticos y discípulos “herejes y libertinos”.
* * *
Esta constante de sabiduría política de Benito Juárez se verifica y confirma en la última parte de su testimonio escrito, en que nos narra los acontecimientos ocurridos en 1857. Hélo aquí:
Era costumbre autorizada por ley que cuando tomaba posesión el Gobernador, éste concurría con todas las demás autoridades al Te Deum que se cantaba en la Catedral, a cuya puerta principal salían a recibirlo los canónigos. Pero en esta vez, ya el clero hacía una guerra abierta a la autoridad civil, muy especialmente a mí, por la ley de administración de justicia que expedí el 23 de Noviembre de 1855, y consideraba a los gobernadores como herejes y excomulgados.
Los canónigos de Oaxaca aprovecharon el incidente de mi posesión de mando para promover un escándalo. Proyectaron cerrar las puertas de la iglesia para no recibirme, con la siniestra mira de comprometerme a usar de la fuerza mandando abrir las puertas con la policía armada y aprehender a los canónigos para que mi administración se inaugurase con un acto de violencia o con un motín, si el pueblo a quien debían presentarse los aprehendidos como mártires, tomaba parte en su defensa.
Los avisos repetidos que tuve de esta trama que se urdía, y el hecho de que la iglesia estaba cerrada, contra lo acostumbrado en casos semejantes, siendo ya la hora de asistencia, me confirmaron la verdad de lo que pasaba.
Aunque contaba yo con fuerzas suficientes para hacerme respetar procediendo contra los sediciosos, y la ley aún vigente sobre ceremonial de posesión de los Gobernadores me autorizaba para obrar de esta manera, resolví omitir la asistencia al Te Deum, no por temor a los canónigos, sino por la convicción que yo tenía de que los gobernantes de la sociedad civil no deben asistir como tales a ninguna ceremonia eclesiástica, si bien como hombres pueden ir a los templos a practicar los actos de devoción que su religión les dicte.
* * *
Los gobiernos civiles no deben tener religión, porque siendo su deber proteger imparcialmente la libertad que los gobernados tienen de seguir y practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente ese deber si fueran sectarios de alguna.
Este suceso fue para mí muy plausible para reformar la mala costumbre que había de que los gobernantes asistiesen hasta a las procesiones y aun a las profesiones de monjas, perdiendo el tiempo que debían emplear en trabajos útiles a la sociedad.
Además, consideré que no debiendo ejercer ninguna función eclesiástica ni gobernar a nombre de la Iglesia, sino del pueblo que me había elegido, mi autoridad quedaba íntegra y perfecta, con sólo la Protesta que hice ante los representantes del Estado, de cumplir fielmente mi deber.
De este modo evité el escándalo que se proyectó, y desde entonces cesó en Oaxaca la mala costumbre de que las autoridades civiles asistiesen a las funciones eclesiásticas. . .
Tengo el gusto de que los gobernantes de Oaxaca han seguido mi ejemplo.
Firmado:
BENITO JUAREZ
* * *
Wow! Y cómo era Juárez?
El testimonio de sus biógrafos nos muestra que Juárez no medía mucho más de metro y medio. El no era un hombre sexy y carismático como John Ewards, en el sentido de que su presencia o su voz alocara a las mujeres y estremeciera a los hombres. Su fisonomía estaba acentuada por sus características indígenas. Era un hombre reservado, poco conversador.
Se trataba de un líder sin cárisma?
Sin cárisma, en el sentido aparente. Pero acertó a imponer su personalidad y su filosofía de la vida.
Wow!
El era un agente secreto de Dios, y la nación mexicana fue privilegiada al convertirse en el escenario de su actuación. Y de que tuvo éxito, no cabe la menor duda, porque México es una proyección de su pensamiento y de su personalidad.
Cuentan que no se enriqueció con su profesión de abogado. . . verdad?
Nuestra profesión no es para enriquecernos, sino para experimentar la gran verdad que dice: “No se gana, pero se goza.” Patricia Galeana de Valadés, en su Biografía de Benito Juárez, intitulada El indio zapoteca que reformó México (Madrid, Ediciones Anaya, 1988), lo califica de “personaje vigoroso pero sensible” y hombre de Estado “con una rectitud a toda prueba”. Se dice, por ejemplo, que la situación caótica de las arcas nacionales de México le impidieron recibir sueldo alguno como Presidente de la República. Con la intención de ayudar al mandatario, uno de sus generales entregó a su familia cierta cantidad de bonos cobrables.
Digamos, una especie de “ofrenda de amor”. . .
Algo así. . . Pero de inmediato Juárez mandó que los bonos fueran devueltos, pues consideró que una operación financiera de ese tipo habría de resultar ruinosa para el erario nacional.
Es evidente que se trataba de un hombre entre cuyas debilidades no figuraba la obsesión por el dinero ni por la teología de la prosperidad. . . verdad?
Así es. Y con su amplia visión de hombre de Estado sentó principios aún vigentes en México como son la separación de la Iglesia y el Estado, y el principio de no intervención de los poderes del Estado, uno en los fueros de otro.
Wow!
Pero lo que más impresiona de la vida de este hombre es su carrera de servicio, por la cual llegó a la Presidencia de la República en un momento crucial de la historia, a pesar de la oposición de incontables enemigos políticos y del poderoso clero de aquellos tiempos. Se trata de un testimonio que muestra que Dios realmente pone reyes y quita reyes. Dios interviene en los quehaceres de los hombres, porque realmente está interesado en todo lo que concierne al ser humano en todos los países. El enfoque de Dios no se circunscribe a lo que consideramos espiritual, sino a la vida física y metafísica.
* * *
Estoy anonadado, ché! Cómo pudo lograrlo sin ser militar, sin ser cura y sin ser torero?
Y quién te ha dicho, que para alcanzar la victoria hay que ser militar?
Es que ellos tienen la espada y los ejércitos, ché. . . Así nomás!
Parece que jamás hubieras leído al Profeta Zacarías 4:6 que dice: “No con ejército ni por la fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor de los Ejércitos.”
Je! Je! Tienes razón.
Benito Juárez lo logró, porque actuó con fidelidad e integridad en el escenario y en el tiempo correctos. Producida la coyuntura, no hay fuerza que pueda desbaratar los planes de Dios y reducirlos al recuerdo. México es un buen ejemplo de lo que te digo.
O sea que México es la primer estado del mundo que alcanzó auténticamente la separación de los poderes y la separación de la Iglesia y el Estado?
Así es, mi querido Watson.
Ese si que es un milagro! El es un santo! Gloria a Dios! Aleluya!
Pero él, como Martín Lutero, Casiodoro de Reina y Mario Moreno Cantinflas, pertenece al Club de los Santos que nunca serán cananizados. . .
* * *
Este diálogo con George, mi hijo putativo, trajo a mi mente el texto del Evangelio de Marcos 9:38-41 que nos refiere el informe de Juan, el discípulo más tierno del Señor, aquel que se recostó sobre su pecho en la Ultima Cena, antes de que lo captara Leonardo da Vinci en una postura diametralmente opuesta:
Juan le dijo:
Maestro, vimos a alguien que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
Pero Jesús dijo:
No se lo prohibáis, porque nadie que haga milagros en mi nombre podrá después hablar mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
Evidentemente se trataba de discípulos que no pertenecían ni a los Tres Mosqueteros (Pedro, Jacob y Juan), ni a los Doce, ni a los Setenta, ni al “G 12” de hoy, pero que Jesús los conocía bien, cuando los del clero ni se imaginaban que existían.
Ellos son los Agentes Secretos, como Benito Juárez. Por medio de ellos Dios realiza la agenda del Evangelio, quizás de una manera más expedita que por medio de los pastores, de los curas, de los rabinos y de los mulas de la comunidad monoteísta islámica (hablo de mulas, en árabe, por sí las moscas).
Pero son secretos, y a la manera de los masones, tienen una manera codificada de darse a conocer mutuamente, como por ejemplo, dándote un vaso de agua (Marcos 9:41). Ellos representan los logros del Evangelio del Reino, cuando los del clero, sea protestante o no protestante, a menudo no sirven de otra cosa que de estorvo.
De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
* * *
Cómo se explica este hecho desconcertante?
Fácil, mi querido Watson. Tú mismo extraerás la respuesta del siguiente pasaje de Números 11:24-29:
Entonces Moisés salió y dijo al pueblo las palabras del Señor. Reunió a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los hizo estar de pie alrededor del tabernáculo. Entonces el Señor descendió en la nube y le habló. Tomó del Espíritu que estaba sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos. Y sucedió que cuando el Espíritu posó sobre ellos, profetizaron; pero no continuaron haciéndolo.
Pero en el campamento habían quedado dos hombres: Uno se llamaba Edad, y el otro Medad. Sobre ellos también se posó el Espíritu. Ellos estaban entre los que habían sido inscritos pero que no habían ido al tabernáculo, y comenzaron a profetizar en el campamento. Entonces un joven corrió e informó a Moisés diciendo:
Eldad y Medad profetizan en el campamento!
Luego intervino Josué hijo de Nun, quien era ayudante de Moisés desde su juventud, y dijo:
Señor mío, Moisés, impídeselo!
Moisés le respondió:
Tienes tú celos por mí? Ojalá que todos fuesen profetas en el pueblo del Señor, y que el Señor pusiese su Espíritu sobre ellos!
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EL EVANGELIO DECODIFICADOR
CAPITULO IV - AÑO NUEVO, VIDA NUEVA
CAPITULO 4
AÑO NUEVO, VIDA NUEVA!
Se acercaba la media noche del 31 de diciembre y se festejaba el Año Nuevo.
La iglesia ya se encontraba repleta, porque para esa ocasión tan especial se había publicitado mondongo general para todos los presentes, sin ninguna distinción.
Un gringuito, Aibor Grinsleid, predicaría sobre el tema “Año Nuevo, Vida Nueva”, justo cuando algunos se disponían a ponerse su calzón amarillo para atraer el amor y la energía positiva. En esa noche expresarían sus deseos para el Año Nuevo y se comerían doce uvas antes de las doce, para atraer la fortuna.
En la ciudad de Huánuco empiezan a sonar las campanas y los cohetones, y los vecinos del Parque Amarilis salen a las calles con grande regocijo. Sólo yo me encontraba desesperado, dando vueltas como perro alrededor de mi equipaje, porque acababa de llegar y no sabía dónde orinar, y me acababan de negar hospedaje para pasar la noche.
* * *
En eso, una persona solitaria me grita desde un rincón oscuro:
Ojalá se cumplan sus deseos!
Le respondí:
Muchas gracias! Feliz Año Nuevo!
Y me habla con una labia que me era familiar:
Venga conmigo a la casa de Dios, para celebrar el Año Nuevo con mondongo general. Usted es mi invitado de lujo.
Era Fortunato, a quien en la ciudad consideran “borracho de nacimiento”, porque según él mismo dice, cuando fue procreado, sus padres se encontraban en completo estado etílico, y por consiguiente, “él fue en pecado concebido”.
Se había graduado después de años de licor y estaba harto de dormir en hoteles de mil estrellas, compartiendo su comida reciclada con sus perros Centurión y Voluntario que le acompañaban en las buenas y en las malas, hasta que la muerte les separe. Pero en este día especial, “alguien que vale” le había invitado “a la casa de Dios” para las celebraciones de Año Nuevo “con mondongo general”. Le había dicho: “El tema de mi sermón será Año Nuevo, Vida Nueva! Y usted es mi invitado de lujo.”
* * *
A mí me dejan ingresar nomás, a pesar de llevar conmigo mi maleta ahorcada (por no decir, mi costalillo). Pero a él, al verle maltrecho y en estado semi etílico, un diácono le pone una tranca con su brazo y le dice:
Hey, hey, hey. . . Una preguntita: Sabe en dónde está?
Claro! En la casa de Dios!
Sabía que a la casa de Dios se viene presentable, y sin perros? Porque escrito está: “Los borrachos no entrarán en el reino de Dios.” Y también dice: “Mas los perros estarán afuera.”
Yo también le haré una preguntita. Si me responde, entonces no entro: Sabe usted por qué el perro entra a la iglesia?
Yo no sé, y tú, crees saberlo? A ver dime: Por qué?
Porque la puerta está abierta! Así que con su permiso, yo entro nomá.
Fortunato le dió un empujón y entró por la fuerza, y sus dos perros se dispararon adentro para abrirle camino.
* * *
El hermano Tulumba, que así se llamaba el diácono, se incorpora y le sigue, y lo ubica acomodándose justo en medio de la congregación. Se acerca a él silenciosamente, y le dice con mucha cortesía:
Sería tan amable de desalojar el recinto?
Y sin esperar respuesta, lo toma de su brazo con violencia.
El borracho le dice:
Hermano, yo no estoy aquí porque sí, sino porque alguien que vale me ha invitado, y me ha dicho: “Usted es mi invitado de lujo.”
Los perros miran al diácono y rugen, y Fortunato los calma:
Centurión! Voluntario! Compostura, hermanos!
Y el hermano Tulumba le deja, diciéndole con voz imperceptible y en el más pulcro estilo de Hernando de Soto:
Jueputa!
* * *
Fortunato le agarra de la solapa con su mano, lo atrae hacia su boca y le dice con tufo perfumado:
Qué ha dicho? Podría repetirlo para que le escuchen los hermanos en la congregación?
El diácono siente que se le descoyunta su cadera, y cede cuando Fortunato le dice:
Si no quiere repetirlo, está bien, hermano. Pero yo tengo algo que decirle al oído. Acérquese un poquito más, por favor.
El hermano Tulumba acerca cariñosamente su oído derecho, como queriendo escuchar atentamente, y en ese momento le cae un sopapo del demonio. Coincidentemente, Fortunato era zurdo y el sopapo pareció salir del aire..
El hermano Tulumba se ve en el suelo, sacude su cabeza, como volviendo en sí, y se levanta, sin saber cómo reaccionar.
* * *
En ese preciso momento interviene el hermano Félix, y le dice:
Tranquilo, hermano, cálmate. Más bien, esta es tu oportunidad para poner en práctica la palabra que dice: “Si alguien te da un lapo en la mejilla derecha, entrégale también la izquierda.”
Tulumba se llena de ira y le dice:
Hermano, tú que te ves tan Félix en Año Nuevo, acércate un poquito, yo también quiero susurrarte algo al oído.
Este distingue su cara de pocos amigos y le dice:
Ni zonzo!
Y el borracho, que se esfuerza por escuchar el anuncio, les dice a los dos:
Compostura, hermanos! El predicador ya va a empezar su sermón.
* * *
El orador sagrado habló con toda claridad y coherencia, y terminó diciendo:
El niño Dios fue rechazado, le negaron hospedaje, le hicieron nacer entre animales. Pero no importa, porque él vino por aquellos que le abren su corazón y exclaman con convicción: Año Nuevo, Vida Nueva!Alguno de ustedes quiere vida nueva en esta noche?”
Silencio absoluto. Nada se mueve. Nadie responde.
Entonces el predicador dice:
Temprano en la mañana yo invité en el Parque Amarilis a un señor, y él me dijo: “Sale caliente! Hoy estaré contigo en el paraíso!”
Miró alrededor, peinando atentamente la periferie de la festiva concurrencia, y al no verle por ningún lado, volvió a preguntar de manera insistente:
Estará presente mi invitado de lujo? Estará presente?
Silencio absoluto.
* * *
De repente, en medio de la congregación Fortunato sintió que una voz alegre, que no era suya pero que salía de su garganta, exclamó:
Yo mismo soy! Sale caliente!
Y tomando valor se puso de pie junto con sus dos perros, y prosiguió:
Yo también nací entre animales, y vivo entre animales!
Y llorando de alegría exclamó con convicción:
Año Nuevo, Vida Nueva!
AÑO NUEVO, VIDA NUEVA!
Se acercaba la media noche del 31 de diciembre y se festejaba el Año Nuevo.
La iglesia ya se encontraba repleta, porque para esa ocasión tan especial se había publicitado mondongo general para todos los presentes, sin ninguna distinción.
Un gringuito, Aibor Grinsleid, predicaría sobre el tema “Año Nuevo, Vida Nueva”, justo cuando algunos se disponían a ponerse su calzón amarillo para atraer el amor y la energía positiva. En esa noche expresarían sus deseos para el Año Nuevo y se comerían doce uvas antes de las doce, para atraer la fortuna.
En la ciudad de Huánuco empiezan a sonar las campanas y los cohetones, y los vecinos del Parque Amarilis salen a las calles con grande regocijo. Sólo yo me encontraba desesperado, dando vueltas como perro alrededor de mi equipaje, porque acababa de llegar y no sabía dónde orinar, y me acababan de negar hospedaje para pasar la noche.
* * *
En eso, una persona solitaria me grita desde un rincón oscuro:
Ojalá se cumplan sus deseos!
Le respondí:
Muchas gracias! Feliz Año Nuevo!
Y me habla con una labia que me era familiar:
Venga conmigo a la casa de Dios, para celebrar el Año Nuevo con mondongo general. Usted es mi invitado de lujo.
Era Fortunato, a quien en la ciudad consideran “borracho de nacimiento”, porque según él mismo dice, cuando fue procreado, sus padres se encontraban en completo estado etílico, y por consiguiente, “él fue en pecado concebido”.
Se había graduado después de años de licor y estaba harto de dormir en hoteles de mil estrellas, compartiendo su comida reciclada con sus perros Centurión y Voluntario que le acompañaban en las buenas y en las malas, hasta que la muerte les separe. Pero en este día especial, “alguien que vale” le había invitado “a la casa de Dios” para las celebraciones de Año Nuevo “con mondongo general”. Le había dicho: “El tema de mi sermón será Año Nuevo, Vida Nueva! Y usted es mi invitado de lujo.”
* * *
A mí me dejan ingresar nomás, a pesar de llevar conmigo mi maleta ahorcada (por no decir, mi costalillo). Pero a él, al verle maltrecho y en estado semi etílico, un diácono le pone una tranca con su brazo y le dice:
Hey, hey, hey. . . Una preguntita: Sabe en dónde está?
Claro! En la casa de Dios!
Sabía que a la casa de Dios se viene presentable, y sin perros? Porque escrito está: “Los borrachos no entrarán en el reino de Dios.” Y también dice: “Mas los perros estarán afuera.”
Yo también le haré una preguntita. Si me responde, entonces no entro: Sabe usted por qué el perro entra a la iglesia?
Yo no sé, y tú, crees saberlo? A ver dime: Por qué?
Porque la puerta está abierta! Así que con su permiso, yo entro nomá.
Fortunato le dió un empujón y entró por la fuerza, y sus dos perros se dispararon adentro para abrirle camino.
* * *
El hermano Tulumba, que así se llamaba el diácono, se incorpora y le sigue, y lo ubica acomodándose justo en medio de la congregación. Se acerca a él silenciosamente, y le dice con mucha cortesía:
Sería tan amable de desalojar el recinto?
Y sin esperar respuesta, lo toma de su brazo con violencia.
El borracho le dice:
Hermano, yo no estoy aquí porque sí, sino porque alguien que vale me ha invitado, y me ha dicho: “Usted es mi invitado de lujo.”
Los perros miran al diácono y rugen, y Fortunato los calma:
Centurión! Voluntario! Compostura, hermanos!
Y el hermano Tulumba le deja, diciéndole con voz imperceptible y en el más pulcro estilo de Hernando de Soto:
Jueputa!
* * *
Fortunato le agarra de la solapa con su mano, lo atrae hacia su boca y le dice con tufo perfumado:
Qué ha dicho? Podría repetirlo para que le escuchen los hermanos en la congregación?
El diácono siente que se le descoyunta su cadera, y cede cuando Fortunato le dice:
Si no quiere repetirlo, está bien, hermano. Pero yo tengo algo que decirle al oído. Acérquese un poquito más, por favor.
El hermano Tulumba acerca cariñosamente su oído derecho, como queriendo escuchar atentamente, y en ese momento le cae un sopapo del demonio. Coincidentemente, Fortunato era zurdo y el sopapo pareció salir del aire..
El hermano Tulumba se ve en el suelo, sacude su cabeza, como volviendo en sí, y se levanta, sin saber cómo reaccionar.
* * *
En ese preciso momento interviene el hermano Félix, y le dice:
Tranquilo, hermano, cálmate. Más bien, esta es tu oportunidad para poner en práctica la palabra que dice: “Si alguien te da un lapo en la mejilla derecha, entrégale también la izquierda.”
Tulumba se llena de ira y le dice:
Hermano, tú que te ves tan Félix en Año Nuevo, acércate un poquito, yo también quiero susurrarte algo al oído.
Este distingue su cara de pocos amigos y le dice:
Ni zonzo!
Y el borracho, que se esfuerza por escuchar el anuncio, les dice a los dos:
Compostura, hermanos! El predicador ya va a empezar su sermón.
* * *
El orador sagrado habló con toda claridad y coherencia, y terminó diciendo:
El niño Dios fue rechazado, le negaron hospedaje, le hicieron nacer entre animales. Pero no importa, porque él vino por aquellos que le abren su corazón y exclaman con convicción: Año Nuevo, Vida Nueva!Alguno de ustedes quiere vida nueva en esta noche?”
Silencio absoluto. Nada se mueve. Nadie responde.
Entonces el predicador dice:
Temprano en la mañana yo invité en el Parque Amarilis a un señor, y él me dijo: “Sale caliente! Hoy estaré contigo en el paraíso!”
Miró alrededor, peinando atentamente la periferie de la festiva concurrencia, y al no verle por ningún lado, volvió a preguntar de manera insistente:
Estará presente mi invitado de lujo? Estará presente?
Silencio absoluto.
* * *
De repente, en medio de la congregación Fortunato sintió que una voz alegre, que no era suya pero que salía de su garganta, exclamó:
Yo mismo soy! Sale caliente!
Y tomando valor se puso de pie junto con sus dos perros, y prosiguió:
Yo también nací entre animales, y vivo entre animales!
Y llorando de alegría exclamó con convicción:
Año Nuevo, Vida Nueva!
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EL EVANGELIO DECODIFICADOR
CAPITULO V - MI TREPANACION DE LUJO
CAPITULO 5
MI TREPANACION DE LUJO
Mardisho es mi compañero de milicia. Ambos tenemos muchas aventuras que contar de nuestra difícil labor en la selva amazónica del Perú.
Cierto día nos pusimos a reflexionar respecto de los resultados maravillosos del evangelio en el infierno verde, y me brota del alma la exclamación:
Verdaderamente es un milagro de Dios!
Pero Mardisho entristece mi espíritu con un inexplicable pesimismo:
Cuando te mueve el primer amor, das testimonio del cambio operado en tu vida. Participas alegremente cantando “especiales”, mayormente a capella. Y si tienes talento, pasas a dirigir las alabanzas o predicas imitando las gesticulaciones de los gringos. Pero en algún momento empiezas a sentir la necesidad de conocer el Evangelio de manera más profunda, y no falta por allí alguien que echa tierra a este anhelo diciéndote que el estudio mata al espíritu.
* * *
Alguien había echado tierra a las aspiraciones de Mardisho. Le había ocurrido a él lo mismo que había ocurrido conmigo. Yo sospechaba quién era ese conch. . .
Si tú eres de esos recalcitrantes, y peor si eres tránsfuga los que se pasan de denominación en denominación, seguramente ya estás convencido de que no necesitas estudiar y te jactas de que el Espíritu Santo te enseña de manera privada y hace de ti un supersábelotodo. Pero Mardisho y yo nunca nos dejamos convencer por el pastor Caramba, que me dijo que la Biblia se interpreta por sí sola y que el recurso a otros libros y a otros estudios revela falta de fe.
En su presencia tuve que esconder mis libros, para no caer de su gracia.
Yo también.
* * *
Pero Mardisho no se dejó doblegar, como revela esta observación admirable que me ha hecho pensar con inquietud:
No podemos limitar las bendiciones del Espíritu Santo. Porque él no puede darte más. . .
Y ante mi extrañeza, concluye:
. . .si tú no estás capacitado para recibir más. Por eso tenemos que estudiar!
Y acto seguido puso manos a la obra: Saca de su costalillo un fajo de papeles corrugados y mugrientos, y se recuesta a leer, confiado de que yo no lo juzgaría mal ni lo delataría.
Las páginas estaban subrayadas en casi todas su líneas, señal de que un lector embelesado las había leído y releído con avidez. Y al ver que las pega a su corazón con evidente cariño, como una carta de amor, me siento movido a preguntarle:
Qué es eso, Mardisho?
Y responde:
Es una “separata académica”.
Una qué?
Una separata académica.
Al oírle hablar de “separata académica”, mis rodillas se chocaron una con otra.
El se vio en la necesidad de hacer esta aclaración:
No te asustes, cho. Es una separata académica de HERMENEUTICA.
Peor aún: Al oír la palabra “hermenéutica”, caí al suelo presa de un ataque surtido.
* * *
Mardisho se sienta a mi lado y me aclara las cosas demostrándome paciencia:
Esta es una separata académica escrita por el doctor Trepanación de la Mancha. Esta trata del importante tema de la Hermenéutica Bíblica.
Cuando me incorporo lentamente, le escucho:
Esto dice acerca de los devotos de la sola Biblia, como el pastor Caramba:
En un nivel una nadita más alto de evolución se encuentran “los devotos de la sola Biblia” que se distinguen por esgrimir el postulado originado en los días de la Reforma Protestante del siglo 16, de que la “Biblia se interpreta por sí sola”.
Para el reformador Martín Lutero esto significaba que no existe ninguna autoridad humana institucional (la iglesia oficial, la tradición, el magisterio eclesiástico, etc.) que determine la interrelación del intérprete con su Texto Sagrado. Pero los devotos de la sola Biblia han convertido este postulado en un sofisma: Una falsedad disfrazada de verdad. Esto lo ilustra un manual de estudio bíblico publicado en forma gráfica por Chick Publications, el cual enseña que los únicos implementos para el estudio bíblico son:
1. Marcadores para colorear el texto,
2. Una reglita para subrayar los versículos,
3. Una pequeña agenda para tomar apuntes,
4. Y EN ULTIMO LUGAR, una Biblia
Al pie de esta lista viene la ADVERTENCIA de rigor: “Apártate de los comentarios bíblicos!”
Y para darle fundamento bíblico a esta consigna afectadamente piadosa, usa fuera de contexto las palabras de Jesús en Mateo 10:19 y 20: “No os preocupéis de cómo o qué hablaréis, porque os será dado en aquella hora lo que habéis de decir. Pues no sois vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre.”
* * *
Yo quedé embelesado con esta lectura, y Mardisho prosiguió a leer:
Para Lutero, que escribió comentarios bíblicos muy valiosos, el postulado de que la Biblia se interpreta por sí sola implica, más bien, cinco reglas de hermenéutica:
1. El Antiguo Testamento es interpretado por el Nuevo Testamento.
2. Los Evangelios son interpretados por las Epístolas
3. Lo universal intepreta lo particular
4. Lo sistemático interpreta lo incidental
5. Lo didáctico interpreta lo simbólico
* * *
Y cuando le iba a preguntar a quiénes se refirió Jesús en realidad, él siguió leyendo:
Y respecto de lo que dijo Jesús, sus palabras tan abusadas por los devotos de la sola Biblia, en realidad se refieren a los judíos que por aceptar el evangelio serían perseguidos y arrastrados a los tribunales. A ellos les dice: “No sois vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre.”
Jesús no les dice eso a los predicadores chabacanos y mamarrachos que suben al púlpito sin ninguna reflexión de lo que han de decir y piensan que el Espíritu Santo les va a “soplar”, de la misma manera que nos soplan en el examen los alumnos aplicados que sí estudian. Porque he aquí que el Espíritu Santo no es cómplice de predicadores patanes e ignorantes como míster Arrodilleti, autor de la copla carnavalesca que reza:
Qué hermenéutica ni hermenéutica!
Aquí lo que necesitamos
es arrodillética y ayunética!
* * *
Me reí con gusto de los “predicadores chabananos y mamarrachos” como míster Arrodilleti, y de la “arrodillética” y la “ayunética”, y le pregunté:
Dónde has conseguido esa separata académica?
Un amigo me la vendió en Pucallpa.
No tendrá una sobre la guerra espiritual?
Que yo sepa, no. A él se la vendió ésta un médico que tiene su clínica allí mismo, en Pucallpa. Y él me la vendió a mí.
El médico debe saber dónde conseguirlas.
A él se las vendió don Juan Chamorro, un pastor itinerante que ahora descansa en la paz del Señor.
Y dónde las consiguió él?
En el CEBCAR.
* * *
Dijo que cada separata académica es, en realidad, un curso corto programado sobre la Biblia, y que la de Hermenéutica era nada más que una de las cien separatas que forman una biblioteca chévere conocida como “El Gran Paquetazo”.
De repente, el rostro de Mardisho se torna radiante, y a la manera del Chavo del Ocho cuando zapatea de alegría, me dice:
Tú puedes estudiar en el CEBCAR!
Onde, ñaño?
En el Centro de Estudios Bíblicos “Casiodoro de Reina”, la institución que publica el Gran Paquetazo escrito por el doctor Trepanación de la Mancha.
Me rasco la cabeza y le digo:
Me pregunto si acaso será pariente de don Quijote de la Mancha. . .
No, oye. Más bien es pariente de don Sancho Panza.
Me muestra un tríptico que tenía su foto, luciendo una pancita sexy muy halajita, asisito nomá, y comenta:
Le dicen “de la Mancha”, porque sus discípulos “trepanados” constituyen squé una gran mancha. Son una legión, oye.
Por qué?
Porque son muchos.
* * *
Así me enteré que Trepanación de la Mancha es en realidad su apodo. Pero, por qué? Eso lo averigué ni bien llegué a Lima Limón y hablé con el .venerable Apóstol Eved Alvarez:
Y de veras les trepana el cráneo?
Sí, teclo.
Y siguen viviendo?
Fíjate que sí.
Se los trepana al estilo de los médicos incas?
Dicen que les destapa el cráneo con un tumi igualito a ése de la tumba del Señor de Sipán. Y después de la operación, les tapa el güeco con un pedazo de mate.
Y duele?
Debe de doler. Pero hacen cola para ser trepanados! Lo que indica que de por medio existe una cuota de placer.
* * *
El Apóstol Alvarez me llevó al CEBCAR-CBUP, en el Edificio AMIR, en la Avenida Brasil 1156, frente a la Facultad de Educación de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, y nos acomodamos los dos al final de una colaza bien largaza de puro viejitos, todos portando su respectiva sábana.
Una viejita cachacienta nos mira sorprendida y nos dice:
Ustedes están incompletos. A ustedes les falta algo. . .
Pensamos que se refería a nuestra ficha, o a nuestra facha, y preguntamos:
Qué?
Su sábana!
No le hacemos caso; más bien, nos ponemos a conversar en voz baja nosotros mismos. Le digo:
No me imaginaba que así de larga fuera la cola del CEBCAR!
Y responde:
Pocos son los escogidos, mas muchos los reciclados. Ellos son derivados al CERAGEM, en la planta baja.
* * *
Dicen que muchos llegan al CEBCAR-CBUP con sus cráneos tristemente maltrechos y triturados a causa de la guerra espiritual. Para sobrevivir, su única esperanza es la trepanación, si o sí. Después se recuperan lentamente, pero a paso seguro. Aunque no faltan los que se escapan a medio trepanar, dejando su sábana en las manos del doctor Trepanación, al estilo de Juan Marcos, cuando lo agarraron los soldados romanos, pero él se escapó desnudo en medio de las tinieblas de la noche, dejando su sábana en sus manos.
Le pregunto al Apóstol Alvarez:
Y no se mueren?
Algunos, no. Pero lucen un aspecto contraproducente y horripilante, porque andan de iglesia en iglesia luciendo su güeco en la tutuma. Si no fuera por la fuerza de la gravedad, no se les distinguirían sus güecos. Lo que me hace recordar este chiste cruel: Un chanchito le preguntó a su mamá: Mamita, mamita, por qué tengo un güequito debajo de mi rabito? Y su mamá le respondió: Porque si lo tuvieras en la nuca serías alcancía.
Y los que son trepanados con éxito?
A esos les cose la piel con guatopa e hilo número 12, y al cabo de un tiempo los encuentras luciendo sus conocimientos científicos, porque en la CBUP estudian con la Biblia Científica Reina-Valera Actualizada o RVA, que es una de las principales obras del doctor Trepanación de la Mancha.
* * *
Cuando mencionó la RVA me di cuenta de que Trepanación de la Mancha no era otro que el Apóstol Chávez! Y le digo:
Ahora que me acuerdo, creo haber oído hablar de ese tipo. . .
Onde?
Poráy. Dicen que es “shilico”. Dicen que es la mué-re-te, cho!
Y su Gran Paquetazo puedes estudiarlo en la cama, juntos con tu mujer. Así, no tienes necesidad de levantarte, oye.
* * *
En ese preciso momento se acerca a nosotros uno de los trepanados con éxito.
Se trata de un ejemplar sobresaliente de trepanación que ahora practica la trepanación por cuenta propia allá en las sofocantes tierras de la Amazonía.
Se llama Semcar. Su hermosa calavera no acusa más las cicatrices de la trepanación. Pensar que una vez estuvo con su tutuma expuesta cuando con un embudo se le introdujo la exégesis después de habérsele extraído la eiségesis.
El no se escapó a medio trepanar, como algunos pobres diablos que ahora lamentan haber escapado del tumi. El tuvo valor, y dicen que se ha graduado de la CBUP con el título de Doctor.
El doctor Semcar, que es también exorcista apostólico, nos explica eso de la CBUP:
Es la California Biblical University of Peru, la principal Universidad Evangélica de América Latina. Y está, no en California, sino aquí mismo, en Lima Limón.
* * *
El Apóstol Alvarez y yo le escuchamos con asombro, viendo que un haz de gloria se había posado sobre su frente iluminando su rostro con una sonrisa seductora. Entonces exclamé:
Yo también quiero ser trepanado en la CBUP!
Te felicito! Sin la trepanación de rigor jamás podrás entender el Evangelio del Reino en su verdadera dimensión.
Quería comprobar si lo que nos contó el doctor Semcar era cierto.Y fíjate que sí había sido cierto!
Es verdad que en el Aula Magna de la CBUP me tocó sentarme al lado de un mocoso, un chico más antipático que el Quico de la tele, que bien podría ser mi bisnieto; sin embargo, terminamos haciendo buena yunta. Y ahora, después de haber experimentado mi debida trepanación, exhibo un cráneo de lujo que hace juego con mi barbita de israelita.
Tras una super capacitación teológica en el CEBCAR y en la CBUP he alcanzado, como el doctor Semcar, que no es otro que el archifamoso exorcista charapa, Gustavo Montero del Aguila, el título de Doctor en Ministerios. Por eso firmo con orgullo y limpia conciencia como: Dr. Augusto Pecho Cerrón, Misionero Trepanado.
MI TREPANACION DE LUJO
Mardisho es mi compañero de milicia. Ambos tenemos muchas aventuras que contar de nuestra difícil labor en la selva amazónica del Perú.
Cierto día nos pusimos a reflexionar respecto de los resultados maravillosos del evangelio en el infierno verde, y me brota del alma la exclamación:
Verdaderamente es un milagro de Dios!
Pero Mardisho entristece mi espíritu con un inexplicable pesimismo:
Cuando te mueve el primer amor, das testimonio del cambio operado en tu vida. Participas alegremente cantando “especiales”, mayormente a capella. Y si tienes talento, pasas a dirigir las alabanzas o predicas imitando las gesticulaciones de los gringos. Pero en algún momento empiezas a sentir la necesidad de conocer el Evangelio de manera más profunda, y no falta por allí alguien que echa tierra a este anhelo diciéndote que el estudio mata al espíritu.
* * *
Alguien había echado tierra a las aspiraciones de Mardisho. Le había ocurrido a él lo mismo que había ocurrido conmigo. Yo sospechaba quién era ese conch. . .
Si tú eres de esos recalcitrantes, y peor si eres tránsfuga los que se pasan de denominación en denominación, seguramente ya estás convencido de que no necesitas estudiar y te jactas de que el Espíritu Santo te enseña de manera privada y hace de ti un supersábelotodo. Pero Mardisho y yo nunca nos dejamos convencer por el pastor Caramba, que me dijo que la Biblia se interpreta por sí sola y que el recurso a otros libros y a otros estudios revela falta de fe.
En su presencia tuve que esconder mis libros, para no caer de su gracia.
Yo también.
* * *
Pero Mardisho no se dejó doblegar, como revela esta observación admirable que me ha hecho pensar con inquietud:
No podemos limitar las bendiciones del Espíritu Santo. Porque él no puede darte más. . .
Y ante mi extrañeza, concluye:
. . .si tú no estás capacitado para recibir más. Por eso tenemos que estudiar!
Y acto seguido puso manos a la obra: Saca de su costalillo un fajo de papeles corrugados y mugrientos, y se recuesta a leer, confiado de que yo no lo juzgaría mal ni lo delataría.
Las páginas estaban subrayadas en casi todas su líneas, señal de que un lector embelesado las había leído y releído con avidez. Y al ver que las pega a su corazón con evidente cariño, como una carta de amor, me siento movido a preguntarle:
Qué es eso, Mardisho?
Y responde:
Es una “separata académica”.
Una qué?
Una separata académica.
Al oírle hablar de “separata académica”, mis rodillas se chocaron una con otra.
El se vio en la necesidad de hacer esta aclaración:
No te asustes, cho. Es una separata académica de HERMENEUTICA.
Peor aún: Al oír la palabra “hermenéutica”, caí al suelo presa de un ataque surtido.
* * *
Mardisho se sienta a mi lado y me aclara las cosas demostrándome paciencia:
Esta es una separata académica escrita por el doctor Trepanación de la Mancha. Esta trata del importante tema de la Hermenéutica Bíblica.
Cuando me incorporo lentamente, le escucho:
Esto dice acerca de los devotos de la sola Biblia, como el pastor Caramba:
En un nivel una nadita más alto de evolución se encuentran “los devotos de la sola Biblia” que se distinguen por esgrimir el postulado originado en los días de la Reforma Protestante del siglo 16, de que la “Biblia se interpreta por sí sola”.
Para el reformador Martín Lutero esto significaba que no existe ninguna autoridad humana institucional (la iglesia oficial, la tradición, el magisterio eclesiástico, etc.) que determine la interrelación del intérprete con su Texto Sagrado. Pero los devotos de la sola Biblia han convertido este postulado en un sofisma: Una falsedad disfrazada de verdad. Esto lo ilustra un manual de estudio bíblico publicado en forma gráfica por Chick Publications, el cual enseña que los únicos implementos para el estudio bíblico son:
1. Marcadores para colorear el texto,
2. Una reglita para subrayar los versículos,
3. Una pequeña agenda para tomar apuntes,
4. Y EN ULTIMO LUGAR, una Biblia
Al pie de esta lista viene la ADVERTENCIA de rigor: “Apártate de los comentarios bíblicos!”
Y para darle fundamento bíblico a esta consigna afectadamente piadosa, usa fuera de contexto las palabras de Jesús en Mateo 10:19 y 20: “No os preocupéis de cómo o qué hablaréis, porque os será dado en aquella hora lo que habéis de decir. Pues no sois vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre.”
* * *
Yo quedé embelesado con esta lectura, y Mardisho prosiguió a leer:
Para Lutero, que escribió comentarios bíblicos muy valiosos, el postulado de que la Biblia se interpreta por sí sola implica, más bien, cinco reglas de hermenéutica:
1. El Antiguo Testamento es interpretado por el Nuevo Testamento.
2. Los Evangelios son interpretados por las Epístolas
3. Lo universal intepreta lo particular
4. Lo sistemático interpreta lo incidental
5. Lo didáctico interpreta lo simbólico
* * *
Y cuando le iba a preguntar a quiénes se refirió Jesús en realidad, él siguió leyendo:
Y respecto de lo que dijo Jesús, sus palabras tan abusadas por los devotos de la sola Biblia, en realidad se refieren a los judíos que por aceptar el evangelio serían perseguidos y arrastrados a los tribunales. A ellos les dice: “No sois vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre.”
Jesús no les dice eso a los predicadores chabacanos y mamarrachos que suben al púlpito sin ninguna reflexión de lo que han de decir y piensan que el Espíritu Santo les va a “soplar”, de la misma manera que nos soplan en el examen los alumnos aplicados que sí estudian. Porque he aquí que el Espíritu Santo no es cómplice de predicadores patanes e ignorantes como míster Arrodilleti, autor de la copla carnavalesca que reza:
Qué hermenéutica ni hermenéutica!
Aquí lo que necesitamos
es arrodillética y ayunética!
* * *
Me reí con gusto de los “predicadores chabananos y mamarrachos” como míster Arrodilleti, y de la “arrodillética” y la “ayunética”, y le pregunté:
Dónde has conseguido esa separata académica?
Un amigo me la vendió en Pucallpa.
No tendrá una sobre la guerra espiritual?
Que yo sepa, no. A él se la vendió ésta un médico que tiene su clínica allí mismo, en Pucallpa. Y él me la vendió a mí.
El médico debe saber dónde conseguirlas.
A él se las vendió don Juan Chamorro, un pastor itinerante que ahora descansa en la paz del Señor.
Y dónde las consiguió él?
En el CEBCAR.
* * *
Dijo que cada separata académica es, en realidad, un curso corto programado sobre la Biblia, y que la de Hermenéutica era nada más que una de las cien separatas que forman una biblioteca chévere conocida como “El Gran Paquetazo”.
De repente, el rostro de Mardisho se torna radiante, y a la manera del Chavo del Ocho cuando zapatea de alegría, me dice:
Tú puedes estudiar en el CEBCAR!
Onde, ñaño?
En el Centro de Estudios Bíblicos “Casiodoro de Reina”, la institución que publica el Gran Paquetazo escrito por el doctor Trepanación de la Mancha.
Me rasco la cabeza y le digo:
Me pregunto si acaso será pariente de don Quijote de la Mancha. . .
No, oye. Más bien es pariente de don Sancho Panza.
Me muestra un tríptico que tenía su foto, luciendo una pancita sexy muy halajita, asisito nomá, y comenta:
Le dicen “de la Mancha”, porque sus discípulos “trepanados” constituyen squé una gran mancha. Son una legión, oye.
Por qué?
Porque son muchos.
* * *
Así me enteré que Trepanación de la Mancha es en realidad su apodo. Pero, por qué? Eso lo averigué ni bien llegué a Lima Limón y hablé con el .venerable Apóstol Eved Alvarez:
Y de veras les trepana el cráneo?
Sí, teclo.
Y siguen viviendo?
Fíjate que sí.
Se los trepana al estilo de los médicos incas?
Dicen que les destapa el cráneo con un tumi igualito a ése de la tumba del Señor de Sipán. Y después de la operación, les tapa el güeco con un pedazo de mate.
Y duele?
Debe de doler. Pero hacen cola para ser trepanados! Lo que indica que de por medio existe una cuota de placer.
* * *
El Apóstol Alvarez me llevó al CEBCAR-CBUP, en el Edificio AMIR, en la Avenida Brasil 1156, frente a la Facultad de Educación de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, y nos acomodamos los dos al final de una colaza bien largaza de puro viejitos, todos portando su respectiva sábana.
Una viejita cachacienta nos mira sorprendida y nos dice:
Ustedes están incompletos. A ustedes les falta algo. . .
Pensamos que se refería a nuestra ficha, o a nuestra facha, y preguntamos:
Qué?
Su sábana!
No le hacemos caso; más bien, nos ponemos a conversar en voz baja nosotros mismos. Le digo:
No me imaginaba que así de larga fuera la cola del CEBCAR!
Y responde:
Pocos son los escogidos, mas muchos los reciclados. Ellos son derivados al CERAGEM, en la planta baja.
* * *
Dicen que muchos llegan al CEBCAR-CBUP con sus cráneos tristemente maltrechos y triturados a causa de la guerra espiritual. Para sobrevivir, su única esperanza es la trepanación, si o sí. Después se recuperan lentamente, pero a paso seguro. Aunque no faltan los que se escapan a medio trepanar, dejando su sábana en las manos del doctor Trepanación, al estilo de Juan Marcos, cuando lo agarraron los soldados romanos, pero él se escapó desnudo en medio de las tinieblas de la noche, dejando su sábana en sus manos.
Le pregunto al Apóstol Alvarez:
Y no se mueren?
Algunos, no. Pero lucen un aspecto contraproducente y horripilante, porque andan de iglesia en iglesia luciendo su güeco en la tutuma. Si no fuera por la fuerza de la gravedad, no se les distinguirían sus güecos. Lo que me hace recordar este chiste cruel: Un chanchito le preguntó a su mamá: Mamita, mamita, por qué tengo un güequito debajo de mi rabito? Y su mamá le respondió: Porque si lo tuvieras en la nuca serías alcancía.
Y los que son trepanados con éxito?
A esos les cose la piel con guatopa e hilo número 12, y al cabo de un tiempo los encuentras luciendo sus conocimientos científicos, porque en la CBUP estudian con la Biblia Científica Reina-Valera Actualizada o RVA, que es una de las principales obras del doctor Trepanación de la Mancha.
* * *
Cuando mencionó la RVA me di cuenta de que Trepanación de la Mancha no era otro que el Apóstol Chávez! Y le digo:
Ahora que me acuerdo, creo haber oído hablar de ese tipo. . .
Onde?
Poráy. Dicen que es “shilico”. Dicen que es la mué-re-te, cho!
Y su Gran Paquetazo puedes estudiarlo en la cama, juntos con tu mujer. Así, no tienes necesidad de levantarte, oye.
* * *
En ese preciso momento se acerca a nosotros uno de los trepanados con éxito.
Se trata de un ejemplar sobresaliente de trepanación que ahora practica la trepanación por cuenta propia allá en las sofocantes tierras de la Amazonía.
Se llama Semcar. Su hermosa calavera no acusa más las cicatrices de la trepanación. Pensar que una vez estuvo con su tutuma expuesta cuando con un embudo se le introdujo la exégesis después de habérsele extraído la eiségesis.
El no se escapó a medio trepanar, como algunos pobres diablos que ahora lamentan haber escapado del tumi. El tuvo valor, y dicen que se ha graduado de la CBUP con el título de Doctor.
El doctor Semcar, que es también exorcista apostólico, nos explica eso de la CBUP:
Es la California Biblical University of Peru, la principal Universidad Evangélica de América Latina. Y está, no en California, sino aquí mismo, en Lima Limón.
* * *
El Apóstol Alvarez y yo le escuchamos con asombro, viendo que un haz de gloria se había posado sobre su frente iluminando su rostro con una sonrisa seductora. Entonces exclamé:
Yo también quiero ser trepanado en la CBUP!
Te felicito! Sin la trepanación de rigor jamás podrás entender el Evangelio del Reino en su verdadera dimensión.
Quería comprobar si lo que nos contó el doctor Semcar era cierto.Y fíjate que sí había sido cierto!
Es verdad que en el Aula Magna de la CBUP me tocó sentarme al lado de un mocoso, un chico más antipático que el Quico de la tele, que bien podría ser mi bisnieto; sin embargo, terminamos haciendo buena yunta. Y ahora, después de haber experimentado mi debida trepanación, exhibo un cráneo de lujo que hace juego con mi barbita de israelita.
Tras una super capacitación teológica en el CEBCAR y en la CBUP he alcanzado, como el doctor Semcar, que no es otro que el archifamoso exorcista charapa, Gustavo Montero del Aguila, el título de Doctor en Ministerios. Por eso firmo con orgullo y limpia conciencia como: Dr. Augusto Pecho Cerrón, Misionero Trepanado.
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