CAPITULO 1
EL REY
En el muelle pluvial de la ciudad de Pucallpa, junto al río Ucayali, a las 9.00 de la mañana de aquel sofocante 28 de agosto, se encontraba haciendo cola mister Park para abordar la motonave “El Moshaco 1”, rumbo al puerto de Bolívar.
El gringo se sentía algo incómodo. No era a causa de su volumen, que fácilmente podía oscilar por los 150 kilos o más de 300 pounds. Tampoco era por destacar de manera tan visible en la fila de charapas flacuchentos a los cuales, de ser caníbal, de sobra podría engullir de dos en dos. Lo que le incomodaba era tener que viajar en aquella motonave cuyo nombre inmundo era el diminutivo charapa de la palabra “mozandero” o aficionado a las mozas, por no decir, “mujeriego”.
El nombre de la motonave le ofendía en extremo a causa de la radicalidad de su postura ética, pero no tenía otra posibilidad para llegar al puerto de Bolívar, dos días río abajo, para cumplir su misión en la viña del Señor. Y el hecho de que destacara desproporcionadamente en medio de la cola le sirvió, más bien, para tener el gran privilegio de conocer personalmente a un charapa en su edad media, flacuchento, risueño, soñador y pulcramente vestido.
Así empezó un diálogo que al principio añadiría a la cuota de incomodidad del hombre de Dios. Pero poco a poco le iría gustando el charapa, porque así como se reía de todo el mundo, permitía alegremente que todos se rieran de él.
* * *
El viaje empezó, y el “Moshaco 1” comenzó a internarse en la selva, río abajo.
Al contemplar las playas despejadas y los árboles cuyo lujuriante follaje se inclinaba para darles la bienvenida, mister Park decía en su corazón: “Praise the Lord!” Y en ese preciso momento tenía que acercársele el charapa que le había dado su business card hacía unos momentos cuando estaban en la cola en el muelle.
Mientras se le acerca, guardando equilibrio a causa del bamboleo de la cubierta, mister Park sacó de su bolsillo de atrás la estropeada y perfumada tarjeta que había recibido de él, para chequear su nombre y su oficio, por si las moscas. Entonces lee: “Reverendo Macedonio Lamido - Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor y Maestro”. Y pensó: “Guau!”
Mientras se dan la mano, mister Park se pone a pensar: “De dónde diablos me es conocido su nombre? Me lo habrán presentado previamente? O a lo mejor sólo me es conocido por la historia de San Pablo, cuando vio en visión a un varón macedonio que le decía: Pasa a Macedonia y ayúdanos. “
* * *
El pastor Lamido le pregunta con aire burlón:
Así que tú también eres pastor?
Sí, hermanito.
Le pincha despectivamente su polo,[1] señala su short y sus sayonaras,[2] y le dice:
Pastor? Tú? Así con ese polo? Pastor con ese short? Pastor con esas sayonaras?
El gringo iba vestido de manera informal, pero el charapa iba como Dios manda: Camisa de manga larga, pantalón largo y zapatos bien lustrados. Esa era la manera canónica de vestir según sus maestros del Instituto Bíblico. Pero, en el infierno verde de la Amazonía!
Comparando al gringo con su propia apariencia, llegó a tener serias dudas de su llamamiento pastoral, y procedió a examinarlo de manera más acuciosa y chanzuda:
Y tú, cuántos dones tienes, ah? Porque yo ya tengo los cinco ministerios de Efesios 4:11.
Le entrega por segunda vez su business card y le indica con la punta de su dedo:
Fíjate que ya soy Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor y Maestro.
Mister Park entra en onda y le sigue la corriente:
Esos son todos los dones que tú tienes? Uff! Entonces te falta mucho. . .
El charapa medio que titubeó:
También tengo muchos otros dones, como. . . el don de sanidad. . . el don de lenguas y. . . el don de discernimiento de espíritus! Soy completo, hermanito! A mí no me falta nada! Gloria a Dios! Aleluyaaáh!
* * *
El charapa interpretó una derrota que el gringo callara, y desde ya le menospreciaba en su corazón. Sin embargo, quiso propinarle una extra dosis de humillación al seguir comparándolo consigo mismo:
A ver! Me puedes decir hasta cuántos días has ayunado?
Y sin dejarle responder, prosiguió:
Porque yo ya he ayunado hasta cuarenta días y cuarenta noches, como Jesús en el desierto y como Moisés en el Monte Sinaí.
Como el misionero parecía estar anonadado, el pastor charapa continuó machacando:
Sólo en mi iglesia “Alasher” y en la iglesia “Monte Santo” hemos cumplido con ayunar conforme a lo programado por Radio del Pacífico. Gloria a Dios!
Ante el prolongado silencio del misionero al verse avasallado, el charapa le pregunta:
Y tú no dices nada, hermanito?
Mister Park responde:
Amén, hermanito! Amén!
”Amén” nomás? Eso es todo lo que dices?
Qué más te puedo decir, hermanito? Simplemente he de alabarte porque como bien dice el Señor, “tú ya tienes tu recompensa!” Es que te lo tienes bien merecido, hermanito, tal como lo dijo el Señor.
Trata de evitar la conversación haciéndose que rebusca algo en su mochila. Y el pastor charapa, como profeta que era, sacó del bolsillo de su camisa otra de sus business cards, y se la entregó por tercera vez.
* * *
El pastor Lamido no lo dejó en paz,:
Pero, viéndolo bien, hermanito, tú estás muy gordo, hermanito; y como dice la Palabra: “Pastor gordo, mal testimonio.”
Mister Park vio llegado el momento para contraatacar:
Así? La Palabra también dice: “Pastor flaco, poca fe.” Y ahora que me recuerdo, cuando mencionaste la lista de los dones que tienes no mencionaste el don de la fe. De modo que, muy a mi pesar, tú no estás completo, hermanito. Porque además de la fe, te falta el don principal. . .
Cuál? Cuál?
El don del amor.
* * *
El charapa iba a responder como es debido, pero en ese preciso momento lo distrajeron las campanadas procedentes de la cocina del barco, llamando al desayuno. Toda la gente, un número aproximado de 200 personas, pues la motonave era de gran calado, empezaron a buscar sus tazones y sus cucharas para recibir cada uno su quáker sin leche y un par de panes “roscas” turrados.
La cola frente a la cocina era interminable y avanzaba lentamente. De pronto, el charapa, que por conversar con mister Park resultó ser el último en la cola, juntos con el gringo, se despidió de él amablemente y fue a tomar su lugar a la cabeza de la cola, lo que ocasionó fuertes silbidos, piteos y protestas:
Hey, hey, hey! Ese hermanito que haga su cola!
Y todos gritaban:
A la cola! A la cola! A la cola! Que no se pase de vivo!
Pero el pastor Lamido respondió:
Yo no soy ningún vivo, como ustedes se lo imaginan. Lo que pasa es que yo soy. . . hijo del Rey!
* * *
El misionero, avergonzado a causa del feo testimonio de su consiervo, lo aparta de la cola y le habla en voz baja:
Yo también soy hijo del Rey, hermanito. . . Sin embargo, hago mi cola y muestro respeto y consideración por las señoras embarazadas, por los enfermos y por los niños. . .
El no se inmutó y respondió:
Pero la Palabra dice en el libro de Deuteronomio 28:13 que el Señor me ha escogido a mí para ser cabeza y no cola. Por eso es que yo me voy a la cabeza y no a la cola, porque debo cumplir la Palabra de Dios.
Cuando volvía a la cabeza de la cola, mister Park lo detiene del brazo e inquiere:
Eso dice?
Para ser exacto, dice así: “Si obedeces los mandamientos que yo te mando hoy, Jehovah te pondrá como cabeza y no como cola. Estarás encima, nunca debajo.”
Pero hermanito, te parece justo que todos hagamos cola, y tú no? A lo mejor también te vas a subir encima de las cabezas de la pobre gente, según tu interpretación de la Palabra!
El baja el tono de su voz y responde:
No me parece justo. . . Sé que es una injusticia, como tú dices, pero yo sólo cumplo lo que dice la Palabra de Dios.
* * *
El sol se había ocultado y todos se disponían a pasar la noche lo más cómodamente posible en la vorágine amazónica diseñada para que en ella se enseñoreasen los mosquitos en el día y los zancudos en la noche.
A los turistas, los zancudos siempre les agarran de “puntos”. Sobre ellos se lanzan en picada con sus poderosas lancetas, haciendo que se muevan erráticamente como gusanos heridos, dándose a sí mismo sonoros lapazos, atolondrados por sus picaduras y sus zumbidos enloquecedores.
Otros bailan un ritmo sin ritmo, como ése del “Avestruz” Carty, el delantero del Cienciano del Cuzco, campeón de la Copa Sudamericana.
Otros, convertidos en zombies, se dan al zapateo aburrido y caen agotados como muñecos de trapo.
Y para para agriar el ambiente en aquel infierno selvático, estaba allí la silueta de ese pastor antipático con su mirada condescendiente y su sonrisa cojuda.Algunos estaban a punto de creer que efectivamente era hijo del Rey, porque los zancudos lo respetaban de común acuerdo.
* * *
Mister Park se dispone a amarrar a los postes del barco su hamaca de dos plazas, cuando se le acerca el hijo del Rey para pedirle perdón. Se le veía profundamente compungido, y mister Park se alegró pensando que el Espíritu Santo estaba obrando en la vida de su siervo. Mister Park le dice:
Habla, hermanito, que tu siervo escucha. . .
Le dice:
Hermano, he venido a pedirte. . .
Su voz se atraganta conmovedoramente. Parece que por primera vez en su vida va a pedir perdón por su pésimo testimonio.
Vuelve a hacer el intento de hablar, y continúa atragantándose con sus palabras entrecortadas y sin aliento:
Hermanito, he venido a pedirte. . . que me prestes tu hamaca para esta noche.
Mister Park le preguntó:
Acaso no tienes una hamaca para dormir?
Y continuó riéndose sarcásticamente:
Ajá! Entonces tú no estás completo! También te falta el don de la hamaca!
Luego le dice:
Disculpa, hermanito, pero este siervazo tiene que dormir en su hamaca, porque es. . . toy mu. . . muerto. . . de can. . . san. . . ciooo.
Ni bien dijo la última sílaba se echó a roncar.
* * *
Al día siguiente se repitió la cola para el desayuno, pero el hijo del Rey no se hallaba ni al principio ni al final de la cola, pues estaba seco dormido en la hamaca de mister Park. Como el gringo se había levantado de madrugada, despertado por los picotones de un mensajero de Dios que le hizo recordar de su devoción matutina, el hijo del Rey se dejó caer dentro de su hamaca donde desapareció como un triste frijol en olla grande.
Aquel gesto perdonador del hijo del Rey tranquilizó la conciencia atormentada de mister Park, que la noche anterior le había dicho: “Entonces tú no estás completo, porque te falta también el don de la hamaca.”
Entonces mister Park, respetando su sueño, pidió doble ración de quáker, una para él y otra para su consiervo que dormía.
Y se lo concedieron.
* * *
Inmediatamente después del quáker, que había sido servido frente a una playa donde la motonave había amarrado, mister Park sintió una inmensa nostalgia de cagar, y se hizo guiar al puerto para buscar una letrina; mas he aquí que no la había. Y preguntó a los moradores:
Y vosotros, dónde hacéis vuestras necesidades?
Y alguien le respondió con aires de autosuficiencia:
He aquí que todo el monte está a vuestra entera disposición; más tened cuidado de la Policía Sanitaria. . .
A quién te refieres?
A los chanchos.
* * *
Ante el peso de las circunstancias y dejando de lado sus aires de gringo civilizado, mister Park se entreveró entre los brotes de plantas de plátanos y se dispuso a defecar, completamente seguro de que en aquel extraño paraje, y desde aquel ángulo providencial, no sería observado jamás su gigantesco culo, blanco como la nieve.
Pero cuando estaba en lo más rico, apareció como creado ex nihilo, un enorme chancho que avanzó gruñendo de regocijo, y de un hocicazo lo hizo rodar cuesta abajo, hasta un charco de agua cristalina que se escurría desde las enormes hojas de las plantas de plátano que a esa hora se deshacían del abundante rocío de la madrugada.
Mister Park miró a su alrededor, y he aquí que no había ningún testigo ocular capaz de haber presenciado semejante espectáculo.
Y con este único consuelo volvió a la motonave, justo cuando se alistaba a zarpar.
* * *
Una vez en la cubierta, recostó su cabeza sobre un mullido almohadón y vio más allacito a un gordito que tenía un piercing de oro en un costado de su ceja y que era rodeado por la gente que se apretujaba diciendo que era Maradona.
Efectivamente, se parecía algo a Maradona y hablaba con un marcado acento porteño. La gente le pedía autógrafos, y no habiendo otra cosa que hacer en la motonave, él se los repartía a diestra y siniestra, y todos los charapas estaban felices y contentos.
Mister Park miró de reojo su autógrafo que acababa de estampar en el cuaderno mugroso de uno de sus hinchas y vio que decía: “d10s”.
Todos sus autógrafos decían: “d10s”, pero míster Park no entendía ese garabato.
* * *
Entonces también se acercó a él mister Park y le preguntó maliciosamente:
De veras has venido desde la Argentina?
Y él le respondió en un perfecto estilo bíblico:
He aquí que yo he descendido del cielo.
Mister Park le dijo, sin poder contener la risa:
Así que Argentina también está lanzando su gente al espacio? Da gracias a Dios, hermano, que te caíste en la motonave Moshaco 1. De otro modo, te sacabas la mugre sobre algún árbol o se banqueteaban contigo las pirañas! Seguro que esperabas caer en Guantánamo Bay! Verdad? Pues tienes una suerte maldita porque has caído en el Ucayali river!
Pero Maradona le respondió en un perfecto inglés con acento escocés:
Dear mister Immanuel Park. . . Yo mismo soy. . .
Y tras una majestuosa pausa, terminó diciendo:
. . . el Rey!
* * *
El gringo no se sorprendió de que Maradona creyese ser el rey, pero sí de que pronunciara con tanta seguridad y exactitud su nombre y su apellido, y le preguntó con el espíritu cachaciento que desgraciadamente le había contagiado el pastor charapa:
Y tú, de dónde conoces mi nombre, oye? De dónde me conoces? Ah?
Y le respondió:
Antes que el chancho te hociqueara y te mandara rodando al precipicio, junto a la planta de plátano yo te vi.
Mister Park se quedó enmudecido. Y Maradona continuó:
Tú crees que estás completo, ché, mucho más completo que ese charapa mentecato que ronca en tu hamaca, pero he aquí que a ti también te falta algo, y yo he sido enviado con el propósito de hacértelo saber.
* * *
Mister Park, intentó acabar con aquella enfermiza conversación, que menos mal se realizó aparte de la gente, y le dijo en son de burla:
Yo sé lo que me falta, ché: Un tornillo! Pues Camucha Negrete te diría eso mismo a ti también: “El tornillo que le faltaba a usted”.
No sé si el argentino sabría algo de la hermosa vedette charapa que trabajaba en el programa televisivo “El Tornillo”, pero respondió:
No, mi estimado. A ti no te falta ningún tornillo. En este sentido tú estás completo, y no como ese pobre charapa que ronca en tu hamaca, al cual le faltan todos los tornillos habidos y por haber. Pero a ti te falta otra cosa.
Mister Park preguntó burlonamente, recurriendo al estilo cachaciento del charapa:
Así? Y qué me puede faltar a mí, oye? Yo estoy completo, hermanito! Toma mi business card!
Maradona no se la recibió. Más bien, le respondió:
Pero te falta tu estaca, ché. Tú no debiste haber salido en misión sin traer contigo tu estaca!
Qué estaca ni qué estaca, ché!
Y Maradona responde:
En mi Palabra está escrito; para ser más exacto en Deuteronomio 23:9-14: “Cuando salgas en campaña cuídate de toda cosa mala. . . Tendrás un lugar fuera del campamento, y allá saldrás. Tendrás también en tu cinto UNA ESTACA; y cuando vayas allí fuera, cavarás con ella y te darás vuelta para cubrir tu excremento. . . Tu campamento deberá ser santo, de modo que el Señor no vea en medio de ti alguna cosa indecente y se aparte de ti.”
* * *
Mister Park se quedó un momento enmudecido de asombro al ver cómo Maradona citaba las Escrituras de memoria y con tanta exactitud, y cuando hizo un esfuerzo descomunal para responder, el argentino le interrumpió diciendo:
Y si lees mis Sagradas Escrituras en la Versión RVA. . .
Te refieres a la Versión “Chévere” del Apóstol Chávez?
Ecco! Allí verás que algunos traductores traducen “equipo” en lugar de “cinto”. Es decir, tú no debiste haber omitido incluir en tu equipo de misionero tu estaca, de la misma manera que un cirujano no puede omitir su bisturí.
Mister Park, que no creía estar discutiendo con ningún emisario celestial, le dijo en tono burlesco:
Para qué requeriría yo una estaca en medio de la selva, donde todo el monte está a mi entera disposición? Si fuera en el desierto del Sinaí, te lo acepto, pero no aquí, donde todo es borrón y cuenta nueva. Tú me estás cargando, ché!
No te estoy cargando, porque si hubieras tenido tu estaca a la mano, no te habría hociqueado el chancho. . .
Y prosiguió a decirle de manera conciliadora:
Mas he aquí que han sido encontradas algunas cosas buenas en ti, ché. Porque he aquí que no has satanizado a ese charapa mentecato que ha cuestionado tu llamamiento misionero, ni lo has lanzado al lago de fuego. Porque he aquí que él también es hijo del Rey.
* * *
En ese preciso momento mister Park se despertó de su sueño pesado, porque el hijo del Rey le dio una fuerte remecida y le dijo:
Anda, pues, oye! Dame ese tazón de quáker que no has comido, porque yo me he quedado sin desayuno, y mi tripa grande está que se come a mi tripa chiquita, oye!
Cuando le extendía el tazón, medio desperezándose, el charapa añadió:
Te contaré, oye, que acabo de tener un sueñazo profético acerca de ti, oye!
Mister Park se quedó de una pieza, temiendo que el sueño del charapa tuviera que ver con la hociqueada del chancho. Dios bendito! Acaso había salido en CNN International?
Después de todo, acaso no decía su business card que entre otras cosas el charapa también era “Profeta”?
Y ahora resulta confirmado que también es hijo del Rey!
Y optó por mostrarse desinteresado, porque el “sueño profético” del hijo del Rey. . . a qué otra cosa se podría referir?
* * *
El hijo del Rey se tragó el quáker de un jalón, y pensando que la ración era de mister Park, le dijo en señal de agradecimiento:
Tienes toditita la razón, hermano. . .
A qué te refieres?
A que mí me falta fe, y a ti te sobra fe, hermanito. . .
Gloria a Dios! Eso sí que es un buen comienzo!
Sí, hermanito. Tú me has convencido de que a mí me corresponde crecer, y a ti, menguar, hermano. . .
Mister Park se puso a mirar a lontananza, pero el pastor le insistió:
Pero déjame contarte mi sueño profético, hermanito. . . Qué tal sueñazo que he tenido en tu hamaca!
* * *
A mister Park casi le da un ataque surtido cuando le escucha decir: “Qué tal sueñazo!” Y prefirió hacerse el soñoliento, para no tener que escucharle más.
Entonces el hijo del Rey lo sorprendió acercándose cariñosamente para besarle en la mejilla. . . Pero lo que hizo fue hablarle bien quedo al oído:
Anoche soñé. . .
Otra vez hablaba con ese nerviosismo que hacía que se atragantara en cada sílaba, y mister Park seguía fingiendo una persistente modorra, como una moza que es acosada por el Moshaco Primero!
El charapa continuó:
Soñé que. . .
Luego hizo un colosal esfuerzo y añadió:
Anoche soñé que en el día de. . .
Tomó viada y sacó todo lo que tenía en su corazón:
Anoche soñé que en el día mi santo, tú mismo me dabas un Gran Paquetazo envuelto en papel de regalo, oye!
Mister Park cayó en la trampa cuando le dijo:
Así? Y se puede saber cuándo es el día de tu santo?
El charapa respondió:
Hoy es el día de mi santo, oye! Qué contiene el Gran Paquetazo que me vas a regalar?
Y recordando las palabras del Rey, exclamó en sus adentros: “Nada de esto me ocurriría si tuviera a la mano mi estaca!”
* * *
De manera extraña, George Frankenstein no interrumpe mi relato hasta este punto. Creo que hará falta decir algo sobre su identidad. El es mi hijo putativo, a quien me refiero ampliamente en mi obra George Frankenstein y la dimensión desconocida.
Me adelanto a su consabida retahila de interrogantes y le digo:
El núcleo de esta historia fue escrito por mi exorcista privado, el doctor Gustavo Montero del Aguila para el curso de Editing y Formación Editorial que me tocó dictar hace unos años en la CBUP. La historia pasó luego por una serie de faces editoriales para las cuales viajé al escenario de los acontecimientos.
Y él pregunta:
Y recibió el pastor Lamido el regalo que soñó?
Sí. Así llegó a deleitarse con el “GRAN PAQUETAZO”
Y George, más cuerdo que nunca, concluye:
Quizás lo que realmente nos falta a todos no es una estaca, ni un tornillo, ni un business card, ni siquiera un mozandero, sino un “GRAN PAQUETAZO” envuelto en papel de regalo, tal como lo vio en visión aquel varón profeta a bordo del Moshaco Primero!
[1]Camiseta con impresiones de logos y slogans
[2]Sandalias de jebe para la playa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario