CAPITULO 7
EL REINO DECODIFICADO
“Permítanme decodificar de una vez por todas un REINO en entredicho. . .”
Con estas palabras empezó el doctor de la Mancha, dirigiéndose a la comunidad de los estudiantes de la Universidad CBUP. Había expectativa en su audiencia, dada su fama de Decodificador, y Mardisho y yo nos encontrábamos sedientos de sus enseñanzas.
Qué cosa nueva aportaría después de dos mil años de repetición catequística?
Acaso el Reino de los Cielos resultaría ser algo distinto de lo que siempre creimos que fuese?
El asombro de todos los presentes le cortó la viada al orador. Pero tras unos segundos de silencio continuó: “Permítanme decodificar de una vez por todas un REINO en entredicho, cuya naturaleza no es comprendida hasta ahora, dos mil años después de que fuera el tema central del discurso mesiánico de Jesús de Nazaret.”
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El orador prosiguió a decir: “El Apóstol René Padilla lo ha definido en términos de la analogía del coitus interruptus, como que el reino de los cielos es ya, ya, pero todavía no. Y como en Chile, aunque tiene razón, de todas maneras va preso, porque su generación que tanto énfasis puso en la temática del reino de los cielos, no condujo finalmente a su decodificación.”
No obstante, las cosas tienen una claridad meridiana en el discurso mesiánico. Jesús no echó mano del recurso de las definiciones, lo cual pudo haber enterrado sus conceptos, sino del recurso del mashal o analogía, por lo que los conceptos están siempre al alcance de todos cuantos han aprendido a leer. Por eso es urgente que alguien que pertenece al mundo de la analogía, como el doctor de la Mancha, nos conduzca de la mano al significado y significación de las cosas. Esto es algo que no podrían hacer por nosotros los teólogos convencionales.
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El doctor de la Mancha prosiguió a mostrarnos por qué es que somos incapaces de penetrar a la analogía: “Porque somos semejantes a Naive, un espermatozoide cojudo que después de ganar la carrera hacia el óvulo, al alcanzarlo, se para en seco y se cuadra ante él, para luego proceder a postrarse ante él en lugar de penetrarlo, con el resultado de echar a perder el milagro de la vida.”
Prosiguió: “El mashal se nos queda sellado de por vida en el momento en que acudimos a él y nos quedamos de pie ante él, memorizándolo. Por eso nos quedamos toda la vida con las ovejas y los cabritos.”
La situación se agrava cuando tomamos algunos versículos aislados, los interpretamos fuera de contexto y los aprendemos de memoria. Pensamos que por conocerlos de memoria sabemos mucho, mucho, mucho. Este es un complejo que tenemos todos los evangélicos. Las drásticas consecuencias es que nos convencemos que sabemos mucho, y ya no puede haber más conocimiento aparte del que tenemos.
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El doctor procedió a ampliar su enfoque de aquellos hechos que nos impiden alcanzar la decodificación:
Solemos sacar los versículos de su contexto. Por ejemplo usamos en la evangelización el versículo de Apocalipsis 3:20 que dice: “He aquí yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.” Y no nos damos cuenta que este versículo está incluido en el texto de una carta que el Señor envía desde el más allá a una iglesia de siete que pastoreaba el Apóstol Juan en la provincia romana de Asia, en la actual Turquía.
Qué novedoso se torna el darnos cuenta que el Señor no está hablando a los gentiles paganos, sino a la gente de esta iglesia en la ciudad de Laodicea, una ciudad próspera, y la iglesia misma acostumbraba pensar de sí misma en términos de su prosperidad, diciendo: “Pucha! Soy rica, me he enriquecido y no tengo ninguna necesidad.”
Miren qué jactancia!
“Pero no sabes”, les dice Jesús, “que eres un desgraciado y miserable”. Y sigue pronunciando la lista de insultos bíblicos de los cuales vosotros podéis tomar la debida nota para usarlos en su momento.
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De modo que el Señor les dice a los de Laodicea: “Yo estoy fuera de la iglesia, porque vosotros me habéis echado fuera. Vosotros, que sois tan espirituales, me habéis sacado fuera de mi propia iglesia. Pero yo quiero entrar, y toco la puerta.”
A pesar de que la iglesia es de él, toca la puerta. No la empuja, no la patea. Quiere entrar; quiere tener una cena íntima con cada uno de ellos, y con cada uno de nosotros.
Este es el contexto de este versículo que usamos en la evangelización. Y no les estoy diciendo que no lo usen en evangelización, porque esto puede hacerse. Pero qué interesante es ver estas palabras que fueron dichas a la Iglesia de Laodicea, y a lo mejor también a la Comunidad de la CBUP.
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Tras esta introducción se dispuso a decodificar de una vez por todas el misterio del Reino de los Cielos.
Dijo:
No es mi propósito ampliar sobre este texto de Apocalipsis, sino sobre otro pasaje relativo al Reino de los Cielos, que también es utilizado en evangelización pero que su propósito es diferente. Está en la primera parte del capítulo 13 de Mateo, pero para decodificarlo, recurriré a exponer el capítulo al revés, empezando por el final y concluyendo con el principio.
En el capítulo 13 de Mateo hay siete parábolas. No voy a tratar de todas ellas porque sería muy largo referirme a los conceptos tan profundos que contienen, conceptos que constituyen la temática del Reino de los Cielos que es lo mismo que el Reino de Dios. Solamente voy a referirme tres de ellas: La del final, la de en medio y la del comienzo, es ese orden.
Recurriendo a la metodología quijotesca de ver las cosas al revés, lograré no sólo iluminar el Capítulo 13 del Evangelio de San Mateo, sino decodificar de una vez por todas el misterio del Reino de los Cielos, misterio que nunca tuvo por qué ser un misterio porque Jesús jamás habló con medias tintas.
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La última parábola está en el versículo 52: “Por eso, todo escriba instruido en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.”.
Tan misterioso se ha tornado el tema del Reino de los Cielos que la sombra del misterio ha caído sobre este mismo versículo y la generalidad de los comentaristas ni siquiera ven en su texto una parábola. Sin embargo, constituye la llave para la decodificación del Evangelio.
Empecemos por ponerle nombre, porque no tiene. Llamémosla “la Parábola del Tesoro Accesible”, para diferenciarla de la segunda que enfocaremos hoy, y que es conocida con el nombre de “la Parábola del Tesoro Escondido”. En ambos casos la analogía que está más a la mano es la de un cofre lleno de joyas y objetos de gran valor. Así empezamos con pie derecho nuestra tarea de decodificación.
Prosigamos a reformular los términos con que nuestro idioma nos transmite la parábola, echando una sombra adicional a su significación. Digamos en lugar de “cosas nuevas”, “novedades”; y en lugar de “cosas viejas”, “antigüedades”.
Verdad que las cosas cambian, Mardisho?
Sí, pues. Porque, a quién le interesan las viejas?
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Empecemos por referirnos al “escriba instruido”: Los escribas son la máxima autoridad en materia de erudición en Israel, y gracias a la labor de ellos ha llegado la Biblia a nuestras manos.
Observa que al decir “escriba instruido” Jesús recurre a la redundancia. Pero valga la redundancia, porque hay algunos que tienen el título pero no tienen el contenido.
En su discurso de graduación de la Tercera Promoción de Doctorado en la CBUP el doctor de la Mancha dijo que hay doctores que no saben leer ni escribir, así como también puede haber personas muy sencillas que son muy instruidos y aptos. De modo que valga la redundancia, pues se trata de un escriba que realmente tiene una formación consistente.
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Luego pasamos a referirnos al concepto central del texto bíblico, el concepto del “Reino de los Cielos”.
Se nos habla de un escriba instruido en la temática del Reino de los Cielos.
Pero, qué es el Reino de los Cielos?
Dos mil años han transcurrido y la gente no comprende en su verdadera dimensión este concepto, a pesar de ser claro y evidente en la enseñanza de Jesús y en los Evangelios.
A partir de los años 70 del siglo pasado un movimiento promovido por líderes evangélicos como René Padilla, Samuel Escobar, Pedro Arana y otros, ha puesto de moda el tema del Reino de los Cielos. Hasta el día de hoy, en todo rincón se habla del Reino de los Cielos, pero nadie entiende qué es exactamente el Reino de los Cielos.
A qué se debe que no se entienda este concepto fundamental del mensaje mesiánico?
Justamente a lo que dijimos al principio: A que nos quedamos neutralizados ante la mera presencia de la analogía. A que no nos finamos bien en el énfasis de esta parábola a la luz del resto del capítulo, según la cual el Reino de los cielos es simple y llanamente LA DIMENSION DONDE IMPERA LA PALABRA DE DIOS.
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Aquí se nos habla de la Biblia, la Palabra de Dios escrita.
Pero la Palabra de Dios es también encarnada. En español la palabra “Palabra” es de género femenino, lo cual limita nuestra inteligencia de un concepto clave para la decodificación del REINO. Pero en hebreo, Davar, “Palabra”, es de género masculino, y puede referirse también a nuestro Señor Jesús cuando se dice en el libro de San Isaías: “Así será mi Palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envié”
El texto de Isaías 55:11es en realidad una profecía de la venida de Jesús como la Palabra encarnada de Dios. San Juan empieza su Evangelio presentándonos a esta Palabra encarnada de Dios, a la cual la llama con el sustantivo masculino griego Logos.
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Pero es también la misma palabra que en teología se refiere a los decretos divinos por los cuales el Creador dio origen al universo. Imagínense qué poder de crear algo como el universo tan imenso para nosotros, que llega a tener existencia por el poder creativo del decreto de Dios. Es la palabra divina que produjo el Big Bang, el mismo que en la frontera de Francia y Suiza intentarán reproducir, no mediante la palabra creadora sino mediante una explosión superatómica, pudiendo tener el experimento consecuencias cósmicas.
Por eso, para evitar destruirnos y destruir el mundo recreando el Big Bang, volvamos más bien nuestra mirada a la Palabra de Dios escrita, a la Torah, a la Biblia. De esto nos habla esta parábola: El Reino de los Cielos es la dimensión donde impera la palabra de Dios, tan así de simple. Esta es la llave para entender las demás parábolas del capítulo 13 de Mateo: Saber que el Reino de los Cielos es la Palabra de Dios reinando en la vida de los seres humanos en todo el planeta Tierra, en todos los países, más allá de las fronteras de Israel.
Venga tu Reino; sea hecha tu voluntad en la Tierra como en los cielos.
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Dice la parábola que el Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia.
Quizás te vas a sorprender si te digo que la expresión “como un padre de familia” también puede traducirse “como un dueño de casa”.
Así de simple: La palabra hebrea bet significa “casa” y también significa “familia”. De modo que cuando dice Josué “yo y mi casa serviremos al Señor”, no quiere decir que va a disponer la sala de su casa para servir a los propósitos de una iglesia celular, sino que su familia ha de estar involucrada de manera certera en el servicio de Dios.
Las cosas cambian cuando enfocamos las Escrituras de una manera adecuada, fruto de un entrenamiento escribal. Esto se logra más allá de las cuatro paredes de la iglesia local, en centros académicos como la CBUP.
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La parábola se refiere también a una madre de familia, o alguien más que sepa abrir el tesoro accesible de la Palabra de Dios ante los suyos, de manera que su enseñanza no empache y aleje de Dios, sino que haga que uno se sienta fuertemente atraído para continuar en los caminos trazados por las Escrituras. Quiero referirme a mi madrecita, sea su memoria bendición. Ella supo atraer mi corazón para que se mantuviera pegado durante toda la vida a la Palabra de Dios.
Pero dije que también se puede traducir “dueño de casa”. Que importante es que alguien llegue a conocer las Sagradas Escrituras hasta el punto de sentirse en casa en todas sus partes: En el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento, en el Pentateuco, en la literatura profética, en la literatura sapiencial, en los Evangelios, en las Epístolas, en la literatura apocalíptica. Que pueda pasar de una parte a otra, así como nosotros pasamos de un cuarto a otro en nuestras casas, sin tropezarnos, ni confundirnos, ni perdernos . Qué importante es que puedas pasearte en las Escrituras con autoridad y de una manera responsable.
Este no siempre es el caso. A esto se debe, como dice el Apóstol Yalico, que la Iglesia en lugar de crecer, más bien engorda. Nos parece que crece, pero no crece sino solamente está engordando o creciendo de manera horizontal, incluyendo en sus estadísticas a muchos ignorantes. Pero un crecimiento vertical solamente puede darse mediante a partir de la decodificación del Evangelio y la práctica de la Palabra de Dios.
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Ahora pasemos a la segunda parábola, la del Tesoro Escondido, que se halla en el versículo 44: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que un hombre descubrió y luego escondió. Y con regocijo va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.”
También esta parábola da fundamento al concepto de que el Reino de los Cielos es LA DIMENSION DONDE IMPERA LA PALABRA DE DIOS.
Ese hombre quizás vio nada más que un poquito de ese tesoro. Quizás sólo atinó a destapar el cofre que algún pirata había escondido para luego regresar por él. Pero se murió, y el tesoro se quedó escondido.
A mi ciudad natal, Celendín, no llegaron los chilenos en la Guerra del Pacífico, pero los comerciantes shilicos, entre ellos mi bisabuelo, escondieron sus tesoros de oro y piedras preciosas en paredes y bóvedas falsas de sus casas solariegas. Y algunos no llegaron a desenterrarlos ellos mismos, y de vez en cuando algún otro los encuentra y se vuelve rico de la noche a la mañana. Por qué? Porque encontró el entierro. Uno compra o alquila una casa, y allí encuentra un entierro y obtiene plata como para comprarse la casa. Nadie sabe para quien trabaja.
Este hombre descubrió un tesoro en un campo, y el vivazo vendió todo lo que tenía y compró el campo. Porque es vivo. Porque es inteligente. Porque es mosca.
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Aplicando esta parábola a la realidad espiritual quisiera contarles la experiencia mía cuando a los 17 años visité una institución teológica y probé algo de la enseñanza sistemática que allí se impartía. Por supuesto era algo elemental, pero yo me di cuenta que eso no era sino la puntita del iceberg.
Piensen ustedes en el iceberg gigantesco con el que colisionó el Titanic. El témpano era como una montaña escondida en el agua. Yo dije: Yo quiero invertir mi vida para conocer todo lo que hay de por medio. Porque aquí hay algo sumamente grande, quiero ir a estudiar la Palabra de Dios en la Universidad Hebrea de Jerusalem.
De dónde salió la plata para llevar a cabo tremenda aventura?
Es difícil explicármelo hasta ahora. Pero mi sueño se hizo realidad.
Todo empezó con ese apasionamiento por el estudio de la Palabra de Dios. Así atiné a decodificar el Evangelio.
Si no alcanzamos este tipo de logros, quizás es porque estamos relativizando el valor del tesoro que tenemos en nuestras manos. Ycon el paso de los años nos envejecemos. Pasan cincuenta años y puede ocurrir que terminamos siendo más brutos de que cuando empezamos. Nunca prosperamos en el conocimiento y después de cincuenta años seguimos rodeando a otros ignorantes para que nos saquen de dudas respecto de las cosas que para nosotros ya debieron aclararse hace tiempo.
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Algunos me dirían: “Ah, tú pudiste estudiar en las mejores universidades del mundo porque eres millonario. Seguramente tú provienes de una familia rica. A lo mejor tú eres extranjero, de algún país rico.
Yo quiero confesaros que yo soy un serrano como todos vosotros. En mi familia hemos sido 15 hermanos. Mi papá era maestro de primaria; mi mamá, su casa. Ella tejía sombreros jipijapa para poder poner algo más en la olla. Como dice mi paisano y cantautor Luis Abanto Morales: “Cholo soy, y no me compadezcas.”
Como decía mi madrecita: “Las cosas se han hecho para el que quiere.” De manera que si yo he tenido estos logros, vosotros también los podéis lograr si valorais el tesoro que tenéis delante.
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Aquí están presentes tres personas que amamos mucho:
El Dr. Gustavo Montero del Aguila. Desde Pucallpa viene a sus clases en nuestra universidad CBUP, Por qué? Porque aprecia el tesoro. Y el Señor le ha concedido lograr un doctorado en ministerios.
Moisés Huanca, que viene desde Bolivia. Para el presente seminario de la CBUP no ha venido desde La Paz, donde vive, sino que ha estado en Buenos Aires, Argentina. Desde allí se ha venido para no perder sus clases, porque el aprecia el tesoro. Es de los que adquieren el campo profesional, porque son vivos, porque son moscas, porque sabe que aquí hay algo de sumo valor.
La Dra. Carmen Espinoza Bravo. Cuando ustedes pensaban que las mujeres no podrían acceder al tesoro de la Palabra de Dios, ella es una viva ilustración de que sí es posible.
Son los que han descubierto un tesoro y con regocijo se van, venden todo lo que tienen y hacen una grande inversión: Adquieren el campo de la educación teológica.
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Ahora sí, quiero dar un salto a la primera parábola, la Parábola del Sembrador:
“He aquí un sembrador salió a sembrar. Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron. Y otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó rápidamente, porque la tierra no era profunda. Pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y otra parte cayó entre los espinos. Y los espinos crecieron y la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra y dio fruto, una a cierto, otra a sesenta y otra a treinta por uno.”
Esta parábola ha sido harto usada en la evangelización, aunque al hacer esto ya se les está diciendo a algunos: Tú eres un camino, tú eres un pedregal, y la semilla en ti no rinde efecto, porque no hay vuelta que dar.
Pero esta parábola es referida a nosotros, no con un objetivo determinista sino para remecer nuestras conciencias y hacernos ver nuestra realidad: Si nuestra vida ha de ser tierra apelmazada y pisoteada por la gente, si nuestro corazón ha de ser un pedregal o puro espinos, o si tenemos la voluntad firme de que nuestro ser sea tierra preparada para producir los frutos de la Palabra de Dios.
Este es el mensaje del Señor, que lamentablemente ha estado opacado a lo largo de dos mil años a falta de su decodificación.
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No es verdad que usamos esta parábola exclusivamente en la evangelización, igual que el texto de Apocalipsis 3:20?
Sin embargo, el propósito del Señor no fue la evangelización, sino la EDIFICACION.
Hablar de esta parábola a una multitud que está siendo evangelizada hasta cierto punto representa una postura determinista.
Qué es el determinismo?
Si usted quiere comprender este concepto, es una caricatura de la doctrina de la predestinación.
Prácticamente estamos predicando y al mismo tiempo limitando y limitándonos al decir: Si no tiene resultados nuestra predicación es porque ustedes son mala tierra.
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Esta es la postura que generalmente asumimos, cuando en realidad el Señor está hablando con esta parábola a nosotros que ya formamos parte de su pueblo y que somos sus discípulos. Entonces su mensaje adquiere una nueva proyección, porque estamos poniendo de lado el determinismo tomando en cuenta las grandes posibilidades que Dios pone delante de nosotros cuando llegamos a valorar los tesoros de la Palabra del Reino, que en la parábola es presentada como la buena semilla (Mateo 13:19).
Quizás nosotros somos al presente tierra mala, poco profunda. O quizás nos hemos convertido en un camino trillado, apelmazado. Vosotros sabéis que la semilla no puede crecer en un camino, sino en una tierra preparada.
Pensemos en esta parábola en estos términos y preparemos nuestros corazones para entrar a LA DIMENSION DONDE IMPERA LA PALABRA DE DIOS.
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