jueves, 23 de julio de 2009

CAPITULO IV - AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

CAPITULO 4
AÑO NUEVO, VIDA NUEVA!

Se acercaba la media noche del 31 de diciembre y se festejaba el Año Nuevo.
La iglesia ya se encontraba repleta, porque para esa ocasión tan especial se había publicitado mondongo general para todos los presentes, sin ninguna distinción.
Un gringuito, Aibor Grinsleid, predicaría sobre el tema “Año Nuevo, Vida Nueva”, justo cuando algunos se disponían a ponerse su calzón amarillo para atraer el amor y la energía positiva. En esa noche expresarían sus deseos para el Año Nuevo y se comerían doce uvas antes de las doce, para atraer la fortuna.
En la ciudad de Huánuco empiezan a sonar las campanas y los cohetones, y los vecinos del Parque Amarilis salen a las calles con grande regocijo. Sólo yo me encontraba desesperado, dando vueltas como perro alrededor de mi equipaje, porque acababa de llegar y no sabía dónde orinar, y me acababan de negar hospedaje para pasar la noche.

* * *

En eso, una persona solitaria me grita desde un rincón oscuro:
Ojalá se cumplan sus deseos!
Le respondí:
Muchas gracias! Feliz Año Nuevo!
Y me habla con una labia que me era familiar:
Venga conmigo a la casa de Dios, para celebrar el Año Nuevo con mondongo general. Usted es mi invitado de lujo.
Era Fortunato, a quien en la ciudad consideran “borracho de nacimiento”, porque según él mismo dice, cuando fue procreado, sus padres se encontraban en completo estado etílico, y por consiguiente, “él fue en pecado concebido”.
Se había graduado después de años de licor y estaba harto de dormir en hoteles de mil estrellas, compartiendo su comida reciclada con sus perros Centurión y Voluntario que le acompañaban en las buenas y en las malas, hasta que la muerte les separe. Pero en este día especial, “alguien que vale” le había invitado “a la casa de Dios” para las celebraciones de Año Nuevo “con mondongo general”. Le había dicho: “El tema de mi sermón será Año Nuevo, Vida Nueva! Y usted es mi invitado de lujo.”

* * *

A mí me dejan ingresar nomás, a pesar de llevar conmigo mi maleta ahorcada (por no decir, mi costalillo). Pero a él, al verle maltrecho y en estado semi etílico, un diácono le pone una tranca con su brazo y le dice:
Hey, hey, hey. . . Una preguntita: Sabe en dónde está?
Claro! En la casa de Dios!
Sabía que a la casa de Dios se viene presentable, y sin perros? Porque escrito está: “Los borrachos no entrarán en el reino de Dios.” Y también dice: “Mas los perros estarán afuera.”
Yo también le haré una preguntita. Si me responde, entonces no entro: Sabe usted por qué el perro entra a la iglesia?
Yo no sé, y tú, crees saberlo? A ver dime: Por qué?
Porque la puerta está abierta! Así que con su permiso, yo entro nomá.
Fortunato le dió un empujón y entró por la fuerza, y sus dos perros se dispararon adentro para abrirle camino.

* * *

El hermano Tulumba, que así se llamaba el diácono, se incorpora y le sigue, y lo ubica acomodándose justo en medio de la congregación. Se acerca a él silenciosamente, y le dice con mucha cortesía:
Sería tan amable de desalojar el recinto?
Y sin esperar respuesta, lo toma de su brazo con violencia.
El borracho le dice:
Hermano, yo no estoy aquí porque sí, sino porque alguien que vale me ha invitado, y me ha dicho: “Usted es mi invitado de lujo.”
Los perros miran al diácono y rugen, y Fortunato los calma:
Centurión! Voluntario! Compostura, hermanos!
Y el hermano Tulumba le deja, diciéndole con voz imperceptible y en el más pulcro estilo de Hernando de Soto:
Jueputa!

* * *

Fortunato le agarra de la solapa con su mano, lo atrae hacia su boca y le dice con tufo perfumado:
Qué ha dicho? Podría repetirlo para que le escuchen los hermanos en la congregación?
El diácono siente que se le descoyunta su cadera, y cede cuando Fortunato le dice:
Si no quiere repetirlo, está bien, hermano. Pero yo tengo algo que decirle al oído. Acérquese un poquito más, por favor.
El hermano Tulumba acerca cariñosamente su oído derecho, como queriendo escuchar atentamente, y en ese momento le cae un sopapo del demonio. Coincidentemente, Fortunato era zurdo y el sopapo pareció salir del aire..
El hermano Tulumba se ve en el suelo, sacude su cabeza, como volviendo en sí, y se levanta, sin saber cómo reaccionar.

* * *



En ese preciso momento interviene el hermano Félix, y le dice:
Tranquilo, hermano, cálmate. Más bien, esta es tu oportunidad para poner en práctica la palabra que dice: “Si alguien te da un lapo en la mejilla derecha, entrégale también la izquierda.”
Tulumba se llena de ira y le dice:
Hermano, tú que te ves tan Félix en Año Nuevo, acércate un poquito, yo también quiero susurrarte algo al oído.
Este distingue su cara de pocos amigos y le dice:
Ni zonzo!
Y el borracho, que se esfuerza por escuchar el anuncio, les dice a los dos:
Compostura, hermanos! El predicador ya va a empezar su sermón.

* * *

El orador sagrado habló con toda claridad y coherencia, y terminó diciendo:
El niño Dios fue rechazado, le negaron hospedaje, le hicieron nacer entre animales. Pero no importa, porque él vino por aquellos que le abren su corazón y exclaman con convicción: Año Nuevo, Vida Nueva!Alguno de ustedes quiere vida nueva en esta noche?”
Silencio absoluto. Nada se mueve. Nadie responde.
Entonces el predicador dice:
Temprano en la mañana yo invité en el Parque Amarilis a un señor, y él me dijo: “Sale caliente! Hoy estaré contigo en el paraíso!”
Miró alrededor, peinando atentamente la periferie de la festiva concurrencia, y al no verle por ningún lado, volvió a preguntar de manera insistente:
Estará presente mi invitado de lujo? Estará presente?
Silencio absoluto.

* * *

De repente, en medio de la congregación Fortunato sintió que una voz alegre, que no era suya pero que salía de su garganta, exclamó:
Yo mismo soy! Sale caliente!
Y tomando valor se puso de pie junto con sus dos perros, y prosiguió:
Yo también nací entre animales, y vivo entre animales!
Y llorando de alegría exclamó con convicción:
Año Nuevo, Vida Nueva!

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