jueves, 23 de julio de 2009

CAPITULO IX - EL EVANGELIO DEL REINO SEGUN EL APOSTOL CHAVEZ

CAPITULO 9
EL EVANGELIO DEL REINO
SEGUN EL APOSTOL CHAVEZ

El doctor Trepanación de la Mancha no se cansa de referir lo acontecido en el Cónclave[1] de San Castelnango[2] llevado a cabo a fines de 1999, donde el Apóstol Chávez logró decodificar después de dos mil años el Evangelio del Reino.
En medio de la pesada tensión escatológica ante el cataclismo cósmico que podría acarrear el final del milenio y el paso al 2000, su temática se revistió de expectativa. Las cosas que dijo constituyeron una revelación para ese compacto grupo de 70 (Sanedrin) ávidos sacerdotes provenientes de todos los países de la América Latina, a quienes llamó con el sugestivo apelativo de “Los Setenta”.
A sus notas escritas adjuntamos los del doctor John E. Mckenna, el fundador de la Universidad CBUP. El resultado es un montaje conmovedor.

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El Apóstol Chávez empezó diciendo: “El Evangelio del Reino requiere ser decodificado de una vez por todas para que se pueda realizar su mensaje en el mundo. Y no será posible realizar esto si no partimos de un hecho que la mayoría de los lectores de la Biblia desconoce, y es el siguiente: Los Evangelios constituyen un género literario que aún encierra secretos en el día de hoy.
A continuación echó mano del ingenioso recurso del midrash de derivación textual y dijo: “El Evangelio requiere ser decodificado, lo cual no constituye una tarea fácil, pues como dice la Escritura, “ESTE GENERO NO ENTRA[3], SINO SOLO CON ORACION Y AYUNO.”
Sus palabras provocaron las carcajadas de los más inteligentes en su audiencia: “Mis amados chocheras, todos nosotros somos culpables de haber relativizado el Evangelio y de haber vivido un evangelio que el Apóstol René Padilla[4] denomina “mutilado”[5].

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Se hace necesario empezar por el comienzo, por definir sobre sólidas bases filológicas la palabra “evangelio”[6]. No nos quedemos con esa super erudición por todos compartida, de que significa “buenas nuevas” y no “buenas noticias”. Para empezar, tomen nota de que Jesús jamás llamó a su mensaje “evangelio”.
Ante semejante revelación algunos en su audiencia se sintieron incómodos. Parecía que habían asistido al bombardeo de sus fundamentos conceptuales. Pero todo se acalló cuando hizo esta aclaración: “El lo llamó en arameo, besorta, y en hebreo, besoráh. El término “evangelio” traduce en la Septuaginta a esta última palabra hebrea, pero en el Nuevo Testamento tiene una carga filológica adicional.”

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La palabra “evangelio” es griega, y se compone de ev, “buena”, y anyélion, “nueva” o “noticia”. Esta palabra existía con anterioridad a la Septuaginta y al ser adoptada por los primeros seguidores de Jesús fue adquiriendo nuevos matices de significado, pero conservando su riqueza analógica y conceptual que es interesante enfocar.
La palabra “evangelio” era utilizada por los griegos para referirse a un mensaje de victoria.
En el mundo griego se le llamaba “evangelio” a las noticias o al mensaje de victoria que era llevado desde el campo de batalla a la metrópoli o capital. En el ejército había soldados para cumplir esta misión que tenía las características de una competencia maratónica.
También se llamaba “evangelio” al premio que se le otorgaba al primero en llegar con el mensaje de victoria. Dicho premio era una corona o condecoración acompañada de una gran recompensa material.
También se llamaba “evangelio” al banquete que se celebraba con motivo de la victoria. Parte central de dicho banquete era el sacrificio ritual de animales para el banquete.
De la misma manera, los que llevan el evangelio se acreditan un gran premio o galardón. A dicho galardón se refiere el apóstol Pablo cuando escribe en 2 Timoteo 4:7, 8: “He peleado la buena batalla; he acabado la carrera; he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el Juez justo, en aquel día.” [7]
Y con ocasión del bautismo o admisión de los nuevos participantes en la victoriosa comunidad del evangelio era celebrado un ágape,[8] un gran banquete que concluía con la parte ritual de la Cena del Señor.

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En este punto de su discurso, un sacerdote joven, un gordito muy despierto y reilón levantó la mano y dijo:
“Yo no creo que siendo algo tan importante el nombre de su mensaje, Jesús haya dejado a sus discípulos la tarea de dar con la palabra “evangelio” para traducir la palabra hebrea besoráh, con que él designaba a su mensaje. Yo creo que fue el mismo quien adoptó la palabra “evangelio”.
El Apósto Chávez le dijo:
¿Hay algún indicio que sustente su observación?
Supongo que cuando habló a la gente de la ciudad de Gadara, que era una de las ciudades griegas de Decápolis, lo habrá hecho en griego. Y de hacerlo, se habrá referido a “las grandes cosas que hizo Dios” para el endemoniado gadareno, como las buenas nuevas o evangelio que le mandó anunciar a su propia gente. Esto deduzco de sus palabras dirigidas al gadareno beneficiado por el acto de exorcismo que realizó Jesús: “Vuelve a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios por ti” (Lucas 8:39).[9]
Y el doctor le respondió:
Has hecho un uso muy inteligente de la Escritura, y te mereces un fuerte aplauso.
Ese fue el curita comilón que a la hora del vitute se recostó sobre el pecho del Apóstol Chávez y le confesó diciendo: “He aquí, que yo me identifico con su causa.” Aquel día el almuerzo era algo especial por tratarse de la clausura del evento: Era “causa”[10], un delicioso pastel de puré de papa con atún y guarnición de lechugas.

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Como género literario, un evangelio es una recopilación de historias cortas acerca de Jesús a partir de la referencia oral de testigos oculares o de una investigación historiográfica posterior, como es el caso del Evangelio de Lucas.
Una investigación profunda muestra que cada Evangelio no es una mera repetición de dichas historias con un ordenamiento un tanto diferente, sino una obra literaria que lleva el sello de las características y objetivos particulares de su autor. Asimismo, lleva el sello del momento histórico en el que fue producido y de las fuentes literarias que se utilizó.
Los Evangelios canónicos pueden haber tenido sus orígenes en fuentes literarias llamadas proto-evangelios. En su texto se ha logrado detectar la existencia de esas fuentes que consistían de colecciones de los dichos de Jesús, pero no han sido descubiertas como documentos independientes. Un descubrimiento arqueológico de esta magnitud bien podría ocurrir en cualquier momento, como lo ilustran las investigaciones de J. O. Callaghan sobre el papiro griego descubierto en la cueva 5 de Qumrán, el cual, se cree, pertenece al Evangelio de Marcos. De ser confirmado, tendríamos en este papiro el documento más antiguo del Nuevo Testamento.

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Finalmente, el término “evangelio” adquirió el significado de “libro”, un libro escrito en la novedosa modalidad de este género literario.
El uso de la palabra “evangelio” para referirse a un libro que incluye detalles biográficos de Jesús es posterior, pero no menos expresivo. Su contenido la venida de Jesús, su vida en medio de sus connacionales y de los demás seres humanos, su ministerio profético, y de manera especial su sacrificio y su victoria final, constituye la mejor noticia para la humanidad.
A diferencia del género literario de las epístolas y de los apocalipsis, que tenían antecedentes en la literatura, los evangelios constituyen un género literario totalmente novedoso. Nunca antes en la historia de la humanidad hubo algo que se semejara a los evangelios, ni en estructura, ni en contenido, ni en significación ni en objetivos.

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Tras una pausa o break, el doctor prosiguió:
Los conceptos expuestos constituyen el fundamento para la decodificación del Evangelio.
Un paso más adelante tiene que ver con su número. Tradicionalmente se considera que los evangelios canónicos son cuatro. Temprano en el segundo siglo, el hereje Marción conoció el Tetraevangelio como lo conocemos hoy, porque rechazó los Evangelios de Mateo, Marcos y Juan, y consideró el Evangelio de Lucas como el único auténtico.
Taciano realizó una armonía de los cuatro Evangelios en su obra llamada Diatesarón, que fue compilada por el año 170.
Para Ireneo, una década más tarde, el carácter cuádruple del Evangelio era un hecho aceptado, y el énfasis central de cada uno de ellos se veía reflejado en Apocalipsis 4:6-8: “Junto al trono, y alrededor del mismo, hay cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer ser viviente es semejante a un león. Y el segundo ser viviente a un becerro, y el tercer ser viviente tiene cara de hombre, y el cuarto ser viviente es semejante a un águila volando.”
De este pasaje inspirado en la visión del profeta Ezequiel ha derivado el arte cristiano el simbolismo del Evangelio de Mateo como representado por el león, símbolo de la realeza, a causa de su énfasis en el reino de Dios y en el reino mesiánico de David. El de Marcos es representado por un becerro o buey, a causa de su énfasis en la intensa actividad de Jesús, como el buey que ara de sol a sol. El de Lucas es representado con el rostro de un hombre, por su énfasis en el profundo interés humano de Jesús, el cual traspasa las limitaciones del pueblo de Israel y se proyecta a toda la humanidad. Y el de Juan es representado con un águila, por constituir un enfoque de la divinidad de Jesús a partir de una perspectiva de gran altura en la revelación e inspiración.

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En vista de tan inveterado concepto, no ha de sorprendernos la reacción en San Castelnango cuando el Apóstol Chávez dijo que en realidad son cinco los Evangelios al comienzo del Nuevo Testamento, a la manera de los cinco libros de la Torah al comienzo del Antiguo Testamento.
Esta estructura penta habría sido concebida por el Apóstol Juan, que escribió su Evangelio más tardíamente. Cada uno de sus predecesores, en orden cronológico, escribió para completar el testimonio de su predecesor, acaso concibiendo su obra como la etapa final de un Evangelio único. Mateo completó la obra de Marcos, Lucas la de Mateo y Juan la de Lucas, de manera similar al Deuteronomio que reformuló la Ley mosaica y contribuyó a su respectiva decodificación[11].

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El doctor procedió a señalar el enfoque de cada uno de los Evangelios, cronológicamente:
Marcos pone los fundamentos del nuevo género literario y se remonta a los días del ministerio precursor de Juan el Bautista, dando la pauta para investigar los antecedentes del ministerio de Jesús, cada vez más retrospectivamente.
Mateo amplía retrospectivamente hasta la gestación y el nacimiento del Rey. El tiene el objetivo de tender un puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento mediante el recurso de la genealogía seguida por la historia del nacimiento de Jesús, ampliando la narrativa de su infancia hasta el regreso de Egipto.
Lucas se remonta al anuncio del nacimiento de Juan el Bautista. Antes de enfocar las circunstancias del nacimiento de Jesús pone en orden el anuncio del nacimiento de Jesús, la salutación de Elisheva a María, el Salmo de María (el Magnificat), el nacimiento de Juan el Bautista y el Salmo de Zacarías. Y más allá del relato del nacimiento de Jesús sigue ampliando la narrativa de Mateo al aportarnos su testimonio acerca de la presentación del bebé Jesús en el templo, el salmo de Simeón, el testimonio de Ana, la niñez de Jesús en Nazaret y los sucesos relativos a la visita del niño Jesús al templo en Jerusalem cuando cumplió doce años de edad.
El mismo Lucas concibe Hechos de los Apóstoles no como un libro aparte de su Evangelio, sino como una segunda parte de la historia del ministerio de Jesús. Mientras en la primera parte destaca su trabajo personal en la evangelización, en la segunda parte destaca el mismo trabajo llevado a cabo por medio de sus discípulos, bajo la presencia y guía del Espíritu Santo. Sin duda, a él no le hubiera gustado que entre su Primer Tratado (el Evangelio de Lucas) y su Segundo Tratado (Hechos de los Apóstoles), metiera Papias el Evangelio de Juan. Y me atrevo a sugerir que a Juan tampoco le habría gustado este orden que hemos heredado. Pero como dicen en México, “¡ni modo!”
Finalmente, Juan se proyecta más atrás que Lucas, al principio del universo, y empieza con las mismas palabras con que empieza el libro de Génesis: “En el principio.” La intencionalidad resalta en la comparación del texto griego de la Septuaginta y el texto original del Evangelio de Juan: en el principio. en arch

Acaso Juan pretendía que su Evangelio fuera al comienzo, de elaborarse un orden canónico?

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Pero a diferencia de Génesis, Juan no da comienzo a la narrativa de su “Génesis” con la creación del universo visible, sino con la naturaleza hipostática[12] de Dios en la eternidad.
Diagrama de Cristologia del Dr Chavez donde las lineas diagonals se extienden hacia la eternidad y el punto donde coinciden ambas lineas es un punto donde se representa el nacimiento de Jesús en un punto geográfico y fisico
La línea horizontal vendría a ser la tierra y su línea de tiempo fisica









Por primera vez alguien descorre el velo detrás de la creación y nos revela lo que hay en la eternidad, y la sorpresa es inmensa, porque quien aparece en el principio absoluto es el Verbo de Dios en su unión hipostática con el Dios Creador, de modo que el mismo Verbo es Dios. Wow! Sólo después de esta revelación Juan procede a presentarnos el tema de la creación del universo, espiritual y físico, por la agencia del Verbo de Dios, que no es otro que el mismo Jesús el Mesías.

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El Apóstol Chávez mostró que el propósito de Juan era también presentar desde el comienzo a Jesús como el Creador de una nueva creación: “Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios[13], los cuales nacieron no de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12).
Les dijo: “No estamos sugiriendo que el Evangelio de Juan deba ir al comienzo de la lista canónica, sino que el enfoque de Juan debe ser considerado en primer lugar. Este criterio nos conduce al clímax de la decodificación, porque de esta manera se capta no solamente la intencionalidad de los evangelistas, sino la intencionalidad del Espíritu Santo que ha inspirado los Evangelios. “


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Pero en el Evangelio de Juan el tema de la creación no se circunscribe a lo espiritual. El primer milagro de Jesús constituye un milagro de creación física. Hablamos generalmente de la conversión del agua en vino, no de un acto de creación, pero esto es secundario. También en el Génesis Dios crea al hombre, no a partir de la nada, sino a partir de la materia creada a partir de la nada (Génesis 1:26, 27). Lo que importa es que no se trata de un acto de conversión, sino de un acto de creación, porque el producto es vino auténtico y de la mejor calidad (Juan 2:10).
También debemos observar que hasta en el detalle de la evaluación del vino como el de mejor calidad se observa el paralelo que Juan traza entre el milagro de Jesús en Caná y el acto de creación de los cielos y la tierra. Al final de cada fase de la creación indica el autor de Génesis que lo que hace Dios es bueno. Cinco veces aparece el calificativo de “bueno” en la narrativa de la creación en Génesis, y una sexta vez, tras la creación del hombre, las siguientes palabras resumen la creación: “Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno” (Génesis 1:31).
Y en el Evangelio de Juan el encargado del banquete fue quien dijo: “Todo hombre sirve primero el buen vino; y cuando ya han tomado bastante, entonces saca el inferior. Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora!” (Juan 2:10).

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El doctor procedió a restaurar para la decodificación cierto enfoque de Teodoro de Mopsuestia, un padre de la Iglesia del Siglo 5, que ha sido olvidado por los comentaristas o descartado como eiségesis.
Teodoro de Mopsuestia hizo un paralelo en el sentido de que el “tercer día” (Juan 2:1) sigue el esquema de los días de la creación, empezando con el primer día que coincide con el bautismo de Jesús (Juan 1:29-34), el segundo día que coincide con el llamamiento de los primeros discípulos (Juan 1:35-51), y el tercer día, cuando manifestó su gloria a sus discípulos en el milagro de Caná de Galilea (Juan 2:1-11).
Teodoro de Mopsuestia hace estas ingeniosas observaciones en su comentario sobre Juan, que ha sido publicado en Corpues Scriptorum Christianorum Orientalium, Louvain, 116:39.
Pero mayor fue el impacto que produjo el doctor cuando refirió los conceptos que el doctor John E. McKenna había expuesto en sus clases magistrales en el Aula Magna de la CBUP, la más importante Universidad Evangélica de América Latina.
Efectivamente, este afamado matemático norteamericano, discípulo de Albert Einstein, y que en el ocaso de su vida llegara a ser el fundador de la California Biblical University of Peru (CBUP), ha dejado en sus clases grabadas en video el tesoro más grande que posee la Biblioteca de la CBUP. Asimismo, su obra Creation and Incarnation (Creación y Encarnación), que ha sido traducido al español por el Dr. Moisés Chávez, ha sido publicado por Ediciones CBUP-CEBCAR.

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Según McKenna, el admirable paralelo entre la Creación y la Encarnación deriva del mismo hecho que Juan se refiere a la persona de Jesús el Mesías como el Logos, epíteto divino que Jerónimo tradujo al latín como Verbum, y que Casiodoro de Reina adoptó como “Verbo” en su Biblia en español.
El concepto de Logos es mejor traducido en todas las ediciones de la Biblia en inglés como “Word”, “Palabra”, término que por no tener género gramatical se presta mejor como referencia a la persona de Jesús como la Palabra encarnada, y no exclusivamente a un medio de comunicación. En la historia de la creación tenemos el hecho de que la palabra de Dios, su decreto creador, origina poderosamente todo lo que existe a partir de la nada. Y en Juan, tenemos que la Palabra de Dios es un nuevo acto de creación que lo involucra al mismo tiempo como Agente de la creación y el principio de la Nueva Creación.
La palabra como agente de creación es un concepto semítico tan antiguo que inclusive aparece en el Enuma Elish[14] como agente de creación de los dioses que dan existencia a las cosas por medio de su palabra (acadio: awatum).
De esta manera nos muestra Juan como el mismo Creador de todo cuanto existe se hace un ser humano (se hace “carne”) y habita en medio de seres humanos, algunos de los cuales tuvieron la dicha de escuchar su palabra y contemplar su gloria, como la del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
También en el acto de soplar a sus discípulos para darles el Espíritu Santo se observa una escenificación del acto creador de Génesis, cuando Dios sopla al hombre que había formado para que recibiera el aliento divino que le convertiría en alma viviente: “Habiendo dicho esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo“ (Juan 20:22). En Génesis 2:7 dice: “Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente:”

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El doctor Mckenna también observa que la descripción de los atributos del Verbo encarnado es la misma que se hace del Señor en Éxodo 34:6: “Oh Señor, oh Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en gracia y verdad.” Las palabras subrayadas constituyen la traducción del hebreo: rav jésed ve-emét.
El sabio judío David Ginzburg, quien tradujera el Nuevo Testamento del griego al hebreo, tradujo la descripción del Hijo unigénito del Padre en los siguientes términos malé jésed ve-emét, “lleno de gracia y verdad”, porque observó que la palabra griega járis, es la traducción exacta de la palabra hebrea jésed, “gracia”.
Es que Ginzburg vio en esta descripción una identificación intencional que Juan traza entre Jesús y el Señor (Yahveh).

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McKenna observa también que existe un notable paralelo entre la historia de la creación en el Génesis y la historia de la encarnación en el Evangelio de Juan, apoyado por el testimonio de Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Ambrosio, Agustín y Atanasio, que leyeron Juan 1:13 de la siguiente manera: “El cual nació (griego: hos eyenníthi; más exactamente, “fue engendrado”) no de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios” siendo la referencia, por supuesto, a la encarnación del Logos, y sólo en segunda instancia a la experiencia espiritual del nuevo nacimiento de un cristiano. Aunque también tiene buen sustento documental, la variante que se ha abierto camino en la generalidad de las versiones bíblicas dice: “Los cuales nacieron”, en lugar de “El cual nació”.

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Y aquí no termina el asunto, pues indica McKenna que aquel que es el Agente y el principio de la Nueva Creación es también el Gran YO SOY, de quien el mismo Juan descubre el misterio para mostrarnos que es la misma persona que le revelara su Nombre a Moisés desde en medio de la zarza ardiente.
La naturaleza impronunciable del Nombre revelado, debido a que está originalmente expresado en primera persona, obliga a que los seres humanos tengan que pronunciarlo en tercera persona como EL-ES, que en escritura hebrea es hwhy (YHVH) y que es el mismo nombre YAHVEH o JEHOVAH que en el Evangelio, siguiendo la tradición masorética, se oculta en el epíteto KIRIOS, “Señor”.

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En realidad, el embrión del Verbo encarnado no es fruto de un espermatozoide humano, digamos, de José. Pero aun si fuera solamente fruto de un óvulo humano, digamos de María, es una nueva creación que sólo tras el milagro de la concepción virginal llega a estar ligado con la humanidad de María como su hijo, al cual ella nutre con su sangre por medio del cordón umbilical, y al cual da a luz. En otras palabras, lo genético sucede, viene en segundo lugar, tras la encarnación del Logos y su ingreso al mundo físico.
McKenna observa que también el apóstol Pablo sigue la misma línea de interpretación teológica cuando llama al Mesías con el título de “Postrer Adam” o nuevo Adam, haciendo un contraste conmovedor: “El primer hombre, Adam, llegó a ser un alma viviente; y el postrer Adam, espíritu vivificante“(1 Corintios 15:45).

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De esta manera, el Dr. John E. McKenna y el Apóstol Chávez contribuyen a decodificar definitivamente el Evangelio, al tender un puente entre el Dios revelado en el Antiguo Testamento y el Logos encarnado el Nuevo Testamento que se presenta de manera absoluta como el camino, la verdad y la vida, sin cuya mediación nadie alcanza a conocer a Dios.


[1] Del latín que quiere decir con llave porque estaban cerrados con llave hasta la elección del papa.
[2] Lugar ficticio
[3] En los evangelios Jesús dice “este género no SALE…”
[4] El es el que introduce en América Latina el tema del Reino, aunque no es muy claro. El es famoso para explicar la dimensión actual y escatológico el reino. La comunidad de los estudiantes evangélics IFES
[5] El reino es un sistema absolutista pero que es usado por Jesús como analogía, porque en el pensamiento de Jesús no estaba para nada el sistema de embajadas sueldazos y otros beneficios como se aplica el reino en el mundo natural. Esto es lo que el apóstol Chávez también quiere decodificar.
[6] Aquí con esta palabra es como empieza la decodificación.
[7] Mayéutica es el arte de dar a luz a los estudiantes. Método usado por Sócrates para ayudar a los alumnos a descubrir ales verdades mediante estímulos dados por el mentor.
[8] Los coreanos piensan que la mejor forma de gastar los recursos de la iglesia es mediante la comida, sin discriminación, todos con libertad, especialmente impactante para los nuevos. No es venir con traje especial es mas bien decir yo traje pan yo traje vino jajaja etc.
[9] No esta la palabra pero esta el concepto
[10] Hablando de causa, salomon grados indica que esta era el plato preferido de Pablo porque dijo: por esta CAUSA doblo mis rodillas jajaja
[11] Interesante!!
[12] Unión de dos naturaleza; divina y humana
[13] En la cultura semítica todo lo que Dios ha creado se le llama hijos de Dios, sea hombre, astros, angeles, etc
[14] Relato de la creación según marduk

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