CAPITULO 12
LOS HIJOS DEL TRUENO
El doctor Luis Alberto Romay, director de la ECAMM, fue eliminado del partido no amistoso de fútbol en el coliseo cerrado del Colegio “Buenas Nuevas” de Cochabamba.
Una hora después, a la hora de la cena, se puso de pie y dijo severamente:
Quiero informarles que ya le he presentado a mi esposa la lista de todos los que me han pateado en el partido. Los que hicieron eso, aténganse a las consecuencias.
Previamente se había ganado una buena pateadura, y no puedo imaginarme con qué cara se quejaba ante su mujer, la Sra. Elizabeth de Romay, porque él mismo había sido de la iniciativa, pues dijo, y yo mismo lo escuché con mis propias orejas: “En este partido, no hay privilegios. Nada de que yo soy pastor ni qué ocho cuartos!”
* * *
Al ver su rostro cariacontecido, le doy una palmada en la espalda y le digo:
Cálmate, hermano. . . Siéntate. No los puedes dejar sin su cena. . . Esos que te patearon son los que ayunaron hoy.
El se sienta a mi lado, toma ansiosamente el abrelatas, abre su lata de atún marca Exclusiva, y prosigue a comer, sin convidar. Pronto se calma y me dice enternecido:
Sabe, docky, a quiénes me hacen recordar estos bandidos?
A quiénes?
Pues a Jacob y a su hermanito Juan, a quienes el Señor les puso como apodo “los Hijos del Trueno”. Es que son. . . Son tesibles, hermano!
Ah, te refieres a Jacob, es decir, a Santiago, a quien en los Evangelios se lo llama “Jacobo”. . .
* * *
Pero no fue el Romay el que les puso a los estudiantes de la ECAMM el apodo de “hijos del trueno”. Al contrario, él se cuida de ponerles apodos.
Es más, en su calidad de Director de la ECAMM había establecido siete reglas para el funcionamiento perfecto de la institución, una de las cuales, la más importante, dice que está terminantemente prohibido poner apodos a sus compañeros y a sus profesores, y menos al Director (él) y a su señora esposa!
He aquí las siete reglas de la institución:
Regla 1: Obedecer el pito y presentarse en las reuniones de manera presentable.
Regla 2: Cuidar el aseo de las instalaciones.
Regla 3: Estudiar de noche en la biblioteca, y no merodear por los dormitorios.
Regla 4: No decir palabras feas y desabridas.
Regla 5: No patear a sus compañeros en los partidos de fútbol y pichangas.
Regla 6: NO HAY REGLA SEIS. Pasemos, pues, a la Regla 7:
Regla 7: No poner apodos a sus compañeros ni a sus profesores, pues este es privilegio exclusivo del Señor.
* * *
Se refería al Señor Jesús, porque él es el único que sabe realmente poner apodos, y su apodo le cae a uno como pedrada en ojo tuerto.
Mira nomás el apodo que le puso a Herodes Antipas: “Zorra”.
A Simón le llamó “Piedra” (es decir, “Pica Piedra”), porque era una piedra.
A Tomás le llamó “Mellizo”, por algo habrá sido pues.
A uno de los Jacobos le llamó “Hijo del Feo”.
Y a los hermanos Juan y Jacob les llamó “Hijos del Trueno”.
Al único a quien no le puso apodo fue a Judas Iscariote, cuyo apellido paterno, Ish-Qriyót, significa llanamente “hombre de la aldea de Qriyót.
* * *
Así las cosas, los estudiantes de la ECAMM rodearon al doctor Trepanación de la Mancha para hacerle muchas preguntas super teológicas.
En primera fila estaban, entre otros, el Cholo Juanito, el Lobo, la Ovejita, el Pitufo, el Pitufín, el del Trueno, el Comentarista Deportivo, el Hermano Francisco, la Chapaca Repitente, el Ciego Rolando, el Tío Cochala, David Comepasto, etc. etc.
Entonces se abrió paso a codazos Baldir Agreda, el del trueno, y le preguntó:
Y por qué les puso ese apodo?
Cuál apodo?
HIJOS DEL TRUENO. . . El apodo que les puso a los hijos del Sr. Zebedeo.
Ah. . . Esa es una historia muy interesante. Quieren que se la cuente otra vez?
Todos se sentaron alrededor de él disponiéndose a escuchar, y el profesor abrió su boca diciendo:
* * *
Para empezar, ustedes tienen que observar bien cuál de los autores de los Evangelios refiere la historia acerca de los Hijos del Trueno. Es Marcos, o para ser más exacto, Juan Marcos, un joven perteneciente a la aristocracia de Israel.
Marcos es el único que nos refiere la historia. Y saben por qué será?
Pues porque a él le llamó la atención de manera especial el apodo ése, de “Hijos del Trueno”. Y saben por qué?
Pues porque él también era un hijo del trueno.[1] Y saben cómo lo sé?
Pues se lo voy a contar.
* * *
Cuando el Señor fue arrestado a media noche, después del séder de Pésaj, Juan Marcos le siguió de incógnito, y por cierto, no revela su nombre en la historia que refiere, porque prefiere seguir de incógnito. Pero yo sé que fue él quien cuenta en 14:50-52: “Entonces todos los suyos le abandonaron y huyeron. Pero cierto joven, habiendo cubierto su cuerpo desnudo con una sábana, le seguía; y le prendieron. Pero él, dejando la sábana, huyó calatayud.”
Bueno, la verdad es que Marcos cuenta este episodio, porque era él el joven en cuestión. Entonces era un muchacho adolescente como muchos de ustedes.
No debes sorprenderte que no dé su nombre, pues tampoco da el nombre de otro hijo del trueno, el que le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote. Y sabes por qué?
Porque era su jefe, que le ocupó como intérprete y traductor, y le asesoró en la producción de su Evangelio. Pero, quieres saber quién fue el de la oreja?
* * *
Juan, uno de los Hijos del Trueno, nos revela que fue nada más ni nada menos que Pedro, que parece que con o sin el consentimiento de su Señor, andaba armado, como quien dice, para impresionar, o porque se orinaba de miedo. Aunque dicen que la espada no era de él sino de Simón el Qanaí.
Juan nos dice inclusive cómo se llamaba el siervo del sumo sacerdote, porque le conocía personalmente, pues vivía a la vuelta de su casa en Jerusalem.
Así relata Juan en 18:10: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.”
* * *
Observa que el mirón se dio cuenta que era la oreja derecha. Y quieres saber por qué fue la oreja derecha?
Pues no te lo voy a decir todo en detalle, salvo que Pedro actuaría por la espalda. Pero, sabes por qué le cortó la oreja derecha?
Pues por su mala puntería. En realidad lo que quería era cortarle la oreja con cabeza y todo. Quieres saber cómo lo sé?
Bueno, te diré que Lucas, que era médico, nos refiere el hecho interesante de que Jesús le pegó la oreja con su saliva y lo sanó.
Guau!
* * *
Bueno, para no hacerla longplay e ir por las ramas, abran sus Biblias Científicas Reina-Valera Actualizada en Marcos 3:17.
Allí él escribe: “A Jacob hijo de Zebedeo, y a Juan el hermano de Jacob, a ellos les puso por nombre Benei-réguesh, es decir, hijos del trueno.”
Quieren saber qué hay detrás de este lindo apodo?
Para entenderlo, primero requieren que les dé una leccioncita elemental de meteorología. Quieren que se las dé?
Pues, sale caliente!
* * *
En varias ocasiones he volado a lo largo y a lo ancho del territorio de Estados Unidos, muchas veces de noche.
A causa del grave peligro de las descargas eléctricas que se producen en las zonas del aire donde se concentran enormes nubarrones de carga eléctrica similar, los aviones vuelan a una altura mayor que la de la concentración de las nubes. Así no pasa nada, y es posible ver desde la ventana del avión hacia abajo que de rato en rato las nubes se encienden como si ardieran con el fuego de numerosos volcanes, y luego se apagan. Y como estamos dentro del avión, no escuchamos el sonido ensordecedor de los truenos, aunque sí se puede ver de vez en cuando el deslizamiento zigzagueante de los rayos como si fueran serpientes que se disparan a matar.
Solamente para despegar o para aterrizar las torres de control informan sobre inminentes descargas eléctricas, y los pilotos maniobran sólo en el momento seguro. Y para cerciorarse, a veces sacan la mano, como el doctor Juan Yalico, que cuando viajó a Lima procedente de Stuttgart, Alemania, su hijo Joshua le preguntó:
Ya llegamos a Lima, papá?
El doctor sacó la mano, y la metió diciéndole:
Todavía no, hijo.
Sus preguntas se repitieron, porque el chico estaba ansioso de ver a sus chocheras en Lima. Entonces su papá sacó la mano de nuevo, la metió y le dijo:
Ahora sí, ya llegamos a Lima!
Y cómo sabes papá, si no se vé nada a causa de la niebla perpetua?
Es que ya me chorearon mi reloj!
* * *
Bueno, resulta que el relámpago, el rayo y el trueno, son en realidad la misma chola con diferente calzón: Una poderosa descarga eléctrica cuando chocan dos nubes cargadas de electricidad. La manyas?
Tú ves de inmediato el resplandor enceguecedor de la descarga eléctrica, eso es el relámpago. Y tras un segundo ves el rayo, que constituye la descarga eléctrica que toca tierra. Y con cierto retraso empiezas a escuchar el sonido del trueno, porque el sonido se desplaza a mucha menos velocidad que la luz, que como tú sabes, se desplaza a 300,000 kilómetros por segundo. Guau!
Inclusive tú puedes calcular a qué distancia y altura se ha producido una descarga eléctrica por el tiempo que tarda en escucharse el sonido del trueno. A veces se escucha casi de inmediato después de visto el relámpago, y a veces demora uno, dos, tres o más segundos, y a veces no se escucha porque la descarga eléctrica se ha producido demasiado lejos. La manyas?
* * *
Bueno, te diré que en hebreo hay una palabra para referirse al relámpago: Es la palabra jaziz. También hay una palabra para “trueno”, y es ráam. Y otra palabra, se usa para referirse de manera conjunta al relámpago, al trueno y al rayo, y es baraq. En términos modernos diríamos que baraq es la desarga eléctrica. La manyas?
Cuál de estas palabras crees que usó Jesús para referirse a Jacob y a su hermano Juan, describiendo magistralmente su carácter?
Pues te equivocas; no usó ninguna de estas palabras.
Es que Jesús no estaba refiriéndose a los relámpagos, a los rayos y a los truenos que son resultado de una poderosa descarga eléctrica en el aire, sino a las poderosas descargas emocionales del carácter de Jacob y de Juan, que el evangelista Juan Marcos, intentando interpretar la mente y la intención de Jesús, lo explicó en griego usando la palabra que se refiere de manera específica a los truenos (griego: brontí), porque no hay en griego una palabra que de manera conjunta se refiera a la descarga eléctrica en sí.
* * *
Bueno, pues, de la misma manera que se producen descargas eléctricas en el aire sobrecargado de nubes, también se producen poderosas descargas emocionales en el alma de ciertos patas, como Jacob y su hermano Juan.
En otras palabras, ellos eran impetuosos, violentos, alborotadores, sobre todo el menor, que era adolescente. Ya sabes, que la adolescencia es la única enfermedad que se cura con el paso del tiempo. La manyas?
Para que entiendas esto te contaré una historia que está en Lucas 9:51-55, que trata, casualmente, de cómo este par de hermanitos quisieron hacer que descienda fuego del cielo (relámpagos, rayos y truenos de manera conjunta) sobre los samaritanos, que era una manera metafórica de decir, ni más ni menos que: “Les vamos a sacar la chochoca!”
* * *
Esta es la historia que les prometí:
Aconteció que, cuando se cumplía el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem.
Envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos, pero no le recibieron porque vieron en su cara que iba a Jerusalem. Al ver esto sus discípulos Jacob y Juan le dijeron:
Señor, quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?
El se dio vuelta y los reprendió, y fueron a otra aldea.
* * *
La manyas?
Los samaritanos no se prestarían a socorrer a nadie que se dirigiera a Jerusalem, porque ellos boicoteaban a esta ciudad.
Eran tan odiosos, que cuando algún judío atravesaba su territorio rumbo al norte, aun si viniese de Jerusalem, estaban dispuestos a venderles vitute, pero si se dirigían a Jerusalem y pasaban por Samaria para acortar camino, como de manera tan decidida lo hacía Jesús en aquella ocasión, pues, manan kanchu!
* * *
Ya te das cuenta cómo eran esos hermanitos? Me refiero a Jacob y a Juan. . .
Eran fosforitos, eran peleones, eran violentos, eran impulsivos, eran vehementes, eran bulliciosos, eran impetuosos, exactamente como los chicos y las chicas de la ECAMM, y sólo les faltaba aprender a usar su energía eléctrica y nerviosa, esos relámpagos y rayos y truenos de su alma, para algo tan positivo como es el cumplimiento de la Misión Integral.
Pero hasta ahora no te he dicho qué palabra usó Jesús para su apodo de esos dos hermanitos. El usó la palabra benéi réguesh (hebreo: benéi, “hijos de la”, y réguesh, “descarga emocional”).
A pesar de su deficiente transliteración al griego, que a lo mejor ni siquiera es culpa de Juan Marcos sino de algún escriba o copista que no sabía ni papas de hebreo, se puede ver de dónde deriva el apodo Boenerges. La manyas?
Deriva de Benéi-réguesh.
* * *
A la verdad, se requiere ser así, como los “hijos del trueno”, para llegar a ser santos.
Los que creen que los santos o las santas son apáticos (sin apasionamiento), anodinos (sin efecto, y por tanto, insignificantes) y apátridas (sin nacionalidad, y en este caso, sin identificación con el pueblo de Dios), pues están muy, pero muy equivocados, porque con estas características a las justas pueden alcanzar a ser ateos llorones y acusetas, pero nunca un santo, una santa, una mujer o un hombre de Dios.
Yo sí soy santo!
No me digas, George! Con que eras santo! Y yo no lo sabía. . .
Bueno, soy santo, pero no tanto. . .
[1]En inglés se dice Son of a Gun.
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